domingo, 28 de febrero de 2010

La Gomera, por desgracia


En diciembre pasado (día 17) fallecía una persona a las puertas del centro de salud de Hermigua. La carta que su hijo hizo pública, y que todos pudimos leer en diferentes medios de comunicación, pretendía hacer un llamamiento a la sensatez de los políticos. Pero lo vivido esta misma semana en el parlamento (con minúscula, pues hasta las termitas se lo están comiendo) de Canarias no debe tener parangón con lo que puede acontecer en cualquier país mínimamente civilizado. El Servicio Canario de Salud pasa olímpicamente del tema y ante una intervención de la diputada gomera Rosa Guadalupe Jerez, la consejera del ramo, Mercedes Roldós, escurre el bulto, y los chillidos de Cristina Tavío debieron escucharse en el cementerio donde reposan los restos del infortunado.
Este pacto gubernamental de intereses nos está llevando a un callejón sin salida. El chiste macabro de que los muertos no se quejan parece ser moneda corriente. De no ser así, no se entendería la tozudez en negarse a prestar un servicio, la atención médica presencial durante las 24 horas, que se ha cuantificado en 4000 euros al mes. No, CC y PP no están por la labor. Es más importante, mucho más, los viajes en helicóptero, las visitas a Cuba (dentro de poco comenzarán las venezolanas a la caza y captura de los votos emigrantes), las retransmisiones televisivas del carnaval de día, y la madre… del cordero.
Que me duele La Gomera es harto sabido por los cuatro seguidores de este blog. Y que sólo salga a la palestra para casos como éste, me revienta… la moral. Pensaba callarme, mejor, no escribir nada de este particular, porque la carta aludida de Óscar Mendoza era, per se, bastante clarificadora. Pero no fue suficiente para que Cristina se ablandara. Estaba mucho más preocupada por reeditar el pacto santacrucero. Hace siete meses Zerolo dio tremenda patada en el culo a Llanos y ahora vuelven al lecho –político, por supuesto– como si nada hubiese ocurrido. No, Cristina saltó como una energúmena (persona furiosa, alborotada o sin educación), porque no quería que le ‘pusieran los muertos sobre la mesa’ (sobre la tribuna, sería). Ignoro si salió, tras su brillante intervención, derechita para El Corte Inglés. O simplemente todo se quedó en un cortado leche y leche a la salud ¿de quién?
Seguro que la reclamación administrativa presentada no obtendrá respuesta. O si la obtiene, podemos fácilmente intuir su contenido. Mientras, seguirá habiendo sucesos como el acaecido en Hermigua. Porque no todos gozamos de los sueldos de sus señorías para tener galenos particulares a nuestra disposición. Ni el acceso abierto de par en par para acudir en cualquier instante ante el más leve síntoma de dolencia. Tampoco disponemos de transporte gratis para desplazarnos urgentemente allá donde se ubique una buen centro hospitalario.
La crisis produce estos vértigos. Y los mareos son sufridos por los mismos de siempre. Los políticos tienen bastante con manifestar que debido a la crisis no hay dinero, que no es posible hacer más. Ellos pueden, incluso, dedicarse a sus actividades políticas orgánicas en horas que deberían estar en el curro por el que cobran espléndidamente. José Manuel Soria puede estar los lunes en Madrid en la reunión de su partido. Los martes tendrá Consejo de Gobierno… No sigas. Sabes que trabajan las veinticuatro horas del día, que se desvelan en sus ligeras cabezaditas ante cualquier dificultad que surja. Y que están ahí, al pie del cañón. Eso sí, al pie del cañón, sí; pero para dispararnos por donde nos trinquen. Por el bolsillo (hacienda), por la cabeza (educación) o por el culo (sanidad).
Qué complicado es vivir en una isla no capitalina. Si ya tenemos problemas los que residimos en Tenerife a unos cuantos kilómetros de Santa Cruz, qué no decir de los gomeros. Sólo valen, por lo visto, para engrosar el caché de cierto ¿humorista? que los tiene, entre vaso y vaso de vino, preparados para su jocosa versión.
Porque me duele La Gomera, estoy contigo Óscar. Ánimo y adelante.