viernes, 27 de noviembre de 2009

A salto de mata

Como no soy especialista en nada, mucho menos en política internacional, no entiendo gran cosa de lo de Aminatu Haidar, esa activista saharahui que se halla en huelga de hambre en el aeropuerto de Guacimeta. Pero lo que sí observo es la cantidad de aprovechados que han pasado por allí a sacarse la foto. Y me ha extrañado sobremanera que todavía no hayan ido Paulino o José Manuel. Ahora todos somos Haidar, como fuimos Ghandi, Teresa de Calcuta o Luther King. En realidad, palabrita del Niño Jesús (el ordenador pone mi nombre completo, qué petulante es), somos más falsos que una moneda de cinco euros.
Debió entrenar fuerte la semana pasada doña Rita Martín en el terrero de Tao, porque se nos ha vuelto bailonga que es un gusto verla contonearse. No sé cuántos chicos tendrá que recibir en esta su campaña turística, pero a este paso va a agarrar un ritmo que difícil lo va a tener el presidente si un buen día quiere cargársela (políticamente hablando, como dice el entendido tertuliano de turno). A la pela, que decimos por estos lares, más complicado lo tiene.
Domingo Medina, el de la agrupación x, no sólo ha descubierto la pólvora sino que, casi sin quererlo, va a acabar con el paro. Y tan calladito que se lo tenía. Ha dicho: “Los ayuntamientos tienen competencias para crear más puestos de trabajo”. ¿Se refería, acaso, a liberar más concejales, o enchufar más asesores, o designar a dedo a muchos personal de confianza? Porque si se trata de disminuir la lista del paro (la otra, la sangrante), me temo que canten lo de siempre: ‘no hay dinero’. Además, estimado Domingo, ¿crees tú a estas alturas de la película que si ello fuera factible, van a ser tan idiotas los alcaldes como para no aprovechar la oportunidad de sumar una importante cantidad de votos? Guárdame un cachorro, porque a este paso te vas a quedar en la Cruz de Piedra, como muy cerca del Consistorio. Sigue soñando con acaparar la suculenta abstención (en Santa Cruz, por ejemplo, más del cincuenta por ciento). Que no te falle la ilusión.
En un par de semanas tendremos la solución acerca de la marcha de Juan Fernando. De producirse, se barajan tres alternativas (los medios de Las Palmas afines a Jerónimo se empeñan en que son dos): Carolina Darias (¿es gomera esta chica?), José Miguel Pérez (presidente del Cabildo [gran]canario –por si le dan a leer esto a quien tú sabes–) y hay una tercera vía, de Tenerife: yo mismo, sin ir más lejos. Mi currículum: no tengo trabajo (dispongo de muchas horas libres), quiero poner en orden el gallinero, requiero unos extras que incrementen la nómina mensual, poseo una enorme ilusión por viajar (y en las islas se demanda orden y concierto), me llevo bien con Paulino (pacto asegurado, me conformo con la vicepresidencia… y Consejería de Hacienda), soy –fui– funcionario, por lo que conozco lo de las bajas a la perfección (he sufrido alguna, pero no generalizo)… De camino, como represento la savia nueva de un proyecto ilusionante, ruego encarecidamente a Santiago, Juan Carlos, Espínola (o Spínola) y demás acompañantes varios, vayan haciendo las maletas para que gocen del merecido retiro en sus cuarteles de invierno (o Los Rodeos, me da lo mismo). Prepárense Santiago, Pancho, Domingo, Salvador, Guillermo… ¡El relevo está aquí!
Hay una parranda en Lanzarote llamada ‘El golpito’. La dirige, que yo sepa, un viejo conocido que fue miembro de la Agrupación Folclórica Guanapay (Villa de Teguise), Oliver. Por lo menos lleva la “púa” cantante. Saco el tema en este comentario, aparte de que uno posee buenas amistades por aquellos contornos metidas en ese mundo que también ha sido el mío en diversas facetas de mi existencia, porque doña María del Mar Julios, uno de los escasos ejemplares (político, por supuesto) que le resta a Coalición Canaria allá en Las Palmas, dice que el ayuntamiento de Saavedra “gestiona sin rumbo y al golpito”. Analicemos: si gestiona, ya es algo. Lo del rumbo es relativo, hay diferentes maneras de orientarse. Y al golpito es lo tradicional en estas obras públicas. La foto es bien conocida: un hoyo, un operario dentro, y nueve o diez dirigiendo las maniobras. Cuando no es la hora del bocadillo, sagrada para todo ser humano que se enfunda un uniforme fluorescente. Y si entre golpito y golpito se mandan unas folías, ahora que Yeray abandonó Tenderete, pues qué quieres que te diga, se agradece.
Hasta mañana.