jueves, 11 de febrero de 2010

Opinantes


Dijo el sabio: “¿Cómo hemos de juzgar a los tertulianos de este país? Las encuestas, o sea el público, ya lo han hecho: los han metido en medio de la basura de asuntos detestables. Los tertulianos españoles, con las excepciones que ustedes quieran, están más cerca de Rinconete y Cortadillo que de don Quijote”.
Eso dijo, o escribió. ¿Se refería a él mismo? ¿Dibujaba, acaso, su propia imagen en la gloriosa última intervención en la única tele local a la que todavía lo llaman? ¿Se consideraba, por fin y sin tapujos, basura? ¿Se autodenominaba asunto detestable? ¿Por qué no mentó a Sancho Panza, que es, al menos, tan cervantino como el resto de personajes citados? ¿Temía que lo retrataran? ¿Son Rinconete y Cortadillo, salvando las distancias, algunos con nombres y apellidos?
Y que más da si en una semana escasa dirá exactamente lo contrario y se quedará tan ancho (más es imposible). Circulan unos vídeos por la red en los que alguien con mucho más tiempo libre que unos cuantos de nosotros, se dedicó a concatenar opiniones vertidas por el susodicho de nuestra ínclita consejera de turismo del gobierno autónomo de Rivero y Soria. Un esperpento, un lodazal, vamos, una mierda. Pero a quien nada en ella, poco le importa. Qué no sabrá el mago de cómo actúa el cochino en el goro. Que nos lo digan a todos los que mamamos naturaleza por necesidad, rayana con la laceria. ¡Ay!, señoritingos del bien quedar, descendientes del conde de nosécuántos y hoy –cada cosa en su lugar– venidos a menos y con muchas telarañas en el sombrero en alguna de las romerías insulares.
Una murga tinerfeña –pecado mortal– ha destapado la caja de las esencias. Y ha dicho –cantado– lo que, quizás, muchos sabíamos, pero hemos escondido la cabeza bajo el ala. Perro no come carne de perro. Yo me callo, tú te callas y él se calla. Y Paulino, único guanche impoluto, sobrevolando las ínsulas con su  juguete preferido a merced de controladores sin sentimientos. Menos mal que Anita está en ello.
Puede que en un blog sean más llamativas las entradas o comentarios. Eso, puede. Pero uno también coloca a la izquierda otros apartados en los que deposita cierto cariño. Y como alguno se estará preguntando e intentando aclarar ciertas dudas acerca de estas líneas que hoy cuelgo, deberé  reconducirles hacia el ‘Rincón de las letras menudas’. Porque, quizás, en esas dos décimas que ahí inserto se halle la solución. De no ser así, me sentiré doblemente satisfecho, porque significaría tal dilema el que he alcanzado, por fin, la estadía superior en este siempre complicado mundo de juntar letras, es decir, el que no me entiendan lo que expreso. Con lo cual estaré, si me lo permiten, a la altura de políticos y tertulianos. Que no es poco.
Hasta la próxima.