24/10/2026

Cinco meses largos

El pasado 4 de septiembre publiqué en este mismo blog un artículo comentándoles mil peripecias en torno a una larga aventura. Aquella que me ha supuesto el sumergirme en algo tan simple como la solicitud ante nuestro ayuntamiento de una licencia para un vado permanente. Porque mi calle, Benito Pérez Galdós, como otras tantas del pueblo, se ha convertido en juguete apetecido durante los eventos festivos –casi todo el año– que tienen lugar en Realejo Alto. Y cuando uno creía que la raya amarilla iba a suponer alivio y seguridad, mierda espichada en un palo. A peor la mejoría.

El 18 de mayo del año en curso –cinco meses largos–, y aconsejado por la propia policía municipal, que debió hacer acto de presencia en dos ocasiones para poder sacar el fotingo del garaje, dirigí atenta instancia al Consistorio para aumentar un metro la señalización pertinente, hasta el máximo permitido en la correspondiente ordenanza (5 metros).

Te conté que a los tres meses (17 de agosto), cansado de esperar, me entrevisté (previa petición de la pertinente cita) con la concejala responsable, Noelia González Daza. ¿Qué saqué en claro? Nada. Más bien salí del edificio de la Avenida de Canarias, planta 3ª, más oscuro de lo que entré. Porque intentar convencerte de que ese periodo de tiempo (un trimestre) para una diligencia, aparentemente simple, es algo normal en la tramitación administrativa de cualquier expediente, no entraba en mis cálculos, ni en mis riñones. Algunos tardan mucho más,  me espetó la concejala de urbanismo. Vaya consuelo, pensé.

Estuve un mes de garbeo por tierras andaluzas y en la mente un único pensamiento: cuando regrese, por fin, tendré ampliada la raya amarilla. Mi gozo en un pozo. El 14 de octubre, cuando aún navegaba rumbo a esta isla ultraperiférica, recibo una comunicación en la que se me señala que, tras el preceptivo informe policial, se me concede la oportuna licencia. Como el día siguiente no me es posible acceder al enlace remitido para darme por notificado, acudo el ayuntamiento y cumplo presencialmente con el requisito.

Hoy es, si mis cálculos no fallan, 24 de octubre, víspera del cambio de hora (atraso) que nos trae de cabeza desde 1974. Pues me da que la máquina del ayuntamiento realejero lleva, asimismo, demasiado tiempo gripada, con retrasos más que evidentes. Y mientras se incrementan considerablemente los puestos de liberados y cargos de confianza (asesores de cualquier cosa), escasean los de aquellos que hacen funcionar el motor. Es decir, muchos conductores y pocos mecánicos currantes.

No puedo, pues, ir a comprar aún los fuegos artificiales prometidos. Porque ni disponiendo de la autorización, hace acto de presencia la pintura amarilla. Hará una semana que hubo no sé qué acontecimiento deportivo en Los Príncipes. Pues no tuve entretenimiento yo para que no me ocuparan los cuatro metros ya signados. Porque el que es carota, se le importa un pimiento señales y placas. Fuerte calvario, señor.

Y por la presteza y diligencia de la señora –o señorita– concejala, compruebo que la van a premiar con un lugar de relevancia en la candidatura para que aspire a un puesto de diputada nacional en esta próxima convocatoria electoral. Por lo que las felicitaciones y parabienes en redes sociales de los chupatintas y correveidiles no se ha hecho esperar. ¿Felicitarla por qué? ¿Qué méritos concurren para tal honor? ¿La tramitación, quizás, del Plan General de Ordenación? ¿El haber logrado anquilosar la máquina administrativa hasta extremos que rayan la desvergüenza? Deben ser las cosas de Manolo. Al que se le ve el plumero, con el beneplácito de Clavijo,  en el siguiente Decreto: 162/2026, de 22 de octubre, por el que se nombra a Dña. Laura María Lima García Directora General de Emergencias. Traemos a una y embarcamos a otra. Intercambio de cromos. Valen para todo. Qué portentos.

En fin, ya nada me extraña. Aquí no se trata de valorar capacidades sino de premiar adhesiones. Cuando en el Congreso de los Diputados  se apruebe cualquier otra ley para agilizar la administración pública, a buen seguro que Noelia levantará la mano, siguiendo las instrucciones que dicte el que señala con los dedos el botón a pulsar, y ni siquiera recordará su andadura municipal y la escasa diligencia habida en su ya larga trayectoria. Pero como el autobombo pesa más que cualquier otra consideración adversa, se corre (es)tupido velo y a otra cosa, mariposa. Mientras, el funcionario, que debe dar la cara ante el cansado contribuyente, tendrá que armarse de la paciencia del santo Job para lidiar situaciones que le sobrevienen por la incompetencia e ineptitud de dirigentes bien pagados. Que serán virtudes –incongruencias de la vida– para medrar en sus formaciones políticas y ascender peldaños en esa escalera de la ignominia. Echamos de menos a don Domingo, el de La Hoya, y nos harían falta unos cuantos ahora mismo. Donde la ecuanimidad vuelva a hacer acto  de presencia. Y mañana será de noche a las siete de la tarde. Nos acostaremos como las gallinas. 

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