miércoles, 21 de octubre de 2009

Ay, Pepe, Pepe

Cada vez que se acerca ‘algo’, ahí está Pepe Segura. Puede que esté pensando en la sustitución de López Aguilar (ahora mismo matriculado en el C.E.R.A.: censo electoral de residentes ausentes) o en las próximas elecciones (de lo que sea). Lo mismo está especulando que ya es hora de volver a Canarias –porque él tampoco está–, y meterle mano al correíllo La Palma, o a la secretaría de no sé qué, o al Cabildo de Lanzarote, o… Porque Pepe vale para un roto y para un descosido. Desde que yo era chiquito, y de eso hace unos cincuenta y tantos años, a Pepe ya se le había caído el pelo. Luego pasó el tiempo y a mí también se me cayó, pero él sigue impertérrito a potingues y champús. Hace la tira inauguramos –ambos los dos– la ampliación de la carretera del Burgado. Vete para que veas cómo se halla en la actualidad. Al menda, yo mismo, le dio tiempo de afiliarse, militar, ser cargo orgánico, ostentar cargo público, desafiliarse, desmilitarizarse, no ser nada (o sea, inorgánico perdido), volver a las aulas (Pepe sigue presumiendo de la Escuela de Náutica, será de secano), jubilarme… Y Pepe persiste.
Cuando queda poco para ‘algo’ no duerme. Inunda los medios de comunicación impresos con dieciocho mil artículos, visita ‘cienes y cienes’ de emisoras de radio y televisión, y habla, habla, habla… ¡Vaya si habla! Y así, grosso modo, es también el PSOE canario. No hay por dónde agarrarlo. Porque no es Pepe solo, hay muchos otros ejemplares dignos de ser significativos opositores de los opositores. El enemigo está, como siempre, en casa.
¿Los nuevos valores? Guárdame un cachorro. Aquí en Los Realejos hubo un pacto municipal raro. Pero aun los que no lo vimos claro, debemos reconocer que funcionó. Hasta que las nuevas hornadas socialistas metieron la pata. Y acusaron al alcalde de ser un ‘metomentodo’. Pues qué quieren que les diga, yo creo que los alcaldes tienen que serlo si aspiran a enterarse de lo que ocurre en su pueblo. Todavía estamos esperando una explicación convincente. Y ahora no hay ataduras que lo impidan.
Los viejos (parlamentarios, consejeros, asesores, asistentes…) siguen agarrados (qué bueno es estar en la oposición, sin cometido alguno y cobrando a fin de mes) y los nuevos se hacen viejos sin que los conozcan a más de diez metros de su domicilio. ¿Se acuerdan de los discursos navideños de Franco? ¿O eran de fin de año? Sí, los que nos sonaban a perpetuidad. Pues estamos en la misma casuística (ahora teñida bajo el barniz democrático).
Y como el que vale, vale, y el que no, p´a maestro de escuela, los encumbrados aparecerán en dos, tres o cuatro listas y… a llorar a la plaza. ¿Cómo que no te conté nada de la secretaría general de los socialistas canarios? ¿Tú no lees la prensa en la que sesudos comentaristas hacen cábalas, quinielas y sorteos? Nada, hombre, no te preocupes, te lo explico: eso no sirve para rien de rien. Cada uno seguirá haciendo –y diciendo– lo que le venga en gana. ¿Te pongo ejemplos? ¿No? Vale, Jerónimo.
Manifiesta mi diccionario que política es la actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos públicos. Pues yo propongo que de aquí en adelante la definición de actividad sea: (in)Capacidad de actuar o tener un (d)efecto, especialmente si es (in)eficaz.
Aclaración primera: los tres añadidos entre paréntesis del párrafo anterior ya están sujetos a copyright. Aclaración segunda: cuando era colaborador en la prensa de esta isla, aparecían tantos escritores nuevos en los meses anteriores a cualquier contienda electoral, que me aburrieron; los directores saben quiénes venden y quiénes somos de pueblo.
Concluyo: adelante, Pepe, que hay fuelle hasta los ciento cincuenta. Y que yo lo vea. Mañana, para compensar, no escribiré de ‘política’.