sábado, 30 de enero de 2010

Del Realejo a Punta Brava (1)


Aclaración primera: casi todos los habitantes de este pueblo norteño, cuna de Viera y Antonio González, decimos El Realejo. Si incluso me apuran, El ‘Rialejo’. Aclaración segunda: El Realejo es solamente una parte insignificante del pueblo, porque si estamos en La Longuera, en La Montaña, en Icod el Alto, y si hilo algo fino puede que hasta en Realejo Bajo, y queremos ir al ayuntamiento, expresamos lo consabido: voy p´al Realejo. Los de La Cruz Santa declaran solemnemente: voy pa´fuera. Este previo es por lo del título, del que los estimados fisgoneadores del blog concluyen que la última reunión familiar, inveterada costumbre del clan, fue, obviamente, en Punta Brava, donde muchos familiares hundieron raíces desde los tiempos en que se repartieron solares en aquellos predios rocosos, pero impregnados de salitre y yodo y donde la brisa marina campa a sus anchas. De cuando aún era María Jiménez (por no apuntar Washington). Ño, me quedó chachi.
Bajo caminando, casi siempre. Así que salí de casa, Urbanización Los Príncipes, por debajo del campo de fútbol de la Unión Deportiva (ignoro en qué categoría milita), crucé La Callita, Godínez, saludé por fuera de la Biblioteca a unos estudiantes que fueron alumnos del IES Mencey Bencomo (qué raro si nadie me quiere) y heme aquí en la Avenida Tres de Mayo (día famoso en esta localidad, foguetera como ninguna). En la Casa de la Cultura, único edificio de este municipio en el que una placa pone mi nombre (qué raro si nadie me quiere), saludo a alguien que no puedo mentar. Porque hablamos un momento de libros. Y para Pepillo y Juanillo no había. Esta avenida o calle fue famosa hace bien poco porque hubo que levantarla, pues un lindo aguacero hizo ver a técnicos y políticos que el líquido elemento requiere un canal para circular. Lo mismo si no llega a llover (la tierra de los jardines apareció en Gordejuela) en esos días, vete tú a saber.
He llegado al lugar donde se ubicaba el ‘Monumento al coño’. ¿Qué dónde coño está? Me han soplado que en las ruinas de la Casona de La Gorvorana. Destartalado, grafiteado y vilipendiado. Ahora, según se comenta en voz alta, colocaremos una fuente, porque Oswaldo no quiere ser menos que Isaac. Y la nueva obra pasará a denominarse ‘Monumento al dónde coño está el alcalde’, que es otra sentencia que se dispara bastante entre el populacho. A lo mejor le damos la vuelta al ilustre químico que da nombre a una de las calles de Realejo Alto (ya lo mencioné arriba, D. Antonio González), para que mire cómo corre y suena el agua, o, quizás, ubiquemos el burro de los cochineros, obra también de Paco Palmero, ya que lo mismo se muere de viejo y no se ponen de acuerdo dónde amarrarlo. Y los lechones que estaban en las raposas, lo mismo ya son cochinos hechos y derechos.
Bajo la Avenida de Canarias hasta ‘el copón’ sin mayores contratiempos. Atrás dejo el trozo frente al ayuntamiento y los archiconocidos aparcamientos de abro y cierro; sí, tipo cremallera. En la última sesión plenaria se habló de falta de papeles. Debe ser que estaban a prueba. Y yo no entré, qué desgracia. Sigo y simplemente dije adiós a tres o cuatro que me tocaron la pita –del coche– (y es raro, si nadie me quiere). Pero un fisquito más abajo, otro tramo cortado. Después de doscientos o trescientos temporales, nueva alcantarilla que atraviesa la calle en diagonal, para que el agua de la lluvia la alcance progresivamente, primero en la derecha, luego en el centro y por último en la izquierda (¿resultado de las próximas elecciones?). No me detengo porque los viernes por la tarde no trabaja el personal. Donde sí lo hago es frente al futuro parque de San Agustín, sito en El Puente. Exacto, donde están los otros aparcamientos. Cerrados a cal y canto, para no variar. Este parque tendrá cafetería. Incluso espacios en los que puedan correr un fisco los chiquillos. Tiene unos desniveles, pero nunca superiores al 15%. Creo que se inaugurará el tercer domingo del mes de mayo de 2011, porque el cuarto acudiremos a la próxima cita electoral y estamos todos convocados a las urnas. Que, por fin, serán lo suficientemente grandes como para que podamos colocar de manera cómoda todas las planchas que se presenten y ‘descansen en paz’ los ‘tropecientos’ candidatos. Al día siguiente dejaremos sentados a los que ‘salieron’ –qué incongruencia– y devolveremos a la cruda realidad de la vida cotidiana a los que no salieron –otra incongruencia–, para que sigan trabajando. Bueno, la mitad, más o menos, porque el resto irá de asesor o liberado en cualquier zarandaja. Los otros descansarán cuatro años bien ‘repotiados’.
(continuará mañana)