lunes, 15 de marzo de 2010

Rambla de Castro




Parecen haber nuevas y agradables perspectivas para Rambla de Castro. Y para todo lo que sea la protección de los bellos parajes que aún existen en el pueblo, nuestra más cordial felicitación. El consabido pero viene de la mano de otras tantas inyecciones económicas anteriores (repasen, si les apetece, todos los números de La Voz de Los Realejos) y que nunca llegaron a consolidarse.
Mucho se ha escrito de este Paraje Natural. Mucho se ha plantado y mucho se ha secado. Pero debemos ser optimistas y pensar que esta ocasión será la definitiva. Y que el entorno de la casona sea un referente de la Villa de Viera. Ojalá podamos minimizar el enfado que el menda tiene con Wladimiro por haber dejado morir El Bosque de La Gorvorana. Olvidarlo va a ser complicado. ¿Oiga, qué van a poner en la enorme rotonda? Les propongo que arranquen los cuatro ejemplares de plátanos de Líbano que dejaron y los ubiquen en el redondel. Y en el mismo centro, la mesa y los cuatro bancos. Buena idea, ¿no?
Uno podrá estar más o menos de acuerdo con los usos que se pretenden llevar a cabo. Pero en lo que sí deberemos coincidir es que unas instalaciones cerradas sólo conducen al deterioro. Y valga el recordatorio para que la Corporación gire visita a la Casona de La Gorvorana. Media vida por aquellos contornos y siento vergüenza al pasar por los espacios que marcaron improntas en este pobre diablo. Sí, del mirlo y el tabobo al negocio inmobiliario, como bien lo dibujó Carmen Machado en su reciente libro.
Quizás muchos realejeros desconozcan que el Paraje de Rambla de Castro es mucho más que la casona y los palmerales que la rodean, incluyendo la coqueta playa. De ahí las otras ilustraciones que se insertan en este comentario o entrada. Y puede, incluso, que algún concejal esté necesitado de revisar papeles. Y comienzo por el costado del naciente:
¿Recuerdas José Vicente, ahora tertuliano en Radio Arena, el gran parque de La Fuente? Sí, el que nos haría olvidar el desaguisado del complejo urbanístico de Los Roques. Con el que tuvo mucho que ver el principal defensor ecologista de aquella época, que puso el grito en el cielo en una reunión en las antiguas escuelas del polideportivo de Toscal-Longuera, y que acabó sumergido en el negocio que tanto criticó. Por cierto, ahora también tertuliano en Radio Realejos. Paradojas de la vida. Pues sí, amigos, Los Roques también es Rambla de Castro. Y Gordejuela. Y todo el sendero de la costa, que alguien bautizó como ‘sendero del agua’. Que ha servido sobremanera para que los perros de los alrededores lo tengan todo cagado. Eso, el sendero de la caca. Al que uno iba a pasear en los atardeceres magníficos que nos brinda, pero hubo que dejarlo por los pleitos de la parienta cuando regresaba con las rayas de los tenis llenas de ‘aquello’.
Si Cabildo y Ayuntamiento han tomado conciencia del particular y, por fin, se consigue adecentar todo el espacio protegido, miel sobre hojuelas. Se podría aprovechar la oportunidad para rescatar un trabajo, una estupenda labor pedagógica que en su momento se realizó en el Colegio Mencey Bentor (La Cruz Santa) y del que, me imagino, algún profesor del actual IES (Domingo García Palmero) podrá dar mejores referencias. Porque hace un recorrido por esa costa y podría ser una estupenda y clarificadora guía.
Estoy convencido de que actuaciones de tal calado darán mejores resultados que todas las visitas a Fitur en los meses de enero. Por cierto, ¿vendieron en esta última edición nuevamente el Flypa? A lo peor sí.
Hasta mañana.