25/08/2026

Dióscoro Galindo (1)

Al cumplirse, días atrás, el 90º aniversario del fusilamiento del poeta universal Federico García Lorca, acaecido el 18 de agosto de 1936, se ha puesto de manifiesto –y abundante información, afortunadamente, podemos encontrar en los vastos dominios de la Internet– el triste acompañamiento que llevó hasta el lugar del macabro asesinato el autor del Romancero gitano. Con él iba a compartir trágico destino el maestro Dióscoro Galindo. Del que un servidor también tenía referencia por un trabajo que luego te reseñaré.

En El Independiente de Granada, 22 de junio de 2019, Paco Vigueras, periodista y portavoz de la Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación, escribía:

“El magisterio fue uno de los colectivos más perseguidos por el franquismo, ya que el gobierno de la República le había confiado la difícil tarea de reformar el sistema educativo. Su proyecto político más ambicioso incluía las llamadas misiones pedagógicas, destinadas a erradicar el analfabetismo, muy extendido entre la población rural. Y aquí se toparon con los intereses de la Iglesia, que utilizaba la escuela para adoctrinar a las jóvenes generaciones en el dogma católico y garantizarse así el monopolio religioso del país. Por eso, la jerarquía católica apoyó el golpe militar y lo bendijo con el nombre de cruzada. Alguien dijo, y con razón, que la guerra la ganaron los curas y la perdieron los maestros”.

“Dióscoro Galindo tenía 58 años cuando fue llevado al Gobierno Civil y trasladado junto a Federico García Lorca a La Colonia de Víznar, convertida en prisión por los golpistas. Sobre las cinco de la madrugada del 18 de agosto, fue paseado por el barranco de Víznar y Alfacar, junto al poeta García Lorca y los banderilleros Galadí y Cabezas, donde acabaron con sus vidas”.

De otro artículo de Juan Luis Valenzuela, periodista, historiador y analista político, publicado en El Plural el 18 de agosto de 2021, titulado Dióscoro Galindo, el maestro republicano fusilado con Lorca y esposado al poeta, entresacamos:

“Este maestro de la República nació en Ciguñuela (1877), pequeña localidad vallisoletana a 12 km de la capital y con una población actual de 384 habitantes. Formaba parte de una generación de maestros republicanos y progresistas a los que le arrebataron su vida por su noble compromiso con los renovadores principios pedagógicos”.

“Dióscoro era hijo de Clemente Galindo y Marcelina González, que cuando su hijo cumplió cuatro años se fueron a vivir a Madrid. Sufría una cojera en la pierna fruto de un percance fortuito de adolescencia cuando su capa se quedó enganchada en un tranvía madrileño justo cuando se apeaba. El joven Dióscoro cayó al suelo con la pierna destrozada por la máquina. Los médicos ante el miedo a que la pierna se le gangrenase y falleciera, decidieron cortar por lo sano y se la amputaron. Esta circunstancia hizo que abandonara su vocación inicial por la carrera de Veterinaria y optar por el Magisterio”.

“Tras acabar sus estudios de Magisterio en Valladolid, debuta como docente en una escuela de niños en la población guipuzcoana de Aya. De ahí un largo periplo de escuela en escuela aplicando su vocación de maestro de niños incluso llegando a ser director de algún centro: Algete (Madrid), Caravaca (Murcia), Zuheros (Córdoba), La Orotava (Santa Cruz de Tenerife), Vich (Barcelona), Cazalla de la Sierra y Santiponce (Sevilla), Tíjola (Almería) y Daimiel (Ciudad Real), entre otros. En septiembre de 1934 es destinado de Santiponce a Pulianas en Granada. Este sería su destino definitivo a la vez que su trágico destino”.

“Esta actitud, la humanitaria y su formación laica crearon recelos entre los ambientes conservadores y tradicionales que lo acusaban de ateo y de perjudicial para la educación de los alumnos. Un ejemplo de su bonhomía era el hecho de que cada vez que percibía que algún niño se hallaba triste, lo acompañaba a su casa con el objetivo de intentar solucionar el problema familiar. También cabe recordar que creó clases nocturnas para los hijos cuyos padres trabajaban en el campo cuyos horarios por las labores tareas agrícolas les impedían que sus hijos asistieran a clase”.

(continuará)

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