martes, 13 de abril de 2010

Austeridad


Manifiesta mi diccionario que austeridad significa cualidad de austero. Y yendo a esta última me indica que es un adjetivo que procede del latín austerus y para el que hallo cuatro acepciones: 1. Severo, rigurosamente ajustado a las normas de la moral. 2. Sobrio, morigerado, sencillo, sin ninguna clase de alardes. 3. Agrio, astringente y áspero al gusto. 4. Retirado, mortificado y penitente.
Este fin de semana pasado, en una entrevista que leí en un periódico editado en Tenerife (pero de obediencia canariona, a decir del que pierde los juicios porque los magistrados también son unos veletas), el presidente del Gobierno de Canarias ha dicho que la austeridad le exhala por todos y cada uno de los poros de su piel sauzalera. Tacha de esnob a su homólogo cántabro por ir en taxi, mero ejemplo, a La Moncloa, y nos recuerda su pasado humilde. Pues este docente jubilado le recomienda la lectura de “Pepillo y Juanillo” (véngase a la presentación; sí, el 23 de este mes  en La Perdoma; procuraré que esté Isaac) para que vea retratados a todos los que somos de una quinta aproximada. Porque si la cualidad de austero se mide, única y exclusivamente, por las penurias que pasamos no hace tantas décadas, me temo, don Paulino, que somos muchísimos los que engrosamos la lista. Y prácticamente todos, menos su señoría, lo tenemos que seguir siendo por necesidad imperiosa sin alardear de ello. Nos asomamos a la puerta de nuestro domicilio (uno solo) y vemos un coche viejo, sin chófer, con el depósito vacío, las ruedas desgastadas… En fin, para qué contarle que usted, tan austero, no sepa.
Me parece muy bien que uno recuerde los sacrificios que hicieron nuestros padres para que llegáramos  a ser ‘hombres y mujeres de provecho’, pero no aproveche (a perdonar la “rebuznancia”) cualquier oportunidad para indicarnos que ha alcanzado altas cotas partiendo de la nada. No ignore que en esas circunstancias se halla el noventa por ciento de la población canaria. Y quizás los que no tuvieron tantas puertas abiertas, se han ‘sacrificado’ mucho más que usted para no seguir toda una vida ‘jociquiando tierra’. En su propio entorno político tiene algún ejemplo más, que ahora, casualidades de la vida, se halla bastante cómodo.
Encantado me quedé con su planteamiento de acabar con el pleito insular a través de sus viajes en helicóptero. Había escuchado muchas teorías, pero esta suya es fascinante. Viajes a tutiplén allá donde haya algo que inaugurar. Aunque me pegue el día volando voy, volando vengo. A saber, austeridad. Lo del hospital de La Gomera fue de lo más austero que me he podido tirar a la cara en estos últimos años. ¿Cupieron todos en el mismo viaje?
No lo encuadro en lo que me señala la acepción 1, porque la conversación telefónica para ‘colocar’ a la sobrina me deja algo descolocado (a perdonar la “rebuznancia” otra vez). En la 2 tampoco, porque usted, precisamente usted, alardea del medio de transporte precitado. Eso sí, en el noble intento de que estas Canarias nuestras estén más unidas que nunca, para contrarrestar los intentos de don José. Pero tenga cuidado, puesto que es el único nacionalista llamado a presidir su república. En la 3 no me defino, ya que mi conocimiento no alcanza el grado suficiente como para saber si es usted agrio o áspero; no tengo ese gusto. Y en la 4, mucho menos; ni retirado, ni mortificado, ni penitente. En todo caso, romero, arador (¿se llama así al que ara?), ordeñador…
Lo dejo aquí. Tengo que apagar el ordenador porque la factura de la luz, después que me inventé este blog, se me ha disparatado. Y la austeridad ante todo. La pensión no está para muchos viajes. Oye, Paulino, ¿te puedes acoger a la jubilación Logse? Hasta la próxima.