domingo, 21 de febrero de 2010

¡Hágase la luz!


Y Unelco-Endesa, cual un Aznar cualquiera, dio tremendo corte de mangas ante la situación planteada y permaneció la isla a oscuras durante un buen rato más. Paulino, a la sazón de gira por las Américas (creo que no fue en helicóptero), tomó cartas en el asunto e, ipso facto, llamó a Jorge y le conminó a que concertara una entrevista con cualquier electricista curtido en circunstancias tales. José Manuel  creyó atisbar ciertos rejos dictatoriales en el arrebato e hizo ademán de coger el teléfono para comunicar al gallito de pelea, y a la par poeta en ciernes, que disparara (metafóricamente hablando) a toda torreta de alta tensión que se meciera  bajo el efecto de una borrasca atlántica. Claudina abandonó Maxorata a toda mecha y, acompañada de Inés, tomó rumbo a La Palma, donde Rita había sufrido un grave, inoportuno e indiano traspiés (comentan fuentes dignas de todo crédito que el percance se debió a un polvo mal echado, lo que le provocó un ligero escoramiento a estribor y la consiguiente pérdida de equilibrio).
Bromas aparte con preámbulos jocosos o entradillas sugerentes, viene a resultar que las borrascas, tan asiduas por estos lares en los últimos tiempos (¿cambio climático?), nos han venido a demostrar muchas cosas. Y a enseñar otras tantas. ¿El cero energético? Uno conocía el ‘pelado al cero’, muy utilizado en tiempos pretéritos cuando los piojos (ahora están todos en política) hacían acto de presencia. Sabía que el cero marca aquella temperatura ideal en la que ‘ni frío ni calor’. Estaba al tanto de la expresión ‘empezar de cero’, que es lo que hacen Zapatero y Rajoy cada vez que van al Congreso de los diputados a decir boberías. Habíamos escuchado lo de ser un ‘cero a la izquierda’ (lo que significa cualquier ciudadano para una institución pública). Pero lo de cero energético, rien de rien.
Antes, no ha tanto, se fundían los plomos. Agarrabas un cacho de cable, le quitabas el plástico, trenzabas unas cuantas vergas y… se te quemaba la casa, pero ningún cortocircuito se reía de ti; traduzco, los plomos no saltaban más. Me vine a vivir a Los Príncipes el mismo día de la gran manifestación. ¿Te acuerdas del tendido aquel y las torres de alta tensión por los montes de Vilaflor? Ahora disponemos de un pinar más hermoso (de colorines) por la autopista del Sur, y de un sinfín de problemas desde el mismo instante que la Aemet localiza el comienzo de una borrasca allá en los confines del Atlántico. Chacho, no ganamos para sustos.
Cuando yo era menudo vinieron unos cuantos vientos de campeonato. Hoy serían huracanes de grado superlativo. Y mi madre nos puso debajo de una tabla en el hueco de la entrada de aquella casa vieja en medio de una  finca de platanera. Y escapamos. La prueba es que estoy tecleando estas boberías. Sí, fueron los tiempos de Pepillo y Juanillo. Pero teníamos una ventaja. No había suministro eléctrico. Estuvimos muchos años en cero energético. Pero sobrevivimos. Las plataneras quedaban hechas un asquito y los árboles de El Bosque completamente ‘desmigajados’.
En la actualidad, las plataneras son menos y El Bosque no existe (creo que ya Wladimiro lo sabe). Pero dependemos de la electricidad para todo. Incluso salimos de casa sabiendo que no hay corriente y le decimos a la mujer: ábreme la puerta de la cancela. E imagínate dos bobos: uno presiona un botón (dentro de la casa) y el otro tira de la manecilla de una puerta que no dice ni pío. Claro que los dos sabíamos que la luz se había ido hace muy fuerte rato. Debe ser la costumbre.
No te preocupes, ya Paulino está en ello. Por lo menos hasta dentro de unas horas no tendremos más problemas. Y si no, liberalizamos el mercado y ya está.
Hasta la próxima, si Unelco a bien lo estima.