lunes, 24 de mayo de 2010

Concejal "rayador"


Hubo una vez cierta ciudad tinerfeña que fue paradigma en el sector turístico. Pero no se sabe bien si por culpa de la crisis (económica y política) o vaya usted a saber qué razón, el hecho es que inició un retroceso impresionante. En el ambiente se respiraba un tufillo medio raro. Los aires marinos no eran capaces de disiparlo. Allá por El Penitente se mascaba el encono. Allí, en el salón de plenos, cada reunión se convertía en un “y tú más” difícilmente explicable en una simple entrada de un blog. Cualquier motivo era válido para echarse en cara las vergüenzas. Hicieron acto de presencia las mociones de censura y los comentarios soeces y chabacanos eran moneda corriente de cambio. Los medios de comunicación (es un decir) se hacían eco de la anormal situación y alguno, incluso, se sumaba a la fiesta. Eso, leña al mono que es de goma. La libertad de información era interpretada a ojo de buen cubero. Abogados de chaqueta y corbata y picapleitos de poca monta argumentaban encumbradas intervenciones con lo de ‘me contaron’ o ‘a mí me lo dijeron’. Eran las nuevas corrientes filosóficas y literarias que llegaron de allende los mares. Como en los años idos en que la ciudad fue una esponja.
En ese contexto atípico surgió indeterminado concejal que, una vez fue desalojado del chiringuito que regentaba cuando pertenecía al equipo de gobierno, quiso declarar la guerra por su cuenta al supuesto enemigo. Y se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Tú me das, yo te doy. Tú me dices, yo no me callo. Tú me insultas, yo también sé. Soluciones, como se atisba, muy ‘democráticas’, encaminadas a la paralización de las posturas ‘dictatoriales’ del contrincante.
Una noche, qué raro, vio los cielos abiertos. Aprovechó las tinieblas de La Villa (Isaac, pon más bombillas) y juró vengarse. Tras los calificativos de rigor, calco de los que él también recibió (ley del talión), punzón en ristre, cambió por unos instantes el eco adormecido de unos zapatos en el empedrado de vetustas calles, y… ¡a rayar!. Dicho y hecho. Pero lo trincaron. Una autoridad (llegó a ser alcalde accidental por unos días) portuense, representante público de una población que no se merece estos desmanes, que es “pescado” infraganti (La Orotava) justo cuando se dedicaba a rayar un coche. Genial, portentoso, plausible.
El juzgado ha dictado sentencia. Condenatoria, por supuesto. El partido socialista sigue exigiendo responsabilidades al resto de formaciones políticas y pidiendo dimisiones a mansalva. Pero no quiere mirarse el ombligo. La secretaria general de la agrupación de Puerto de la Cruz, tan crítica con las actuaciones de Marcos Brito, sigue callada a día de hoy. Y Lola, a la que aprecio, por qué negarlo, deberá estarse preguntando, si uno puede encabezar una lista con una tropa así detrás. Y no me achacará el que no se lo advertí tiempo ha (más sabe el diablo por viejo…). Sí, no todos valen para ser concejales y manden las cuotas para cierto sitio. Que si las juventudes socialistas (guárdenme un cachorro), que si el equilibrio entre géneros… Y una mierda espichada en un palo. Mucho sociolisto es lo que hay. Y todos a la espera de un puesto. De lo que sea, que soy muy válido para todo. Hasta para rayar coches con nocturnidad y alevosía. Qué ejemplo. Otro garbanzo negro para sumar a la lista de desaguisados que han hecho historia, triste y lamentable, de (y en) Puerto de la Cruz.
Ha pasado casi una semana. No tengo conocimiento de que Ángel Jonay Rodríguez López haya tenido la dignidad de largarse, de esfumarse, de esconderse debajo de una piedra. No, ahí continúa. Como ejemplo a imitar, como emblema de una juventud preparada. Quizás necesite ir al diccionario y observar que raya tiene, además de la dosis de droga en polvo, otro significado que nos viene como anillo al dedo: término o límite que se pone a algo, tanto físico como moral. Y como te has pasado de la raya, Jonay, ¿a qué esperas?
Quisiste jugar a lo que no debiste. Quisiste emular a quien te puso en solfa. Quisiste batallar con armas de destrucción masiva. Quisiste, en suma, sumergirte en el lodazal. Y saliste pringado porque te trincaron con las manos en la masa. ¡Ah!, la justicia es imparcial y ahora se juzgaba una acción concreta. Por supuesto que tan deleznable como las que tú pretendías enmendar. Pero a un político se le presupone, como mínimo, dos dedos de frente. Espero que lo hayas entendido. Y mi objetividad no supone dar carta de naturaleza a otros excesos verbales. Ni justificarlos, porque flaco favor está haciendo a la democracia este ¿periodismo? de lenguas retorcidas y viperinas y ejercido por sujetos sin entrañas y de más que dudosa calaña. ¿Preparación? Adiós esteeee….
Para María Jesús Ferrer un consejo: en hechos como el relatado es donde se demuestra la verdadera valentía política. ¿Cometió, acaso, mayor delito Jaime Coello? Lo escribí hace unos días: Quo vadis, PSOE?