domingo, 14 de febrero de 2010

Incongruencias

Uno de los buenos amigos que uno tiene por ahí me hace llegar el panfleto que EL DÍA ubica en su portada, un día sí y el otro también:

El "Gran" de Gran Canaria no le corresponde a esa isla, la tercera del archipiélago canario -Canary Islands-, porque ese no es su nombre. Su denominación es simplemente Canaria, o Las Palmas; la cartografía desde la antigüedad es contundente. Esa isla es, repetimos, la tercera en superficie, sin atractivos naturales, y la segunda en población. Ese falso "Gran" puede confundir y engañar a los turistas y visitantes potenciales, y perjudica gravemente a Tenerife y las otras islas.

Y se pregunta el porqué luego en sus páginas interiores coloca informaciones como la que asimismo me remite:

Las Palmas de Gran Canaria, EFE Una guagua de transporte público de viajeros que no llevaba pasaje ni conductor colisionó hoy contra un surtidor de la estación de Teror, según informó el 112.

El incidente se produjo pasadas las 07.50 horas, momento en el que fueron alertados los servicios de emergencia, que desplazaron al lugar a bomberos del Consorcio de Emergencias de Gran Canaria, que se encargaron de asegurar la zona para prevenir la declaración de un incendio.

También acudieron sanitarios del Servicio de Urgencias Canario, que tuvieron que asistir en el lugar y trasladar posteriormente hasta el centro de salud de la zona a una mujer que sufrió una crisis de ansiedad, agregaron las fuentes.

Lo gracioso del caso, permítame, amigo, tal licencia, es que me señala que como yo estudié periodismo, lo mismo sé la causa de estas incongruencias. Entiendo… qué demonios, no entiendo nada. Me imagino lo mal que deben estarlo pasando los trabajadores de esa empresa. Porque escribir con la espada de Damocles en el cogote no debe ser nada agradable. Los que sí deben estar flipando de felicidad son los escribidores de los editoriales. Que deben ser a lo sumo dos. Porque el cotejo de estos con otros artículos de opinión reflejados en las páginas del diario no dejan lugar a dudas. Un mero análisis de contenidos y una confrontación de estilos deja meridianamente claro qué es lo que se cuece en aquella cocina.

Es lo que hay y no le demos más vueltas. Incluso llegué a leer, creo que más de uno de ustedes también, la queja-súplica de uno de sus colaboradores por la no publicación de los artículos que remitía. Que yo recuerde, ni es el primero ni será el último. Por lo tanto, anímate, créate un blog –ya se lo aconsejé ayer a Cristina Tavío– y expresa en él cuanto creas menester. Incluso algún día puedes llevarte la sorpresa de que te leen y todo. Con la ventaja añadida de poder hacer todas las entradas que estimes pertinente. Sin tener en cuenta el día, sin pensar si es de día o de noche y descansando cualquier día. Y si un día crees que debes mandarlo para cierto sitio, no tienes que rendir cuentas ante nadie.

Bueno, que tengan buen día.