domingo, 28 de marzo de 2010

Fariseos (y 2)


…Guárdese cada cual de sujetos tales, porque medran en artimañas y subterfugios. Y juegan como nadie al bien aparentar; figurines de porcelana con frágiles estructuras. Mamarrachos escribidores de elocuentes epitafios para tumbas que ellos comenzaron a cavar. No invocaré yo conceptos de neutralidad y objetividad cuando aluda a persona de la que me jacte bien conocer, porque el plumero deberá indicarme que estoy tirando piedras sobre mi tejado. Y menos osaré siquiera mencionar imparcialidad. Algunos se atreven a escribir parcialidad. Deberá ser para que no haya duda. Piensa el ladrón...
Involucrar a otros para que se constituyan en fedatarios de posturas predeterminadas, viene a significar notables dudas en planteamientos deslizantes. Y achacar actuaciones parciales en escritos de escaso fondo y formas convenientemente edulcoradas, raya la temeridad. Máxime cuando el aludido ocupa el papel de convidado de piedra. Ya le pasó al Rey en Guernica.
Sí, es duro el oficio. O la profesión. Incluso controvertida. Tanto que se puede permitir el lujo de utilizar medias verdades. O verdades a medias. Y ya se sabe. A pesar de que me gustan los cuentos –sobre todo escribirlos–, cuando me asomo a las páginas de este diario, quiero hacerlo con los unos y con los otros, pero sin los unos y sin los otros; con todos, pero con nadie. Entiendo ahora cómo algunos escucharon repicar, mas no atisbaron el color y la forma de las campanas. Estaban, seguramente, haciendo guardia tras columnas vanguardistas.
Tengo un problema periodístico: soy feo y me estoy poniendo viejo. Mi descuidada barba –cuando por el invierno el cuerpo solicita suprimir el rasurado– no alcanza el mínimo exigido para resultar atractiva. La voz no goza de las cualidades pertinentes para llamar la atención. Disimulo tales carencias con el entretenimiento escrito. Voy por la vida apechugando con varios quehaceres. Puedo presumir, sin embargo,  de no deber favores. Ha costado –y cuesta– esfuerzo, pero si alguien, alguna vez, me señala con el dedo, será, en todo caso, por otros merecimientos. Méritos o deméritos, por aquello de la óptica.
Me caen estrechos los arrastrados y veletas. A los ‘monos’ –y las ‘monas’– agraciados, a los que la vida ha tratado gentilmente, el consejo de que las tornas pueden virarse. Y el recado jamás lo envío a través de mensajero.
Es verdad, en casa de herrero, cuchillo de palo. Pero el que nace barrigón, ni aunque lo fajen chiquito. Así me va. Trabajando toda la vida y siempre con arrestos para buscar tiempo donde aparentemente no existe. Pero también puede ser aplicado a los otros. A los que tienen más suerte. De los que podrían escribirse interesantes capítulos acerca de la obtención de créditos. Y que enarbolan banderas para disimular actuaciones sin justificación alguna.
Siento que los asiduos me echen en cara posibles abstracciones. Puede que muchas más que las de carácter normal. Pero me apetecía dirigirme, sin que sirva de precedente, a escribidores esporádicos. Y para inteligencias preclaras, socarronería a raudales, aderezada con innegables tintes irónicos.
Quien quiera verse retratado en este comentario, tiene plena libertad para hacerlo. No se trata de una mera coincidencia. Ubíquese cada cual en el lugar que crea conveniente. Pero si alguno cree intuir cualquier tipo de posicionamiento, le aconsejo que vuelva a leer. El mensaje no tiene trasfondo. Para ninguno de los posibles sectores implicados. El tiempo, inexorable cuentadante, deberá colocar cada cosa en su lugar. En ello confío”.
Bueno, a perdonar los que odian las series, pero me parecía demasiado contenido para un solo día. Descansen, y si son de los que pueden disfrutar de esta próxima semana, no se olviden de saludar de vez en cuando a estos chiquillos. Pronto habrá un segundo parto. Suerte.