21/08/2026

Vuelta

Enormes ganas de que comiencen las clases. Tantos días en sus casas –tienes más vacaciones que un maestro de escuela– acaban por cansar al mejor de los progenitores. Y aunque existan campus, cursillos de natación, tareas de recuperación con profes particulares, concursos de dibujos y manualidades, cumpleaños y fiestas varias… chacho, unas ganas de que me lo recojan a las siete de la mañana y me lo devuelvan a las cinco o seis de la tarde (duchado y con pijama, a ser posible)… Que tampoco pedimos tanto.

Es lo que prima: la vuelta al cole. De lado dejamos las picas de plátanos (630.000 kilos), que como no hay ganado suficiente, de cuatro patas, acaban en la basura, sin que ningún supermercado compre unas buenas remesas y ponerlas en el mercado a precio más económico. También obviamos, por ahora nos queda muy lejos, que ese impresentable ministro israelí, que no se quita la kipá (o yarmulke) ni para ir a dormir, abogue abiertamente por matar cada noche a 30 o 40 palestinos porque su dios, que está por encima del hombre, le exige humildad, respeto y responsabilidad en su conducta diaria… Manda huevos, por el dios y por el susodicho.

Desde ahora, y hasta los primeros días de septiembre, ocupará lugar preferente en los medios de comunicación el notorio incremento, el importante desembolso que supone mochila, libros de texto, papelería variada y material fungible, uniforme, chándal… Idéntica cantinela cada año. 500 o 600 euros por cabeza. Lo que implicará un rompedero de la ídem. E iremos de peregrinación por las instituciones públicas y los propios colegios para solicitar ayudas. Al inicio del curso, casi todos somos vulnerables. Incluso aquellos que disfrutaron de buenas vacaciones en sonados establecimientos hoteleros. Porque la prioridad se establece en función de sesgados intereses. Entre los que la carga familiar ocupa el lugar más bajo del escalafón.

Nada nuevo bajo el sol. Se repiten esquemas de manera machacona. Porque la comodidad se ha impuesto dejando muy de lado todo aquello que suponga sacrificio, esfuerzo, trabajo, dedicación, lucha, tenacidad… Que me lo den todo y si me lo traen a casa… ¿Y ustedes no tendrán una cama por casualidad?

Aquellos que pudimos vivir de cerca, durante décadas, el andar de la perrita, sabemos de necesidades y de otras no tan parvedades. Que de todo hay en esta viña. Pero no solo fue pícaro el Lazarillo de Tormes. El ingenio se agudiza porque el medrar incrementa el beneficio. Y muchos políticos de la actualidad han errado en sus apreciaciones por la cortedad de miras. Al ser su único horizonte la inminente cita electoral, han trastocado aquella sentencia estoica, “hacer de la necesidad virtud” en un pesebrismo de lo más procaz. Regalan directamente el pescado y no enseñan a utilizar la caña. La grandeza y fortaleza humanas también se consiguen renunciando a lo que nos falta, a veces por innecesario, a veces por pura comodidad.

No es la primera vez que lo cuento. Me temo que tampoco la última. A todos aquellos de lágrima fácil (de cocodrilo en las más de las ocasiones), que ponen el grito en su cielo por el precio del libro de Matemáticas –pero no se privan de superficialidades del tres al cuarto– el consejo de que vayan por los centros escolares y soliciten el acceso a los libros de actas de las asociaciones de madres y padres cuando iniciaron su andadura a finales de los años setenta del pasado siglo. Que repasen las actividades que se acometieron para que la tan cacareada igualdad de oportunidades fuese algo más, mucho más, que un capítulo de buenas intenciones. Lo mismo sería conveniente extrapolar modos y costumbres. Ojalá cundieran ciertos procederes en los acomodados, y adocenados, movimientos asociativos de la actualidad, tanto vecinales como de cualquier otra índole.

Bien está que el dinero de nuestros impuestos revierta en el bienestar social. Pero no convirtiendo la gestión del reparto en un borreguismo exacerbado. Que impere la ecuanimidad en la vuelta al cole. No convirtamos en excepcional lo que viene a ser un peldaño más en la escalera de la vida.

¡Ah!, yo no escribo para que asientas con la cabeza y compartas todas mis consideraciones. Si logro que reflexiones, y disientas cuanto menester fuere, mucho habremos avanzado. ¿O no te has percatado de que hay más de uno al que interesan los apocados del sí, bwana? De nada, que para eso estamos.

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