20/10/2026

Vienen curvas


Vuelvo, pues, a la rutina. Sin pilas recargadas, no me gustan los tópicos. Pero en la primera visual a los vastos mundos de la Internet, un primer sentimiento de pena y un segundo de asco. Cuán de atrevida es la ignorancia. Por un lado se erigen en consumados peritos en cualquier faceta de los amplios dominios del saber. Y casi a la par se dejan manipular por cantos de sirena hasta límites que rayan el esperpento. Me pregunto si para tanta sandez es necesario recurrir a la inteligencia artificial. La IA, que es más guay. Tiempo ha existía el sentido del ridículo. Ahora se ha convertido en el protagonista. El prota, que es más chachi. Cuánto empoderamiento de lo superfluo. Y la natural (IN), por lo suelos. Nos extinguimos sin remisión. No necesitamos meteoritos. Nos bastamos.

En le entrada anterior me olvidé –cosas de la edad– de unos apuntes. Y como rectificar es de gente normal, que no de sabios, van las oportunas aclaraciones:

Aquellos que se sienten satisfechos con besitos y las fiestas de la ignominia a cambio de que su poder adquisitivo vuelva a niveles de años idos, mucha falta les está haciendo un reposado examen de conciencia, un acto de contrición en cualquier confesonario al uso. Para que comprueben fehacientemente que la penitencia impuesta no les podrá suplir tantas restricciones. Pero si aun así prefiere que la marcha atrás sea la única que funcione en su particular caja de cambios, con toda la claridad y sencillez posibles para que me entiendas a la primera, te manifiesto abiertamente: ¡jódete! Cuando nos percatemos ‒somos unos cuantos millones y podemos desnivelar el fiel de la balanza con pasmosa facilidad‒ del enorme poder que tenemos a nuestro alcance, deberán disiparse dudas para que los políticos, como administradores de huchas y cajas de caudales, actúen en consecuencia. Y no son, precisamente, aquellos –muchos– que solo han sabido vivir bien agarrados a la teta pública, quienes estén en condiciones de dar lecciones a los que ha currado toda una vida para sacar adelante a una familia. Supriman también los viajes del Imserso porque los jubilados no se merecen tantas atenciones y viajes casi gratis. Que ese dinero malgastado lo necesitan diputados y senadores para otros garbeos más perentorios.

Y sesudos periodistas, entre ellos los ilustres Inda e Iker, al rescate de las meteduras de pata del que vino de Galicia a poner orden y concierto. Pasando de la defensa a ultranza de una moderación exquisita a una exacerbada inquina a quien fue capaz de articular una mayoría parlamentaria que le ha permitido gobernar, eso sí, entre trancas y barrancas, unos buenos cuantos años. Contando, además, con el beneplácito de una justicia –el que pueda hacer, que haga– que dilata procedimientos ‘populares’ hasta extremos que rayan la desvergüenza, mientras que en otros aferes muestra una celeridad digna de encomio. Y mientras en otras profesiones los errores se pagan con graves sanciones, aquí, por aquello del corporativismo, pelillos a la mar.

Escuché días atrás a un jubilado que le dedicaba unas palabras a un tal Figaredo. El típico ejemplo de cómo puede ser diputado cualquier cantamañanas. Lo calificaba como un niño con pañales, sobrino de un tal Rato, y vocero (también voxero) de los que defienden la teoría de que el sistema de pensiones es insostenible. Como lo fue cuando un tal M. Rajoy dio un hachazo sin precedentes a la denominada ‘hucha’ porque había que salvar a Bankia. Entidad bancaria al frente de la cual estaba su tío, modelo, junto con Montoro, de cómo se gestiona lo público para patrocinio exclusivo de lo privado. Por cierto, ¿sabes algo de los trafullos destapados de cuando Cristóbal era todopoderoso ministro y adoptaba acuerdos para favores directos al gabinete que había montado? ¿Nada, verdad? Es la doble vara de medir de la justicia. Esa que reclama independencia cuando se critican sus decisiones. Con un CGPJ tan contaminado que en vez de velar por la ejemplaridad de actuaciones de suma trascendencia, se dedica a tapar desmanes al tiempo que nos reclama obediencia ciega en su labor. No, aterricen, sean humildes, prediquen con el ejemplo, que las clases especiales (castas) no tienen razón de ser en una democracia consolidada. O lo mismo cometo tremendo error al considerar que todos los Poderes del Estado ya lo tenían asumido. Yo no quisiera comparar la toga con el tricornio de Tejero, pero me lo ponen a huevo.

Y a esos mozalbetes que cantan consignas de tiempos idos, a lo peor sería conveniente que sufrieran en propias carnes oprobios y restricciones de un pasado no tan lejano a modo de escarmiento. Lo mismo despierta esa panda de comemierdas. Porque si hoy en democracia (todo lo imperfecta que tú quieras) algunos dicen lo que dicen, imagínate qué harían en un régimen autoritario (como el que añoran).

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