martes, 27 de abril de 2010

A la caza y captura


Los mortales comunes que nos podemos sentir afortunados, de vez en cuando, muy de vez en cuando, gozamos de la oportunidad de irnos un fin de semana al Sur, a La Gomera, o, con algo de suerte, un fisquito más lejos. Pero cuando lees, o escuchas, que este fin de semana pasado dirigentes de CC y PP se han desplazado hasta Venezuela para participar en actos públicos y reforzar así la situación política en aquellas tierras, cuna de un considerable número de votos, te entran ganas de… ir al baño.
Resta un año y un mes para la cita del último domingo de mayo. La que coincide con la romería de mi pueblo. Y ya el ganado ha comenzado su movimiento migratorio. Nada, vamos un momentito a Caracas, saludamos a unos amigos, les prometemos cualquier tontería y regresamos a seguir chupando del bote. De paso garantizamos las poltronas por otros cuatro años.
Pues sí, amigos, se ha iniciado el riego del vivero americano, fundamentalmente venezolano. Paulino y Soria, Soria y Paulino, mueven ficha y remiten a sus peones, que como cartas al uso alcanzarán los hogares con hogazas bajo el brazo (como decía mi abuela, más que sea sudados; me refiero al pan; bueno, el sobaco puede que también). No importa que en esta próxima contienda se vuelvan a destapar chanchullos y trafullos, que cuando la justicia actúe, que me quiten lo bailado. Ahí hallamos el caso de Las Teresitas dando tumbos de Canarias a Madrid y de Madrid al… carajo. Un poco más allá encontramos a la singular Lanzarote cubriéndose de… mierda. Fíjate tú que van a la cárcel a detener a Dimas. ¿Pero no era ese tal Dimas el buen ladrón del que me hablaron en la escuela? Menos mal que yo soy de Nazaret (Jesús), porque él es –o reside esporádicamente en Tahíche.
No hay culpables, no. No hay crisis, no. Viajemos contentos y felices porque un puñado de votos puede cambiar los destinos. Sobre todo en islas en las que el censo electoral es tan pequeño como lo es su territorio. Los traslados saldrán, casi con toda seguridad, de las cuotas que aportan los respectivos afiliados. Y un jamón. No, de las limosnas obtenidas en los otros peregrinajes de las altas esferas gubernamentales de estas ínsulas ultraperiféricas. Y otro jamón. No, de las reducciones y recortes habidos en diferentes consejerías, merced a la buena gestión de quienes se hallan al frente de las mismas y bla, bla, bla. Sí, sí, sí, eso sí, sí, es así.
Fue Venezuela salvación tiempo ha. Cuando nos moríamos de hambre y nos lanzábamos a la mar en frágiles embarcaciones, equipados con una estupenda maleta de cartón en la que un par de kilos de gofio era todo el bagaje (material) para tan larga travesía. En la actualidad vuelve a ser la otrora Octava Isla la tabla de salvación de Paulino, Claudina y resto de ganado romeril (con mis respetos a las yuntas debidamente ‘matriculadas’).
Se abrió la veda. Ha comenzado el periodo de caza y captura. El disputado voto del señor Cayo, que retratara Delibes. Pero a nuestro estilo. Llevándoles unos vasos de vino y unas perras de chochos. Echándonos un buen envite y brindando por la Virgen de Candelaria, porque la permanencia del Tete está algo más que jodida. Algo, menos mal, en el debe de nuestro presidente, salvador “ermitaño” y sauzalero en la “concepción” de la nueva singladura futbolera.
Vámonos, pues, todos para Carabobo, que aquí se quedan los tocayos. Cuando regresemos ya arreglaremos cuentas. A lo peor un día nos enteremos a cuánto nos sale cada voto del más allá, incluyendo traslados, cuchipandas, llamadas telefónicas, los detalles del bien quedar, las subvenciones a las Casas esparcidas por la tierra de Bolívar…
Oye, Paulino, ¿hay helicópteros de largo alcance? Chacho, me entró una manía.
Hasta mañana.