miércoles, 28 de octubre de 2009

Saliendo al paso

Debe ser que uno, con el paso de los años, se explica muy mal cuando manifiesta que no cualquiera puede ser concejal. Lo he sostenido en diversos foros (el último en una entrevista del amigo Isidro Pérez en Radio Realejos), y alguno se empeña en que ando con una particular campaña de discriminación. Pues para que vean que nos así, pero tampoco me bajo del burro, insisto: no todos estamos capacitados para ostentar un cargo público. Y mucho menos ahora en esta época de crisis que nos ha correspondido vivir.
En los primeros años del siglo XXI, en esta parte del mundo que llamamos civilizada, apenas quedan analfabetos (en la concepción antigua de no saber leer ni escribir), como ocurriera, mero ejemplo, en los años de mi niñez (no digamos nada una centuria atrás). Pero el desarrollo ha sido de tal calibre en apenas unas décadas, que la cantidad de analfabetos funcionales, entre los que me incluyo, es harto significativa. Cada vez que uno se asoma a este sorprendente mundo de las nuevas tecnologías, comprende lo poquita cosa que somos. Y en este contexto, ¿cómo puedo tener de consejera de Turismo a quien tenemos de consejera de Turismo? Si cada vez que abre la boca, no sólo hace el más espantoso de los ridículos, sino que insulta al más común de los mortales, humanos o no, de estos peñascos atlánticos. Por cierto, en Islandia, debido a la recesión económica, han cerrado los McDonald´s, con lo que toda esa gente vendrá a comprar las hamburguesas al Polígono de San Jerónimo y a jugar en los campos de golf de Cristina Tavío (y familia).
Vamos a los ayuntamientos. Liberamos a un concejal para ponerlo al frente de (pon tú la parcela). Y necesitamos un asesor (el que, fíjate tú, querrá cobrar, habrase visto) para que le descifre cuanta normativa legal guarde relación con sus cometido (supuesto). Otro para que le redacte y escriba las cuatro letras que debe leer en la inauguración de un chiringuito. Para más inri, cuando lo hace (leer), se trabuca de tal manera que nos da pie, a los que casualmente escuchábamos (qué curiosos somos), a pensar que o no debe saber leer, o no entiende lo que lee, o le pusieron unos vocablos muy por arriba de sus posibilidades reales (sus potencialidades), o… Otro para plasmarle en un cacho de papel una idea que le surgió anoche (bueno, lo vio en la tela, pero después lo soñó un fisquito). Otro para que le acompañe a las visitas de rigor y/o ruedas de prensa y le dé un pellizcón disimulado o una patada por debajo de la mesa cuando meta “la jambe”. ¿Sigo?
Claro que tú conoces la casuística, pero yo no me callo y me rebelo. Cuanto más viejo, más inconformista. Pero es que aspiro a verme representado por quien sea capaz de volver a ilusionarme. ¿Utopía? Es probable.
Por supuesto que todos valemos para algo, pero no todos valemos para todo. Voy a proponerme (échenme una mano) para Diputado del Común ahora que tengo más tiempo. No me vengas con lo de que no valgo, que no doy el perfil. Soy más independiente que nadie, estuve afiliado al PSOE, soy amigo de Paulino y saludé el año pasado (aeropuerto de Guacimeta) a Antonio Alarcó (y a Manolo Domínguez cada vez que lo veo). ¿Crees tú que Antonio Castro tiene más méritos que yo? Pues repasa su andadura política (de la profesional, si es que la tuvo, nada se sabe) y sorpréndete.
Hasta la próxima.