jueves, 25 de febrero de 2010

La otra cara del carnaval


El titular es, parece, de un reportaje emitido por ‘Cuatro’ y que ha levantado más de una polvareda en los ámbitos chicharreros. Sin entrar en valoraciones de mayor porte, y dado que el título ya lo expresa meridianamente (la otra cara), no sé de qué nos quejamos. ¿Es acaso mentira o estaba distorsionada la realidad de lo que en el citado programa se trataba? Entiendo que no. Es la parte negativa de unos festejos multitudinarios y a tal circunstancia deberemos sujetarnos y acomodarnos. Claro que la inmensa mayoría de gente va a divertirse sanamente y que dado los millares de personas que se dan cita, pocos son los incidentes que se producen. Eso, por descontado. Pero para cantar las excelencias del carnaval santacrucero ya tenemos a ‘La Nuestra’, que inmediatamente salió a la palestra defendiendo, fundamentalmente, el carnaval de día, el que la televisión pública canaria patrocina. Bien, perfecto, nada que objetar, salvo que me gustaría que mi dinero fuera destinado a otros menesteres.
Pero desglosemos algo la situación. Se queja Willy, portavoz oficial de Paulino, Zerolo y demás, de la “inmoralidad” de Cuatro al sacar a la luz los comportamientos sórdidos de los que ven en la fiesta una válvula de escape de los instintos más primitivos del ser humano (animal). Sin percatarse lo más mínimo de que sus telediarios no son, precisamente, un modelo a seguir. Si de un lado se critica la inoportunidad del reportaje de la cadena nacional, no parece de recibo el que en los informativos de aquí mismo se incida, machaconamente, en sucesos y desgracias. Porque si esto último pretende justificar la presencia de la policía autonómica, salvadora de todas los infortunios futuros, no menos podríamos pensar que el susodicho cuerpo también evitará, cortará de cuajo, los desmanes habidos en las locas noches de don carnal, extirpando por lo sano (no hace falta anestesia, pues el alcohol suple su acción) el cuerpo del delito.
Aunque me cabrea aún más el que no se miren las miserias y echen una visual a sus intimidades. ¿Qué hace la televisión canaria en su ‘Código abierto’? ¿No cuentan aquello que nadie se atreve a contar? ¿Y cuáles suelen ser esos contenidos? ¿No perjudican la buena imagen de tranquilidad, paz y sosiego que debemos trasmitir a los turistas como sostén inequívoco de nuestra economía? Me extrañó que no saltara como un quíquere nuestro principal gallito de pelea, el pollito de El Sauzal, y se batiera el cobre contra tanto desalmado. Porque él, Paulino, también fue protagonista del evento diurno santacrucero. Al que acudió tras haberle leído la cartilla a los ingenieros de Unelco. Lo de ‘leído la cartilla’ va sin segundas.
Mejor sería que meditáramos los asuntos, hiciéramos profundos exámenes de conciencia y luego manifestemos cuanto estimemos conveniente. Pero para ello es menester estar bien convencido de que somos impolutos, de que no metemos la pata jamás. Si no, estaremos echando en cara (por delante) lo que nosotros también llevamos a cabo (por detrás). O jugamos sin trampas o rompemos la baraja. ¡Ah!, ahora que me acuerdo, hay cierto programa a mediodía (al que llevan de espectadores a todos los socios de los clubes de la tercera edad de estas ínsulas archipielágicas y ultraperiféricas), que es el paradigma del bien hacer. No se le quedan atrás todos los culebrones de las tardes en las cadenas peninsulares.
Acabo: en Canarias, tierra propensa para ello, creo que debemos aprender a mirarnos nuestras jorobas, que camellos (otra vez sin segundas) y dromedarios tenemos bastantes. Hasta más ver.