miércoles, 26 de mayo de 2010

Presunción de inocencia


El artículo 24 de la Constitución Española recoge que “todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión”. Y “asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y a la asistencia de letrado, a ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia. La ley regulará los casos en que, por razón de parentesco o de secreto profesional, no se estará obligado a declarar sobre hechos presuntamente delictivos”.
He podido leer también que “el principio de la presunción de inocencia es uno de los ejes fundamentales del Estado de Derecho y como tal está sancionado constitucionalmente. Jueces y Tribunales deberían ser los celosos vigilantes de un sistema de garantías conquistado con sangre y sudor y, en consecuencia, con responsabilidades por su gestión”.
Todo eso lo tengo meridianamente claro. Pero me asalta una duda: ¿hasta cuándo es uno presuntamente inocente? Porque si existe una sentencia condenatoria, aunque ésta sea recurrible, ha sido una autoridad ‘competente’ la que ha dictaminado y ha señalado que de inocente nada de nada. Por supuesto que el juez está sujeto, como todo hijo de vecino, al error. Pero no es menos cierto que fallos en la instrucción de algunos sumarios han dejado en libertad a más de un golfo. Y en estos aspectos los propios juristas no se ponen de acuerdo.  Por lo que, doctores tiene la iglesia. Lo que ya no debe ser tan normal es que un político condenado, independientemente de todos los recursos habidos y por haber, siga agarrado al cargo. Mientras unos se echan a un lado para no dañar o manchar la imagen del partido –eso dicen–, otros alegan que hasta que la condena no sea firme… Añadan el enésimo patinazo zapateril (hasta en el BOE), las reducciones sorianas, el eso no toca riveriano, los rezos peperos de catecismo cual tabla de multiplicar, y, eso, sigan tocándonos bemoles y sostenidos. ¿Tú te acuerdas de la desintegración de UCD? Yo sí, perfectamente. No sé, pero la situación actual pinta mal.
Asimismo leí el siguiente párrafo: “Los derechos a la libertad de expresión y a la libertad de prensa, aún teniendo categoría de derecho fundamental, no lo permiten todo, tienen sus límites. La injuria, la calumnia, la agresión al honor de un ciudadano, son figuras jurídicas perfectamente tipificadas en nuestras leyes, y la libertad de expresión utilizada con frivolidad o aún peor, con intencionalidad y tendenciosidad, constituyen burla, manipulación y en definitiva una actitud prevaricadora, por semejanza, de quien con ese criterio actúa”.
Cuando partes activas de esa justicia, en abstracto, como pueden ser los abogados, se prestan a los juegos peligrosos descritos en el párrafo anterior, al ciudadano de a pie, tú y yo, sólo nos queda la opción de subirnos al carro de los despropósitos, criticar en buena lid estos desaguisados o pasar olímpicamente del tema. Creo que con este blog me he decantado meridianamente por la segunda opción.
Este aparente deslavazado comentario viene a cuento por la nota informativa dada a conocer por un concejal portuense, en la que intenta –vano intento– defenderse ¿de qué? Ya tuvo la oportunidad de hacerlo en el juzgado y si a alguien debe echar la culpa será, en todo caso, a la jueza que lo condenó. A mí que me registre. Me imagino que le habrás dicho que tú no fuiste, pero no debió creerte. ¿Por qué debo yo, entonces, pensar que tú no rayas coches?
En mi época teníamos una carta de dimisión firmada en blanco, para que a la primera metedura de pata… ¡a la calle! Y una declaración de bienes (qué utópicos éramos) en poder del secretario del ayuntamiento y otra en manos del secretario general de la agrupación local. ¿Qué ha cambiado? Demasiado. Ya dispongo de varias etiquetas de ‘anis del mono’ para introducirlas en los sobres en mayo de 2011 (ayuntamiento, cabildo y parlamento). Los partidos convencionales no me inspiran demasiada confianza. Al menos entre animales nos entendemos. Procuren, a pesar de todo, ser felices.