sábado, 12 de diciembre de 2009

Deportistas de elite

Nos sentamos ante el televisor y disfrutamos encantados con nuestros bien hallados y mejor ponderados deportistas de elite. Aclaración al canto: dice mi diccionario –bien trabaja el pobre– que esta es la pronunciación correcta, aunque reconoce estar muy extendida la esdrújula élite. Y alegan ellos –los deportistas mentados– que representan a España –qué bien quedan– en la competición tal o cual. Lo que ignoramos los contribuyentes de turno es que más de uno –y más de dos– han fijado su residencia en cualquier país (paraíso fiscal) para eludir el pago de los siempre odiosos y molestos impuestos. Mientras tú y yo acudimos cada año, allá por mayo cuando hace la calor, a dejarle a Hacienda el famoso canon del IRPF.
El Tribunal Supremo acaba de desestimar el recurso presentado por Arantxa Sánchez Vicario contra la sentencia de la Audiencia Nacional que la condenaba al abono de 3.487.216,50 euros por las declaraciones de la renta desde 1989 a 1993. Y basa su dictamen en que la supuesta residencia alegada por la extenista (Andorra) no era tal, pues no basta con la intención (sentimental), sino que hay que concretarla (material). Y lo más que la susodicha hacía era lucir su palmito en un hermoso coche matriculado en el minúsculo país pirenaico.
Te asalta la duda permanente y te preguntas cuántos más estarán metidos en el cotarro. Cómo será ese sórdido mundo que deberá hallarse tras eso denominado fútbol profesional (pon tú los nombres). Donde se pone el grito en el cielo cuando se pretende modificar la escala de retenciones en función del dinero ingresado. Si a mí me estaban descontando hasta el otro día más del veinte por ciento por un sueldo de maestrito de toda la vida, entre los jugadores del Madrid y del Barça tendríamos para hacer cientos de campos de fútbol por toda la geografía española y sacar jugadores a porrillo.
Cuando en julio contemplo las duras etapas del Tour de Francia, en las que los ciclistas realizan hazañas increíbles, cierro los ojos, me acuerdo de las payasadas y niñerías (por no escribir golferías) de Guti –mero ejemplo–, y me entran tremendas ganas de llorar. Para consolarme a mí mismo mismamente, dígome para mis interiores íntimos de adentro: Jesús, te estás poniendo viejo, te saltan las lágrimas por un quítame allá esas pajas.
Queden ustedes Inmensamente Regocijados, Por Favor. No se depriman, porque todavía queda medio año para la cita mayera. A disfrutar mientras tanto.