miércoles, 23 de junio de 2010

No sabe, no contesta (y 2)


Si uno en la vida no es capaz de aceptar buenos consejos –que los hay– y de ‘copiar’ aquellas iniciativas –que también las hay– que se sujetan, simplemente, al sentido común, malo, malo. Y si concurre el añadido de político, peor. Viene esto a cuento de que un buen amigo propone lo siguiente:
Fijar los sueldos de los políticos en base a criterios poblacionales y de presupuesto u otras variables, cuyas cuantías no han de superar las cantidades percibidas por el trabajo habitual, más una cantidad razonable para los gastos inherentes al desempeño del cargo, así como limitar el número de cargos electos, asesores o de confianza con dedicación exclusiva, según municipios, cabildos o comunidades autónomas.
Reducir el número de parlamentarios, tanto nacionales como autonómicos en número a determinar para conseguir, no sólo la reducción de gastos, sino mayor operatividad, pues no es entendible observar una reunión de cualquier comisión con un número elevado de miembros donde la palabra la toman solo los distintos portavoces, mientras el resto lee el periódico.
Aplicar una verdadera ley de incompatibilidades que impida a todos los cargos electos ejercer distintas profesiones remuneradas.
Eliminar el actual Senado al ser una Institución desconocida para la mayoría de los ciudadanos, cuyas funciones actuales son cuestionadas por quienes han ocupado  y ocupan en la actualidad uno de sus sillones y por el enorme coste económico, que supone su mantenimiento, para el presupuesto del Estado.
Y podemos añadir, para ser consecuentes:
Mancomunar servicios y/o reducir el número de ayuntamientos, suprimir gratificaciones y sueldos por haber ejercido cargos (los que sean), estudio profundo del sistema competencial para evitar solapamientos (y que el ciudadano se entere de una vez a dónde debe dirigirse o a quién echar la culpa cuando se sienta ninguneado), teles y policías autonómicas…
Si ustedes tuvieran la oportunidad de repasar todas las entradas de este blog –no hagan semejante locura–, comprobarían que muchos de mis ‘tiros’ coinciden con los aquí expuestos. Y me quiero imaginar que habemos más. El problema es que muchas veces, a lo peor por falta de medios que no de ganas, no exteriorizamos pensamientos y pareceres. De ello también se aprovechan los políticos.  Vaya que sí. Son artistas del malabarismo.
¡Ah!, recuerdan de ayer lo del panfleto crusantero (o cruzantero). Si el problema  era, única y exclusivamente, el informe verbal del interventor, no pudo el alcalde pagarle una hora extra para que lo redactara por escrito. ¡Ay!, Oswaldo, si tú quieres pensar que somos tontos, hazlo sin rubor alguno. ¿Qué problema tenías en convocar otro pleno extraordinario? Y lo de la nefasta gestión socialista en el gobierno de  Madrid, cuéntaselo a Oramas y Perestelo. O a Soria en Las Palmas (para que vaya a quejarse a Génova, porque aquí le interesa no soltar la teta). No sé si es miedo o una huida hacia delante. Pero se nos avecina un año entretenido. Temas no me van a faltar.
Acabo: siento asco y me dan náuseas el escucharles manifestar que Miguel Ángel Regalado es de Santa Úrsula. Miren, nacionalistas de pacotilla, ¿cambió nuestro alcalde actual su lugar de nacimiento en el DNI? ¿Lo parió la madre en la sede de Coalición Canaria en Caracas teniendo como sábana en la camilla una bandera con las siete estrellas verdes? ¿Y Ángela Mena nació en el Centro de Salud de Ravelo? ¿Pongo ejemplos del propio comité realejero de CC? Si restan once meses para la cita electoral, cuando alcancemos el periodo de la campaña, ¿con qué nos van a sorprender? Cada cual tendrá las ideas que crea convenientes y que su real saber y entender le haya puesto delante de sus narices, pero lo de ustedes es denigrante. Solo merece nuestra aversión y repulsa. Sigan así y ni la Cruz Santa los va a salvar. Porque los cruzanteros (o crusanteros) serán cualquier cosa menos bobos.
Hasta mañana.