jueves, 15 de octubre de 2009

Patos

Aclaración previa: leí en el comunicado de ese de Valencia que echaron pero no echaron, que dimitió pero no dimitió, que cesaron pero que no lo cesaron… Sí, ese de Lacoste… ¿O Costa? Chacho, y yo qué sé…; a lo que iba, en su explicación, o intento, plasmó esta expresión: chivo espiatorio. Y me quedé patinando. ¿Cómo puede ser posible que el mismo se considere un cabrito que va por ahí metiendo las narices donde no lo llaman? ¿No será, por casualidad, ‘chivo expiatorio’ –persona sobre la que se hace recaer una culpa compartida por varios; más conocida como cabeza de turco–? Pero como un fisco más p´abajo comprobé que confunden judiciales con jurisdiccionales, que no tiene idea de la concordancia, que traga tildes a mansalva, me dije, déjalo estar y tú a lo tuyo. Y a eso vamos.
Una de las primeras palabras (bisílabas) que acertó a decir mi nieta fue ‘pato’. Tantas y tantas sesiones de Pocoyó lo han hecho posible. Ahora bien, tras pronunciarla la primera vez que aparece en escena, no le pidas que la repita. En eso es testaruda como el abuelo: si ya lo dije antes, pensará, para qué quieres que lo diga otra vez. Eso es economía (el premio Nobel siempre para los americanos) y lo demás leche cacharro. Viene este rollo a cuento porque dentro de uno de los apartados de las manías confesables, como adelanté hace unos días –la fotografía–, existen muchos patos; al igual que palmeras, ocasos, flores, El Teide… Hay muchísimos patos fotogénicos en, por ejemplo, La Gomera. Se llevan el primer premio –inciso rápido: ya se hizo efectivo el Alhóndiga 2009– los de La Encantadora (Vallehermoso). Por unos trozos de pan, pierden la cola. No importa dónde se hallen descansando. Como llegues con una barra (¿o baguette?) bajo el brazo, desde que te divisen a lo lejos, la regata que se arma no es ni normal. Y el resto te lo puedes imaginar.
En homenaje a una amiga que, como mi nieta, siente simpatía por los ánades, en lugar de seguir con este aburrimiento, te lo comento gráficamente en estas cuatro instantáneas. Hasta otra.