lunes, 25 de enero de 2010

Detalles del fin de semana


Nota previa: He cambiado el diseño a petición de algunos. Está configurado con una resolución de 1024 x 768. De observar algo raro, háganme saber los inconvenientes. Agradecimiento al canto. Y vamos al grano:
En la inauguración de un centro para la atención a gente desfavorecida, que tuvo lugar en la isla de La Palma, a Paulino Rivero lo vi realmente apurado. Allí acudió con el Obispo, el presidente del Parlamento y otras autoridades, pero al señor que colocó la placa en la pared se le olvidó cuál era la estatura real del presidente del Gobierno canario y… ¡chacho, chacho, casi no alcanza! Tú lo has visto en otras ocasiones. Sabes que hay que agarrar la varillita y tirar para que la cortinita (hoy voy de diminutivos, y yo no estaba pensando en nada) corra por el raíl y deje al descubierto la inscripción correspondiente. A la presidenta del Cabildo se le escapó una sonrisita. Yo, viéndolo por la tele, me quedé serio.
Los dirigentes del PP canario están preocupados y piensan que la última condena a don José Manuel Soria, hombre denunciador por naturaleza, es desafortunada (un abuso), porque invierte los términos al dar prioridad a la libertad de expresión. En consecuencia, alegan, los políticos quedan expuestos a que cualquiera abuse de sus personas y no puedan defenderse. Pues yo digo: va a ser que no. Porque de ser cierto su planteamiento, estaríamos tantos cumpliendo condena (yo mismo por el párrafo precedente) que las cárceles no darían abasto. Me gustaría, además, que don Manuel Fernández, autor de las precitadas declaraciones, me indicará de dónde va a salir el pago de las costas. ¿De educación? ¿De sanidad?
Por este Norte, y otros ámbitos de mayor enjundia, se comentó sobremanera otra sentencia. Que viene a ratificar lo contrario de lo que piensan los del PP regional. Es decir, un jueza ha venido a plasmar en un cacho de papel que no se puede ir por el mundo diciendo –soltando, mejor– cuanto a uno le venga en gana. Por muy normal que sea el exceso verbal en el comportamiento diario del vilipendiador. Casi toda la prensa, digital e impresa, se hizo eco del acontecimiento y a tenor de las reacciones habidas, tengo la ligera impresión de que la mayoría silenciosa se alegró. Más que los propios escritos, las fotografías que algunos medios han difundido, aclaran por sí solas muchos porqués.
Hace hoy 22 años, 6 meses y 25 días que dejé –insisto, motu proprio– la política activa. Ha llovido algo desde entonces. Hace unos días, el PP presenta como una novedad el que los ‘altos cargos’ deben presentar, inexcusablemente, una declaración de bienes y actividades. En el ayuntamiento realejero deberá estar aún la de quienes fuimos ‘carguitos’ en aquel entonces. Y en la sede local del PSOE, la carta de dimisión (motivos: en blanco) por si cometíamos algún desliz. Sí, eran otros tiempos. Transcurridas dos décadas comprobamos que la transformación política ha sido radical. Tanto que, probablemente, el concepto de aquellos ilusos, desde la óptica actual, sería la de auténticos gilipollas. Y me temo, sin embargo, que si la inmensa mayoría de aquella pléyade volviera a sumergirse en las procelosas aguas de la gestión municipal, haría, casi con total seguridad, lo mismo.
Feliz comienzo de semana. Ya queda menos para acabar la cuesta.