jueves, 1 de abril de 2010

Autobombo


Siguen cayéndole chuzos de punta a Rita Martín desde diversos sectores, pero ella persiste y está muy contenta con su gestión. Continúa Miguel Pérez Camacho con sus ocurrencias y ahora le correspondió el turno a María del Mar Julios, de la que ignoro, obviamente, si sus problemas psicológicos son reales o ficticios. Pero a lo que iba yo:
Ayer en la mañana, leyendo la prensa estaba cuando atisbo que “El gabinete de Presidencia del Gobierno de Canarias ha desviado un total de 3,5 millones de euros de su asignación presupuestaria para 2010 al Ente Público Radio Televisión Canaria (RTVC), en plena época de recortes generalizados obligados por la recesión económica. La partida extra será aprobada hoy durante la reunión del Consejo de Gobierno. En concreto, los 3,5 millones figuran como una inyección económica para ‘promocionar la industria audiovisual’ y se canalizarán a través del ente público de forma excepcional”.
Sería casualidad o no, la noche del martes tuve la oportunidad de ver un amplio reportaje de lo bien que funciona la tele (y la radio) canaria, de los elevadísimos índices de audiencia (si es como un termómetro, un día se les rebosa), de lo que madrugan y mil aspectos más. Uno que sólo ha visitado los estudios de radios y teles locales, se queda anonadado cuando contempla la cantidad de personal que se mueve en imponentes instalaciones, y todo con cargo a los dineros tuyos y míos. Y cuando hace falta más, suprimimos unas jeringas en los hospitales y unas pizarras en los colegios, e inyección al canto. Así, Willy, hasta yo.
Cuando escucho en Radio Arena, Gente Radio –antes sintonizaba Radio Realejos, pero me lo prohibió el médico– y otras emisoras de andar por casa, cómo con una reducidísima plantilla se llevan a cabo muy dignas programaciones, me pregunto qué no serían capaces de hacer con la ‘multitud’ que mueve el ente público canario. No quiero hacerme suposiciones. Mejor no. Ante tanto barullo seguro que se molestarían tropezando cada vez que se muevan. Sí, amigos, en esas macroempresas habrá magníficos profesionales, pero también los escaqueos son mayores. Y me llamó sobremanera la atención en el precitado reportaje la cantidad de taxis que se utilizaban para desplazar cámara y locutor. Eso será aparte de la flota de coches con que debe contar el ente. Y el transporte esperará pacientemente a que se acabe ‘el rodaje’. Chiquito chollo.
A un mago del Realejo como yo, que se pierde en los hospitales, lo meten allí y lo sacan directamente para el manicomio. Pero como no pienso ir –salvo que Paulino me invite algún día y si me da una vueltita en el helicóptero, entonces sí voy–, me molesto en pensar un poco. Y cuando hago un repaso a la programación, me surgen infinidad de dudas, que siempre convergen en lo de ‘para este viaje no se necesitan alforjas’. Menos mal que todavía no me he apuntado a un Club de la Tercera Edad. ¿Tú te imaginas viéndome a mí en el programa del Robertito Kamphoff y rodeado de unos mil quinientos viejos más, siguiendo las instrucciones del ayudante del ayudante del ayudante del adjunto del sustituto del realizador para aplaudir a rabiar las gracias del susodicho?
Pues sí, se dieron autobombo hasta en el carné de identidad. Lo mejor, la intervención de Willy en la que daba las más efusivas gracias a los espectadores por la confianza depositada. Y por eso, sólo por eso, abría las puertas de su casa, de par en par, para que pudiéramos entrar y regoler todo lo que quisiéramos. Sí me queda pena por una cosa. La de no poder tener acceso a la sala de maquillaje. Chacho, saldría yo de allí como un chico de quince. Aquellos polvitos mágicos hacen maravillas, quedas lisito que da gusto, como el culito de un niño. Te borran hasta la barba. De las arrugas ni te cuento.
Bueno, qué les digo, ya estamos en Jueves Santo. Estoy medio molido porque estuve arrancando hierbas en una huerta de papas. Y lo mío, como muy bien saben ustedes, es más de ‘papa suave’. Es decir, una entrada diaria, retocar alguna cosita en el blog (por cierto, uno de los mejores de estos contornos y con un índice de fisgoneadores tan alto que ayer se jorobó el aparatejo de contar) y mucho descanso. ¿Cómo? ¿Puede Guillermo García, licenciado de la universidad de la vida (lo dijo otro), doctor en Ciencias de la Escalada (lo dijo otro alguien), catedrático en Hurtos y Desvíos (se llevo consigo a más de la mitad de Radio Club) y por qué no los eternos estudiantes? Hasta la próxima.