sábado, 17 de octubre de 2009

Las carretillas de La Graciosa

Respuesta a un par de curiosos. Las fotos de la derecha son todas ‘gomeras’. Cuando aprenda un ‘fisco’ más, lo prometo, pondré algo más entretenido, por ejemplo, que se meneen o algo así. No, el baile lo eliges tú.
Y ahora…
Estuve el pasado mes en La Graciosa (¡Ah!, la vida de jubilado tiene esas ventajas). Después de varias estancias en Lanzarote, entendí que ya era el momento de coger ‘El Graciosero’ en Órzola y darme un salto hasta Caleta del Sebo. El Río estaba tranquilo, afortunadamente. Además, en estos días por tierras conejeras parecía que estuviera en cualquier otro lugar, porque el viento –el viento de Lanzarote– apenas hizo acto de presencia. Y eso, en la isla de los volcanes, es raro, muy raro.
Comienzo diciéndote la verdad, mi verdad, lo que pienso: esperaba otra cosa. A lo peor por eso me decepcioné. Mucha gente, mucha suciedad, mucho coche, mucho ‘acechaturistas’ para llevarlos en jeep hasta Pedro Barba y mucho apartamento para sus apenas 29 km2. Otra gallina –no sé si de huevos de oro– que hemos mandado directamente para el caldero. Y por si fuera poco, tres o cuatro líneas marítimas con varias frecuencias diarias. Creo, sinceramente, que se han pasado. Lo que se vislumbra por aquellas tierras tras la desaparición de Manrique y la “golfería” política que campa a sus anchas por cualquier rincón, no es buena señal, no.
Lo que sí me llamó poderosamente la atención fueron las carretillas. Por fuera de cada casa –de las antiguas, las de toda la vida–, debidamente aparcada, uno de tales artilugios. Cada cual con su ‘matrícula’, su nombre, sus señas de identidad. Y eso sí me convenció. Porque esa sí es la imagen de La Graciosa. Y no la de varios todoterrenos arrimados en aquellas calles de arena (con matrícula de Tenerife, unos cuantos). Podría ilustrar este comentario con significados ejemplos gráficos. Pero no, vete tú y más tarde hablamos. Me quedo con esta “Felisa” y con ese paisaje idílico que, enfocando con sumo cuidado, aún puedes hallar.
No la fastidien más. Eso no es progreso, es pan para hoy y hambre para mañana. Los miles de ejemplos acerca del ‘copio y pego’ tienen que conducirnos a pensar algo más en esta, y para esta, sociedad del bienestar. Son demasiados los clichés (o clisés) que se han convertido en aberraciones. No rindamos homenajes a César en los aniversarios del fatal desenlace en el cruce de Tahíche, el de la Fundación, cuando, en el fondo, lo que deseamos es que no existan voces discordantes, para hacer y deshacer a los antojos de los de turno. Como si no existieran ejemplos y modelos en Lanzarote del trapicheo de rigor. Sin ir más lejos, ahí en Tahíche hay unos cuantos, en la cárcel.
Mis más cordiales saludos.