lunes, 22 de marzo de 2010

Rita, Rita... ¡Rita!


Me dijeron hace unos días que yo le tenía manía a la pobre mujer. Y este pasado fin de semana se me subieron al carro nada más y nada menos que dos presidentes de Cabildo. Y el señor Melchior y la señora Taño no son, precisamente, unos amigotes de la cafetería de la esquina. Y cuando manifestaron lo que su conciencia les dictó acerca de los comportamientos (políticos) de la conejera, no estarían, digo yo, pensando solamente en poner en un brete a su jefe superior, a saber, Paulino. Por consiguiente, que diría Felipe, ya no soy el único que piensa que no todo el mundo sirve para cualquier cargo. Me lo ratifica doña Guadalupe cuando le dice que se vaya, que dimita, o que el presidente la cese. Y la razón es bien obvia: por bocazas. Las cuotas insulares en esto de los repartos de consejerías tiene que ser superado de una vez por todas. Un gobierno no puede seguir siendo una tarta a distribuir entre los diferentes comensales. Ya está bien de compadreo, dimes y diretes. Esta señora, doña Rita, escupe hacia lo alto y luego pretende protegerse debajo de una sombrilla. Cuando alegó que los palmeros no quieren el turismo, me recordó a cierto consejero insular de Tenerife cuando escribe, escribe, platica y platica y nada parece ir con su gestión. En resumen, la culpa siempre es de otros.
La ‘anécdota’ narrada por Ricardo Melchior en la ITB y relacionada con la campaña del “no winter blues” –eso, lo del frigorífico que ya habrás leído–, viene a resultar que es un mero invento del presidente, pues el PP le cuestiona que dónde carajo vislumbró ese anuncio. Entonces, pregunto yo, ¿estaba tan bebido que vio pasar por delante de sus narices una guagua con la pintada? Esto es de película. Pero tenemos lo que nos merecemos. Ya saben, en las próximas, una etiqueta de ‘anís el mono’ en lugar de la papeleta. Es que peor no lo puede hacer el simio, es imposible.
Hay una fotografía circulando por ahí en la que se ve a Paulino mandándose un buen plátano (canario, por supuesto). La han aprovechado algunos medios para difundir su último comentario, el de que el único camino que tenemos a corto plazo pasa por la construcción y el turismo. Al tiempo se jacta de propagar que ‘ni un metro cuadrado más de…”. Al alimón mantiene al frente de una consejería a… quien no sabe ni hablar, coño, y digamos ya de una vez las cosas por su nombre. Que tiene avergonzados a sus directores generales cada vez que tiene que decir cuatro cosas en público. Yo, canario como el que más, exijo que me represente alguien que, como mínimo, sepa un trecho más de lo que podría aportar un servidor. No, aquí, por amiguismos, por prorrateos y por la madre del cordero, ponen al frente de un área a quien no tiene ni la más pajolera idea de lo que en ella se cuece (guisa, en autóctono). Sí, hombre, el haber trabajado en una agencia de viajes ya es motivo suficiente para llevar una responsabilidad de millones de visitantes y millones de euros. Así que a todos los trabajadores de ferretería, presenten el currículum para la Consejería de Industria. Hay algunos que son capaces de regentar varias consejerías, con objetivos bien dispares, cuando su preparación (académica y profesional) en nada se asemeja a la labor encomendada. Y valen para todo, tú. Y un jamón. Ineptos, aprovechados y trepadores. En todos los partidos, sin excepción (no se pongan contentos los socialistas pensando que sólo disparo a los otros). Y no me respondan aquello de “para eso están los técnicos”. Pues que gobiernen los técnicos y ustedes vayan a trabajar, si alguna vez lo hicieron.
Si has intuido enfado en los tres párrafos anteriores, estás completamente equivocado. No estoy enfadado, estoy cabreado. Y la familia me dice que no tengo necesidad de esto, que ya cobro de Clases Pasivas. Pues no me da la gana de ser un mero paciente, impasible, comprobando, un día sí y el otro también, como cuatro mangantes, deciden el futuro de mis nietos. Y una mierda espichada en un palo.
Hasta mañana. Y no me digas nada porque…