martes, 20 de abril de 2010

Volcán


Cuando el pasado viernes llegué al aeropuerto de Lanzarote, el avión debió ‘aparcarse’ lejos de la terminal, pues había exceso de aeronaves en aquellas instalaciones. El piloto así lo comunicó y nos llevaron en guagua, cuando el recorrido, normalmente, se hace a pie. La culpa era del volcán islandés Eyjafjalla, que como bien saben ustedes se ‘calentó’ con la campaña de Rita Martín (conejera ella también) y está de un erupcionado perdido. Antes de regresar el domingo, me di un paseo por la terminal 1 y al observar la pantalla con los vuelos, tanto de entradas como de salidas, salvo un par de ellos nacionales, para el resto, cancelación al canto. Si mi suegra decía que “barco parado no gana flete”, de llegar a ver estos reactores inactivos y debidamente estacionados por lo que sucede a miles y miles de kilómetros de distancia, ignoro, de verdad, qué le hubiera pasado por la cabeza.
Como uno ha escuchado, y leído, estos días comentarios acerca de si los recientes movimientos sísmicos importantes son el preludio de ‘algo’, verbigracia, una erupción volcánica de cierta relevancia, se cuestiona, con cierta candidez e ignorancia, que si ello acaeciera en Canarias, qué consecuencias implicaría para el desarrollo económico de estos peñascos. Insisto en que si el fenómeno se excede del potencial reclamo turístico que supondría unos ‘escupitajos lávicos’ de menor porte. Porque si Islandia está donde está y ha sido capaz de paralizar media Europa, ya me dirán lo que nos ocurriría aquí en Canarias si al Teide le diera por menear un fisco sus entrañas. Ni pensarlo quiero. Si uno recorre Las Cañadas o el Malpaís de la Corona, cierra los ojos e imagina cómo era el panorama cuando aquello estaba calentito… Quita p´allá.
Los Realejos, mi pueblo, es limítrofe con Puerto de la Cruz y ayer leí que la otrora Ciudad Turística ya se había ‘blindado’ ante la posibilidad de que ocurran catástrofes naturales. Por lo que, obviamente, estoy algo más relajado. Con coger el coche y cruzar la línea divisoria, tendré garantizado el embarque. Déjate de bromas, déjate de bromas. Aquí en estos peñascos dependemos en todo de fuera. Y como la corteza terrestre se sacuda un poco, ni la independencia de quien tú sabes nos va a garantizar los garbanzos. Si cuando la mar se pone un fisco brava, El Hierro corre el peligro de desabastecimiento en unos cuantos días, qué no pensar si la situación se complica algo más allá de lo previsible. Yo quisiera especular en que mi nunca bien ponderado y amado jefe Paulino lo tenga todo bajo control, pero ¿y si no fuera así? Cruz perro maldito, que decía mi abuela.
El volcán islandés sólo, y no es poco, ha expulsado humo (sí, ya sé, con todos sus componentes raros), pero por estos lares ni los científicos se ponen de acuerdo. Carracedo dice una cosa y Nemesio lo rebate. Y nosotros, ignorantones perdidos, ¿a quién de los dos hacemos caso? ¿Para dónde corremos cuando la lava esté a un par de palmos? ¿Se acuerdan de los gases de Benijos, en lo alto de La Orotava? Que si eran de la quesería, que si eran de no sé qué, que si eran de no sé cuántos.  Unos dicen que ya toca y  los otros que eso no se puede predecir. ¡Ay, cómo se mueva ligeramente la nave en la que flotamos en este océano nuestro, los procesos diarreicos van a ser generalizados! Eso sí, la lava no dejará rastro, lo ‘limpiará’ todito.
Algún preclaro estadista anda soltando que la tardanza en la salida de turistas que se han visto imposibilitados en sus vuelos de regreso, nos favorece. Creo que la más contenta es la propia consejera de Turismo por el aumento en las pernoctaciones. Sigan jugando con fuego, y nunca mejor dicho. Observando cómo resuelven ustedes los problemas ‘interinos’ (pregúntenselo a los docentes), ante un ‘afer temporal’, como puede ser un siniestro de los que la naturaleza nos remite de vez en cuando, no quisiera ser protagonista de la aventura pues me temo que sus señorías cobrarían las dietas y se echarían a correr en busca de su medio de transporte. Espero fervientemente que no haya helicóptero para todos y que algunos deban acompañarnos a los que habremos de hacer el recorrido a pie. En una romería diferente, Paulino, y me encantaría poder saludarte –espero que vaya Rita asimismo–, con tu mochilita a la espalda… ¡Qué bonito! ¡Qué paseo más turístico! ¡Y nos entrevistarían en la autonómica!
Hasta la próxima.