domingo, 14 de marzo de 2010

Tres asuntillos, tres


Ponemos el grito en el cielo cuando alguna cadena de  televisión (estatal) emite un reportaje relatando lo que acontece en lugares de este ultraperiférico territorio; despotricamos del daño que nos causa, pero Willy mantiene en la parrilla a su ‘Código abierto’. En el que la privacidad y la protección del menor brillan por su ausencia. En el que las palabrotas y las críticas sesgadas a los profesores que no hacen nada son un excelente caldo de cultivo. En el que las imágenes de los niños en riesgo de exclusión social deben ser un estímulo para padres y familiares. Eso sí, los menudos “después de haberse comido la comida” juegan a fútbol como el resto de chiquillos normales. ¡Ah!, los viejillos que viven en una cueva en el Barranco de Guayadeque no tienen móvil ni Internet. Lo difícil que se lo estarán pasando sin mandar sms ni chatear con Roberto Kampoff. Menos mal que recuerdan lo que es un preservativo de su última visita a Las Palmas. ¡Pillines! Es un asuntillo de La Nuestra.
¿Se imaginan ustedes que le ocurra al helicóptero de Paulino lo que aconteció hace unos días en El Hierro? Porque lo peor no deberá ser el que un plástico de grandes dimensiones sea capaz de bloquear el rotor de cola, sino que descubramos las verdaderas intenciones del misterioso viaje. Vete tú a saber qué se trae nuestro presidente entre manos. Que se sepa va a ordeñar una vaca, a sacarse una foto con un cuadrúpedo majorero bastante agraciado, a colocar una piedra con un estilo de albañil que te cambas, a dar besos a diestro y siniestro a cuanta mujer se ponga a su alcance (de puntillas, por supuesto), a correr por Puerto Calero… Chacho, y para eso tanto secretismo. Para mí que lo que no quiere es contarnos por cuánto sale cada vuelo del aparatejo (multiusos). Debe ser más caro que Armas o Fred Olsen. Oye, Paulino, ¿tú llevas dos maletas o remites el equipaje por mensajería? Total, si lo pagamos nosotros a ti qué más te da.
El viernes pasado, más o menos a las ocho y media de la tarde-noche, regresaba de la consabida reunión familiar en Punta Brava. Antes te aclaro que recorrí, una vez más, caminando en la bajada, la singular vía de circunvalación de Toscal-Longuera. No comprendo el encajonamiento al llegar al Maritim, pero no soy técnico en la materia. Intuyo que en los próximos carnavales ya se halle a punto de inaugurarse. A lo que iba: al llegar a la altura de Tres de Mayo para tomar la desviación hacia la Calle El Medio (dirección Icod el Alto, allí donde los perros se empeñaron en sacar las piedras blancas del jardín, ¿te sitúas?), dos policías, con su moto atravesada, nos dijeron que nones. Búscate la vida y tira por donde puedas. La razón: una procesión. Inciso: en este pueblo, procesiones y fuegos artificiales por un tubo. Ni me parece bien, ni me parece mal, pero organícense. ¿Por qué no lo señalizaron debidamente en la Avenida de Canarias? No, permitieron que subiéramos todos y así se armó un cacao en Realejo Alto que no era ni normal. Máxime cuando en la zona del ayuntamiento cada cual aparca donde mejor le apetezca y los que salíamos para coger por Realejo Bajo, ¡qué remedio!, nos preguntábamos si existía un concejal delegado de policía. Eso seguro que no hubiese sucedido por la mañana, porque me consta el celo y la preocupación de Juan Manuel. Ahora se me dirá que era sólo unos instantes; los minutos necesarios para que la imagen y acompañantes se metieran –o salieran, que lo mismo venían ya de vuelta– por Godínez. Pero, angelitos, si la cola llegó a San Agustín en un fisco apenas.
Concluyo: demasiadas procesiones, ingentes cantidades de fuegos y un mucho de novelería. Dineros que se gastan a sabiendas de que hay gente que lo está pasando mal (hay también mucho aprovechado). Políticos que no velan por los intereses generales de una población hastiada. Y rebenques, me sumo, que comulgamos –sin segundas– con lo que nos echen. El 2011 está más cerca. Feliz domingo.