06/09/2026

Miscelánea

Miscelánea: mezcla, combinación, revoltijo, mixtura. Y de ello se trata. En la variedad está el gusto. Vamos allá:

“Rescatan con vida a un anciano tras caer con su coche a un barranco. La rápida intervención de los bomberos fue clave para salvar la vida del conductor, de 75 años, que sufrió graves traumatismos”. Ocurrió el percance en el barranco Lomo de Oliva (Arico).

Y se me presenta el dilema de cómo debemos definir la ancianidad. Porque el diccionario nos señala que un anciano es una persona de mucha edad. Y entre sus sinónimos tropezamos con viejo, abuelo, matusalén… ¿Cuándo somos viejos? ¿Desde el momento en que eres abuelo? Pues conozco casos que lo han sido a los cuarenta y pocos. Pero Matusalén, el abuelo de Noé (el del diluvio universal y su arca famosa), parece que vivió 969 años (eso he leído). Un servidor cumplirá en diciembre 78. Hasta ahora no he tenido problema alguno al renovar el carné de conducir. También es verdad que, afortunadamente, no me he caído en un barranco (gomero). En Las Abiertas (Icod) sí me fui de una pared abajo, pero sin coche. Como sigo con la manía de hurgar en periódicos viejos, más de una noticia de viejos de cincuenta años me he encontrado en ejemplares de hace un siglo. Así que, como cambian los tiempos, pongámonos de acuerdo y llamemos viejos (ancianos) a los que tengan más de 99 años. Aunque, aun así, algún centenario saltará como un quíquere y nos reprenderá por semejante osadía. Viejo es quien quiere serlo, sin importar la edad.

Otro fallecimiento –un corredor de 53 años– en el transcurso de una prueba atlética. Ocurrió en el VIII Trail Las Fuentes (fiestas del Camino Tornero, La Laguna). Vuelvo a hacerme la misma pregunta que llevé a cabo en artículos anteriores: ¿no será que estamos elevando límites hasta extremos insospechados? Con el afán de superación, lícito afán del progreso, lo mismo nos pasamos de rosca. Participar en una carrera, cuando las exigencias físicas son elevadísimas, no es darse un paseo por una avenida marítima tomando el fresco de la brisa. La preparación, que tanto proclama el buen amigo Basilio, supone un sacrificio, para este tipo de pruebas, que no está al alcance de todos. Y las masivas participaciones, sin controles previos del estado, físico y mental, de los atletas, entraña peligros evidentes. Quizás sea menester un replanteamiento. Y si en cada fiesta –de las innumerables que proliferan– pretendemos “echar la pata por arriba” a la de al lado, incrementando kilómetros, desniveles y obstáculos diversos, lo mismo no estamos contribuyendo a que el deporte sea todo lo sano que dictaminan los cánones. Para reflexionar.

Victorio Pérez, el presentador del programa televisivo “1 hora menos”, ha declarado, ante el inicio de una nueva temporada, que los canarios serán más protagonistas que nunca. Faltaría más. RTVC nació para eso. Lo malo es que sus informativos, verbigracia, han alcanzado una deriva tal que ya uno duda de las buenas intenciones. Desde la llegada de César Toledo, administrador general del ente, la impresión de los que vemos la tele con sentido crítico y no como borregos del tres al cuarto, es que se ha convertido en el comisario político de Fernando y Manolo. No entra dentro de los cálculos de la normalidad que el telediario de la tarde-noche, con una duración de 30 minutos (sin contar deportes y el tiempo), dedique más de la mitad a sucesos que acaecen allende los mares y que, casualmente, tienden de manera morbosa a culpabilizar al gobierno nacional (diana preferente es Pedro Sánchez) de todos los males mundiales. Lo de Ceuta ya raya el despropósito con las odiosas comparaciones por lo que sucedió tiempo atrás en Canarias. Aquí el gobierno regional lo hizo de maravilla (incluyan el episodio del hantavirus y las ratas nadadoras de Clavijo) y allá la ineptitud campa a sus anchas. Resumo: transferencias, todas y más; competencias cuando vienen mal dadas, aparta de mí ese cáliz.

La composición fotográfica, que ilustra el presente, pertenece al arquitecto-urbanista Juan Palop-Casado. Y se corresponden las fotos a una obra de canalización en un barranco de Vallehermoso. Que ha sido comentada en el digital CanariasAhora, bajo la firma de Toni Ferrera. Un  ejemplo más de la política cementera y despilfarradora que tiene lugar en aquella isla. Donde se tiran millones de euros sin ton ni son. Y cuando se invierten en obras de imperiosa necesidad –esta lo puede ser, no lo dudo– el respeto a lo que el propio presidente del cabildo propaga con la etiqueta de Islas Verdes, brilla por su ausencia. El palmericidio es más que evidente. Casimiro, con su eterna megalomanía, va a tener que comprar más terrenos en otros lugares del archipiélago porque La Gomera se le queda corta y ya los metros cuadrados escasean. Progreso, sí. Bienestar y comodidad, también. Pero las mejoras sociales no es carta blanca para el destrozo. No, es que esta es una obra del Gobierno de Canarias. Escudarse, como mi alcalde, en el estamento superior, es de lo más infantil que uno pueda echarse a la cara. Además, ¿quién dirige el cotarro en esta peñas atlánticas? ¿Quién tiene cogidos por los mismísimos a los mandamases (es un decir) coalicioneros y populares? No sigas botando el dinero a mansalva, Curbelo. ¿Tendremos que esperar a tu ancianidad para que la isla deje de ser silencio amordazado?

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