miércoles, 28 de abril de 2010

Jerónimo Saavedra


En el transcurso de una conferencia que tuvo lugar en el Club Siglo XXI, Jerónimo Saavedra, alcalde de Las Palmas, ha manifestado que es partidario de la reforma de la Ley electoral para permitir que en las grandes ciudades se pueda designar como miembros de la Junta de Gobierno a personas que no hayan formado parte de las listas electorales.
Una vez leída la noticia en Canariasahora.com, me dirigí a los comentarios y hallé para todos los gustos. Y no me extraña porque la medida tiene su enjundia. Reflexioné largo rato y cuando me senté ante el ordenador seguía igual de confuso que al principio. Si les soy sincero, y a estas alturas de la vida en que mis filias políticas están a la misma cota que las religiosas, veo muchísimos inconvenientes y muy escasas ventajas. Porque los personalismos del alcalde de turno pueden conducir a situaciones de muy difícil retorno. Ignoro la situación actual del ayuntamiento capitalino de Gran Canaria, pero como este próximo fin de semana pienso huir de los fuegos de artificio realejeros, lo mismo nos vemos, alcalde, en cualquier chiringo de Las Canteras, nos echamos una copa y conversamos un fisco. Lo mismo te convenzo para que me escribas el prólogo del próximo proyecto literario. Si no, tendré que decírselo a Salvador.
Digo –escribo– que no sé nada de las circunstancias que concurren en el Consistorio de Las Palmas, pero si extrapolo la medida al santacrucero, se me ponen los cuatro pelos que me quedan como tachas de cuatro pulgadas. Porque con la manada de incompetentes (políticos) que tienen Zerolo a su alrededor, el número de contratados puede ser superior al de los millones de Las Teresitas. Traigo esto a colación de la teoría sostenida por un servidor acerca de que no todos sirven para el menester de concejal. Y por lo que intuyo, tú me estás dando la razón. ¿Dónde estaría, Jerónimo, el tope de los que podemos ‘enchufar’ como miembros de la Comisión de Gobierno? ¿Qué pensarán los ‘desplazados’, que formaron parte de la lista y que, obviamente, se sentirán utilizados sólo para la captura de votos y ahora relegados a puestos de segunda categoría?
En mi pueblo es bien conocida la postura del responsable de este blog acerca de los inconvenientes de colocar en las listas al popular del barrio (vete tú a saber por qué) y al que más tarde debemos adherirle tres o cuatro auxiliares administrativos para que pueda disimular sus carencias. Yo sí creo, Jerónimo, que los partidos deben confiar más en quienes encabezan sus listas para que se puedan conformar equipos coherentes y formados. No me vale que, con posterioridad, pueda el primero de la tropa escudarse en aquello de que el partido me impuso a tal o cual. Pues eso se sabe de antemano, antes de las elecciones, y si no estás de acuerdo, quédate en casa.
Puedo entenderlo en algún caso excepcional. Pero para eso deberán estar las designaciones de cargos de confianza, de asesoramiento en determinadas materias, pero alguien que no cumple el requisito de haberse sometido al designio de las urnas, no lo veo legitimado para que adopte las decisiones ‘políticas’ que corresponde a quien dio la cara ante el electorado. Si ahora mismo ya encontramos a mucho vividor, cobrando generosa pasta gansa, que se escuda en cualquier pretexto (por ejemplo, las empresas municipales) para escaquearse más de la cuenta, uf, qué miedo me da tu propuesta.
Indicas que deberá ser para las grandes ciudades. Por aquí se comenta que el alcalde santacrucero anda rondando casi el centenar de asesores. Entre ellos deberá haber más de uno que a lo peor no sabe hacer la o por un canuto. Porque el partido (el que sea) impone que en caso de gobernar, todos para dentro. Pienso que quizás tú pretendas, precisamente, acabar con ello. Pero me temo que es salir de Guatemala para meternos en ‘Guatepeor’. No digo que haya pasado por tu cabeza, pero la ‘partitocracia’ podría derivar en el más peligroso de la autocracia. Sí, sé que estoy llevando el asunto a los extremos, pero la historia está ahí; no la he inventado yo, que dice la canción.
Pues, amigo, salvo que me convenzas (insisto, estaré en Las Palmas de viernes a martes), me temo que vaya a peor la mejoría. Hasta la próxima.