sábado, 27 de febrero de 2010

Cemento mal puesto


Cuando hace bastantes años a los urbanizadores de la Romántica II se les ocurrió hacer una piscina en el Charco de las Lisas, no consultaron con los viejos del lugar, y en el primer temporal habido la bravura del mar se encargó de señalar cómo debían hacerse las cosas. No obstante, el hombre aprendió y retomó las obras de cerramiento y aún permanece allí el nefasto ejemplo de lo que no debe hacerse. Porque el charco ya no existe y aquel depósito sólo sirve para recoger toda la inmundicia que arrojan desde lo alto.
Viene la introducción a cuento de otras declaraciones del inefable Wladimiro acerca de lo mal puesto que está el cemento en los barrancos de Santos y María Jiménez. Dijo el consejero: “son dos ejemplos de libro de lo que no se debe hacer”. Los responsables (él estaba mirando para los celajes) “no han hablado con nuestros queridos magos ni con nuestros queridos convecinos y no han reflexionado sobre este tema”.
Se me dirá que tengo manía a determinados personajes de esta islas atlánticas. Pero el consejero insular de Medio Ambiente se olvida en demasiados pasajes de su vida cotidiana de que ahora no está ejerciendo como profesor universitario. Desde cuya tribuna estaría muy bien que hiciera estas declaraciones. Como lo viene haciendo en la prensa dominical y siempre con idéntica cantinela cual homilía al uso. Pero no te preocupes, porque si por un causal alguien le hiciera llegar este comentario, aparte de incrementar mis seguidores, inmediatamente le dará la vuelta a la tortilla y me echará la culpa por haber estado yo en política allá por los años ochenta. ¿Qué te apuestas?
Por lo que se observa las competencias de Wladimiro se reducen a la repoblación forestal (loable, faltaría más), darse una vuelta por los altos de San Juan de la Rambla y charlar con Manolo, y escribir y hacer declaraciones para señalar lo que debe hacerse. ¿Pero quién debe exigir responsabilidades, señor consejero? Nadie vio cómo crecía la base de contenedores en la desembocadura de El Bufadero ni tampoco nadie se dio cuenta de que la Plaza de Europa ocupaba la desembocadura del barranco de Santos. Cabildo y Consejo Insular de Aguas estaban de vacaciones estudiando cómo bajar del Teide con trípode de Mírame TV al hombro.
Ahora que, merced a la proliferación de las borrascas, nos estamos enterando de lo que es una ciclogénesis explosiva o bomba meteorológica, cuestión sería de que se dejara de hacer declaraciones de cara a la galería y asumiera la responsabilidad por la que bien le pagamos. Y que junto a don Pedro Suárez, consejero insular de aguas, se pusieran manos a la obra, exigiendo a los ayuntamientos el más estricto cumplimiento de la normativa. Da la impresión de que se realizan los proyectos y nadie se percata de que puede llover algún día. Y de que no caigan cuatro gotas sino cinco.
Pongo unos ejemplos en Los Realejos. ¿A quién achacamos la destrucción del Bosque de La Gorvorana? ¿Soy yo el responsable? ¿Lo son sus antiguos propietarios? ¿Lo serán los autores de la vía de circunvalación? Ya que me salió la susodicha: ¿Han comprobado la utilidad de los imbornales colocados bajo los pretiles? ¿Se han cerciorado de si la canalización del barranquillo de El Jardín es suficiente? Sigo: ¿hasta cuándo se va a seguir arrojando al mar una enorme cantidad de agua en Gordejuela? ¿No hay manera de elevarla y embalsarla para cuando sea menester? Por ejemplo, para regar las nuevas plantas en nuestros montes, ¿o no?
Acabo. Sí, Wladimiro, está muy bien todo lo que dices y escribes. Tienes más razón que un santo. Pero tú eres el consejero. Tú eres el político. ¿No te hacen caso? ¿Y a qué estás esperando? La dignidad por arriba de cualquier otra consideración. Sí, económica también.
¡Ah!, los aparcamientos de la otrora ‘plaza del chupete’ –los de la entrada a San Agustín– siguen cerrados a cal y canto. ¿Algún problema, qué casualidad, con el CIATF (Consejo Insular de Aguas de Tenerife)? ¿O con un transformador eléctrico por ahora inutilizable?
Lo dejo porque el dichoso viento me está sacando de quicio. Como algunos políticos.