jueves, 10 de diciembre de 2009

Presupuestos 2010

Estaba descansando unos días en La Gomera (el pájaro de la fotografía, un pinzón vulgar, puede dar fe), cuando un amigo me indica que en el ayuntamiento de mi pueblo se habían puesto de acuerdo los tres grupos políticos para la aprobación de los presupuestos de 2010. Y de vuelta a casa, tras echar una visual a la prensa atrasada y leer un correo que gentilmente me remite una de las tres fuerzas (políticas) del consistorio, compruebo que es verdad. A Coalición Canaria no le ha quedado más remedio que aceptar las sugerencias de PSOE y PP para sacar adelante el principal acto en la gestión municipal.
No sólo me alegro que ello sea así, sino que acaban de darnos la razón a todos los que apostamos en 2007 porque existiese un gobierno en minoría que buscase los apoyos necesarios para sacar adelante su trabajo. Lo malo es que echamos en falta otros detalles que indiquen al contribuyente que los políticos también están por la labor de superar esta crisis en la que aún estamos sumergidos. Somos varios millares los que hubiésemos estado dispuestos a congelarnos nuestro sueldo durante cuatro años (como ellos). Pero como no tuvimos la oportunidad de asignarnos suculentos emolumentos cuando accedimos a nuestro puesto de trabajo (como ellos), jamás tendremos la oportunidad de disfrutar de tremendo privilegio. Así que seguiremos con nuestro pobre incremento, en la firme convicción de que jamás alcanzaremos las cotas de quienes nos representan.
Pero hay algo bastante simple y fácil de realizar, pero no se atisban movimientos. Más bien, al contrario. No hay manera de reducir los puestos o cargos de confianza. El alcalde santacrucero, por ejemplo, los incrementa. Y eso me lleva a pensar que los políticos de ahora no son como los de hace más bien poco. Uno recuerda aquellos duros primeros años de la democracia, sin gabinetes de nada, sin asesores, sin secretarios particulares, en los que las corporaciones sacaron adelante unas naves semihundidas, sin un duro en las arcas, pero como una ilusión digna del mayor encomio.
Dicen que la política se ha profesionalizado. Pues yo sostengo que se ha idiotizado. Porque para que un alcalde tenga varias decenas de personas a su alrededor que le indiquen y señalen qué y qué no debe hacer, mejor crear otra empresa municipal. Si a mí me dicen hoy que para ser regidor de la cosa pública debo tener treinta asesores (algunos tienen muchísimos más), es que soy un inepto de mucho cuidado. Además, si siempre se están quejando de que no tienen tiempo ni para responder al vecino que presentó un escrito, ¿de dónde lo van a sacar para poder departir con tanta gente? ¿Cómo se coordina un grupo tan grande? ¿No será, amigos míos, que el enchufismo ha llegado a extremos insospechados y hay que pagar favores y prebendas?
Mientras ordenaba papeles en días pasados, releí algunos saludas de programas de fiestas en la década de los ochenta y observé que eran distintos, con temáticas adecuadas a cada lugar y con tintes de originalidad. Los de ahora son todos iguales (todos venden los mismo, decía un conocido mensaje publicitario). Y se dispone de… Déjalo estar, no te amargues y disfruta del buen tiempo.
Hasta mañana.