lunes, 17 de mayo de 2010

Quo vadis, PSOE


He tenido la oportunidad de leer una ‘carta abierta’ de Alfonso Cortés González, profesor de Comunicación Política en la Universidad de Málaga, al Presidente del Gobierno, don José Luis Rodríguez Zapatero. De la misma rescato los siguientes párrafos:
Estamos de acuerdo en que hay que recortar el déficit, y que ello generará más confianzas en el mercado. La cuestión que diferencia a la izquierda y a la derecha actualmente es el cómo. Al final, usted ha hecho lo que manda la lógica conservadora: que los de abajo paguen la fiesta, vicios y excesos de los de arriba. Porque, un auxiliar administrativo es un funcionario, pero no es un alto funcionario, señor Zapatero, es un currante, al igual que un bombero o un empleado de banca. Entonces, ¿por qué tiene que pagar un policía, un cartero o un maestro de su bolsillo los números rojos de los compadres de Díaz Ferrán? La respuesta es sencilla: porque a este gato es mucho más fácil ponerle el cascabel. Pero que sea más fácil pagar menos a un currante del Estado que controlar el fraude fiscal (para recortar los gastos públicos, por ejemplo), no es sinónimo de que sea adecuado y mucho menos que sea más justo, sino todo lo contrario. Además, estas medidas, señor Zapatero, pueden contraer el consumo al afectar a más de 11 millones de personas, una gran parte de los cuales apenas superan los 1000 euros mensuales, y otros ni llegan.
En mi opinión, existe todo un abanico de medidas y posibilidades que podría (puede) haber elegido para combatir la diferencia negativa entre ingresos y gastos de las cuentas públicas. Repaso cinco, que sin ser economista, se presentan más justas para los ciudadanos y para el ideal socialdemócrata que las adoptadas por usted: la primera, sería recortar el gasto militar en Afganistán y en las otras implantar el impuesto sobre el Patrimonio (suprimido en nuestro país). La tercera, aumentar los impuestos a las rentas más altas. La cuarta, no hacer medidas universales en el reparto de dinero público (dar 2500 euros a Botín y a Pepe el carnicero por el nacimiento de su hijo) sino repartir el dinero en función de las necesidades y poder adquisitivo de los ciudadanos, y la quinta, suprimir los cargos de confianza políticos, como por ejemplo la ex gerente del Palacio de Congresos de Málaga (nombrada por el popular Paco de la Torre) que cobraba 200.000 euros al año (el doble que usted). De este tipo de cargos quedan muchos en la geografía española.
Como suscribo, íntegramente, todo el texto en cursiva, me pregunto que hacia dónde camina este partido socialista. Si su imagen coincide con la de su secretario general (trastocado de amplia sonrisa a gesto compungido), no me digan más. Qué tumbos, caballeros, ni los envidos con los equipos once a once. Güenos mal –que diría el amigo– que el partido popular (hoy voy de minúsculo) no las tiene todas consigo (carga, además, con otras crisis, aparte del líder). En fin, mi agnosticismo se acrecienta.
Otra perla: el alcalde de Candelaria se marcha de la Fecam (Federación Canaria de Municipios) porque, eso dice, ha perdido este organismo, del que era vicepresidente, su carácter reivindicativo. Y deberá ser, entiendo, una opinión muy personal, porque quien lo viene a sustituir es su compañero de partido y alcalde de Guía de Isora. ‘Mi no comprender’ absolutamente nada. No discuto que José Gumersindo pueda tener razón (es más, creo que la tenga, porque las reivindicaciones, con carácter general, duermen el sueño de los justos), pero parece que Pedro (el de Guía) no opina lo mismo. Si ésa es la imagen de coherencia que a toda formación política se le supone, guárdenme un par de cachorros. Entre todos, poco a poco, acabarán por conseguir la unanimidad en la opinión pública, aquello a lo que me he negado sistemáticamente, pero se han empeñado en que yo también cambie de opinión. Sí, lo de “todos son iguales”. ¿O puedo pensar otra cosa viendo este patio?
¡Jolines, vaya comienzo de semana! Espero que se tuerza. A mejor, hombre, a mejor.