La Graciosa, a 7 de noviembre de 2026
Excmo. Sr. Vicepresidente del Gobierno de Canarias.
Estimado amigo Manolo:
Espero que al recibo de la presente te halles bien de salud
y hayan desaparecido esas horribles manchas rojizas de tu cabeza (cuello, cara
y cuero cabelludo), que tan flaco favor te hacían por tu manifiesta animadversión
(enemistad, ojeriza, inquina, odio, tirria, manía, antipatía, animosidad,
resentimiento, malquerencia) a ese sector del espectro cromático. Te puse todos
esos sinónimos porque otro realejero me ha dicho, a través del villero Linares,
que tienes dificultades con aquellas palabras de especial dificultad léxica y
que no se incluyen normalmente en el vocabulario popular. Yo ya notaba algo en
tus intervenciones, pero preferí callarme por el bien del acuerdo. ¡Ah!, y si
aún perduran, puedo recomendarte un excelente dermatólogo del HUC, sin listas
de espera y en un horario que te evite las colas de la TF-5.
Comprobarás que me vine este finde a la octava archipielágica, a un chocito que me prestó
Gustavo Matos en Pedro Barba, con jeep incluido, donde, a dios gracias, la brisa
marina pone en orden las ideas y me alivian las ligeras molestias de estómago
que sufro últimamente por las tragaderas de imbecilidades morrocotudas. También
de los míos, no creas.
Te escribo estas líneas porque muy bien sabes –y si no te lo
cuento– que con anterioridad he remitido cuatro misivas a La Moncloa, pero la
respuesta, excesivamente tardía, no satisfizo mis pretensiones por dos aspectos
de profundo calado. La primera es que la nula consideración al cargo que
ostento por no ser capaces de reconocer el alto valor literario de cuanto este
ilustrísimo magín es capaz de plasmar en papel. Algo que sí espero de ti con la
grata lectura de lo que ahora mismo te estoy relatando. Y la segunda, de
idéntica trascendencia, que no me trasladen aquello que un servidor esperaba,
sino un cúmulo de evasivas solo comparables a las tuyas cuando Nira Fierro te
pone contra las cuerdas en las sesiones parlamentarias.
No ha tanto, y ante el repunte migratorio (tengo unas ganas
de que el mar se pique), manifestaste que tu defensa de Canarias estaba muy por
arriba de cualquier consideración, incluso las políticas. “Me cueste lo que me
cueste”, ¿te acuerdas? Es que lo expresaste con tanto énfasis que casi me saltan
las lágrimas. Menos mal que en la mochila, aparte de la consabida compresa
(¡cómo recuerdo el mal trago de Rosa!), siempre llevo unos pañuelos (un par de
tela –son mis preferidos– y tres o cuatro packs
de 10 unidades extra suaves: El Bosque Verde, de Mercadona), desechables si el
moco es abundante y de doble o triple uso cuando el goteo es ligero. Con ellos
pude disimular (haciendo el símil de limpiarme el sudor) y superar, no sin
cierta inquietud, aquel trance.
Como me has contado que tienes en tu Realejos norteño unos
rincones en los que te gusta meditar cuando memorizas el manual de instrucciones
que te envían diariamente de Madrid, estoy convencido de que aprovecharás para
pensar en lo nuestro. No Manolo, sin derecho a roce, que siempre estás maquinando
sobre lo mismo. Me refería al decálogo de ejes que firmamos cuando, con el permiso
y bendición de nuestro mentor Casimiro, el grande, el excelso, el number one, el puto amo, en suma, nos
embarcamos en esta travesía. Singladura que se ha visto trastocada por los
tropiezos con decenas de cayucos cargados hasta los topes. Y como muy bien
sabes que mi debilidad son las papayas maduritas, no puedo evitar las odiosas
comparaciones cada vez que nuestra televisión nos muestra las imágenes cuando
llegan a La Restinga. Espero que hayas captado el paralelismo y si no otro día
te lo explico en El Guindaste. Porque desde que se corrió la voz de que Onalia
no los quería en Arguineguín, los Armas herreños están la mar de entretenidos;
el uno para atenderlos y el otro para recitar que a río revuelto, ganancia de pescadores.
¿Me vas siguiendo, Manolo?
Pienso, apreciado vicepresidente, y lo pongo en tu
conocimiento por vía epistolar para que guarde la misma solemnidad que las despachadas
a Madrid (lo que no constituye una novedad pues lo venimos haciendo desde 1496),
que podrías implicarte algo, o mucho, más y no persistir en tus clásicos
escaqueos. Ya lo hiciste en tu época de alcalde y me temo que el electorado,
paciente pero no idiota, diga basta. Vamos, que explote. Y no estoy dispuesto a
que la deflagración me lleve por delante. Eso lo dejo para ti que estás
acostumbrado a los piques pirotécnicos.
Yo puedo en mayo próximo –que no se te olvide– cambiar de
parecer, de pareja. Y me quedaría tan ancho, porque la excusa de primero
Canarias me vale para un roto y para un descosido. Puedo pactar tanto a diestro
como a siniestro. De necesitar el auxilio gomero, la operación no implicará el
más mínimo problema porque a él, con tal de que seamos generosos en las
inyecciones económicas para colmar sus delirios de grandeza con obras
faraónicas, se le da lo mismo. Igual que a mí. ¿O todavía no te has enterado
que CC es eterna? Como tú serás nuevamente el tercero en discordia (el resto de
canarios no se deja embaucar con los cantos de sirena ni besuqueos empalagosos
que tan buen resultado te dio en tu pueblo de adopción, lo que dice mucho de la
cortedad existente al socaire del Macizo de Tigaiga), te voy a poner a prueba en
estos meses que nos restan.
No, no te preocupes que no voy a romper el actual. Solo
pienso en mí y no te voy a brindar la oportunidad de que te conviertas en
víctima. No olvides que te gano en experiencia y cuando tú ibas, yo ya venía de
regreso. Así que te conmino a que abras la boca cuando acudas a las reuniones
nacionales de tu partido. Y hazlo prontito, antes del 29, no sea que por vender
el pescado antes de mojarse el culo previamente les salga el tiro por la
culata. En mis contactos con otros presidentes autonómicos, debo confesarte,
muy a mi pesar, que tus correligionarios no te califican con buena nota; es
más, sostienen que tu perfil es manifiestamente mejorable.
Pude haberte enviado un WhatsApp, pero miré el móvil y solo
tenía una rayita. Así que le trasladé a Olivia estos dos folios con Líneas
Romero y ella, desde la muy noble Villa de Teguise, echará mano del correo
certificado.
A perdonar mi completa sinceridad, pero me sentía en la
obligación de cantarte las cuarenta. Que yo también sé pegar un envido cuando
la partida lo requiere. Y tampoco me quedo atrás si debo enfundarme el traje de
cazador. La escopeta, por ahora, funciona. Sigamos, por consiguiente, escenificando
sintonías. Y de aquí en adelante si no estás seguro de que tus palabras superen
la elocuencia de los silencios, no disipes dudas, déjalo estar. Consejo
gratuito. Por tu bien.
Tuyo afectísimo,
Fernando.

Extraordinario
ResponderEliminar