martes, 24 de noviembre de 2009

Tertulias y tertuli...anos

En diversas ocasiones, y en diferentes medios de comunicación, he tenido la oportunidad de referirme a las tertulias; mejor, a los tertuli…anos, esos raros especímenes, peritos en cualquier tema, que se desenvuelven por estudios de radio y televisión con una pasmosa… ignorancia.
Manifestaba Juan Cruz hace unos días que “últimamente prolifera el periodista que sin ser especialista en nada, funge de especialista en todo”(sobre todo, los que participan en las tertulias). Aclaración: puede que el vínculo de la forma verbal ‘funge’, que nos dirige a su infinitivo ‘fungir’, no sea necesario para la mayoría de mis fisgoneadores, pero lo he creído conveniente, precisamente, por los posibles tertuli..anos que puedan tener acceso a este humilde blog. Ver, fundamentalmente, la acepción segunda.
Y cuando la tertulia no es posible (algunos platós son tan ‘amplios’ que en el sillón sólo caben dos), queda el recurso del teléfono, que como muy saben ustedes es un aparato que te da una gnosis de no te menees. Mediante el cual llaman muchas ‘Marías’ (nombre ficticio que vale para todo el género femenino) y otros tantos ‘Juanes’ (que sin camisa negra ni protector alguno se lanzan al ruedo de las descalificaciones cual marujas de turno).
Cuando escucho cómo se critica en las susodichas a los medios de comunicación, me pregunto qué se considerarán ellos. A lo peor se autodefinen cuartos, vete tú a saber. El pasado acontecimiento de las fuertes lluvias habidas por este Norte, sigue dando poco de sí y mucho de no. Bien de técnicos han salido del armario. Bien de meteorólogos han surgido debajo de las piedras. Y expertos en radares, a la patada. Por lo visto el radar iba a dejar expedito el discurrir de las aguas, a limpiar la basura y a cultivar los terrenos para que no se produjeran escorrentías.
Como no todo puede ser seriedad en esta vida, ahí van dos apuntes de una de las tertulias. Los políticos –no sé si se refería a Wladimiro– están “degrinando” la agricultura. Hombre, si no te sale denigrar, di que se la están cargando, que la están jodiendo, que la tienen hecha un asco, que hay que colgarlos de un aguacatero… Luego nos sumergimos en el mundo de las balsas del Cabildo. Y viene a resultar que un “metro cuadrado” de agua sale a tantos céntimos.
Esto me pasa a mí por tener la radio encendida cuando me pongo a leer la prensa. Eso me pasa a mí por haberme jubilado, con lo bien que estaba yo en el instituto. Eso me pasa a mí por la dichosa manía de querer estar informado para luego alongarme a esta afición diaria. Eso me pasa a mí por estar dándole al dial a diestro y siniestro, para querer abarcar lo más que pueda del espectro. Eso me pasa a mí por haber renunciado a participar en ‘una tertulia’ que va a comenzar en una tele local. Eso me pasa a mí por no ser atrevido y decir ‘p´alante y al carajo Diego’. Eso me pasa a mí por tener una frente bien amplia (por supuesto, más de dos dedos) y pensar que ser dueño de mis silencios es más positivo que prisionero de mis palabras. Eso me pasa a mí por no ser atrevido, lanzado, osado, y creer que de lo que no sé, no sé…
Ignoro si los periodistas tienen carné que los identifique. Yo no tengo. Tampoco tengo el de maestro de escuela. Pero sí tengo el de jubilado (y no tiene fecha de caducidad). Y el de donante. ¡Idea! Propongo que entre los valores de la analítica que nos remiten después de una extracción, haya uno que mida el grado de estolidez. Porque quisiera pensar que también serán clientes del Instituto de Hemodonación y Hemoterapia muchísimos tertuli…anos. Y el cuidado del cerebro para tales ejemplares debe ser asunto de extrema vigilancia, sobre todo porque al tenerlo tan abajo, y tan poco arrugado (o casi liso, como las cubiertas de los coches), pueden mezclarse efluvios contradictorios y solaparse ideas no tan brillantes con otras más explosivas. ¿Crees, acaso, que yo pueda estar insinuando que algunos piensan con la desembocadura del aparato digestivo? Pues sí.
Ya está, se me agotó la media neurona. Hasta luego.