lunes, 7 de junio de 2010

Pinceladas periodísticas


De la lectura –más bien ojeada– de la prensa de ayer domingo tomo prestadas tres pinceladas para el comentario de este inicio de semana. La primera sale del artículo dominical de Alejandro de Bernardo, porque suelo coincidir con él en sus atinadas opiniones acerca de lo que acontece en el campo docente, en el sector de la educación. Lo tituló “Que se metan la huelga por…”, y rescato el siguiente párrafo:
Yo no pienso ir a la huelga. Ya me han rebajado el sueldo. No estoy dispuesto a regalar otros cien euros para que encima beneficie al partido que fue incapaz de aprobar en el Parlamento las medidas que eran y son imprescindibles para afrontar el problema. Que sólo quiere el poder y que cuanto peor vaya el país mejor para ellos. Así que desde la serenidad y la responsabilidad, sí voy a pedir a quien corresponda que busque la manera de rebajar el gasto inútil, que se cobren más impuestos a los pobrecitos ricos, que se eliminen los privilegios de "esos pocos" que no trabajan ni piensan hacerlo porque no les hace falta.
Tengo la impresión de que un elevado porcentaje de la ciudadanía coincide en el planteamiento para poder solventar la etapa de crisis que sufrimos. Menos los políticos, por supuesto. Ayer, casualidad, también lo comentaba con otro amigo docente. Y nadie con poder decisorio quiere abrir los ojos para, de una vez por todas, meterle mano a eso denominado administración pública. En la que, obviamente, está incluido el funcionariado, pero no única y exclusivamente. Se solapan competencias entre las instituciones. Ni puñetero caso. Criterios bien dispares en sueldos de políticos y toda una cohorte de enchufados. Ni puñetero caso. Empresas tapaderas de mil chanchullos. Ni puñetero caso. Sueldos y pensiones por haber sido tal o cual. Ni puñetero caso… Y así hasta casi el infinito.
Lo más, medidas del bien quedar (supresión ‘provisional’ del boletín municipal, reducción del 5% del sueldo que se habían incrementado años atrás en un porcentaje mucho mayor…), pero acometer una reforma en profundidad… ¡un jamón! Si ustedes no pueden, inútiles, cojan a unos cuantos jubilados –yo me presto– que le hagan el estudio, para que sus “eminencias” no se suden los calzoncillos. Y luego me salta el también enchufado del Martín Marrero, portavoz gubernamental, hablando de las comidas espartanas de Rivero. Sí, en el helicóptero y por falta de espacio, no me jorobes.
La segunda procede de las respuestas de los tres alcaldes del Valle, que se manifestaban sobre la situación del Norte. El mío, el de mi pueblo, no dijo esta vez que se hallaba a lo que su partido decidiera, sino: "Yo estoy disponible, con ganas y tengo el respaldo de la gente", sentenció Oswaldo Amaro. Pues yo no lo tengo tan claro, pues se ausenta usted demasiado. Y a los hechos me remito (incluyo sesiones plenarias). Claro que ahora me saltará Nieves, la portavoz del grupo coalicionero, para señalarme que es que tiene que hacer muchas gestiones fuera. No se olviden de que antes de fraile fui monaguillo y algo del entramado conozco. Y si quieren, comparamos medios con los que nos desenvolvíamos en aquel entonces. Permítame una pregunta: ¿qué gente es la que lo respalda, Oswaldo? Yo no sería tan osado, máxime cuando los que le rodean parecen almas en pena con esto de la crisis, aunque todos siguen cobrando, y bien, a fin de mes. Incluidos asesores, secretarios, jefes de gabinete… ¿Será eso (€) lo que los mantiene y no usted? ¿No estará confundiendo respaldo con mero (€) interés?
La tercera: “Un incendio en un garage provoca la evacuación de un edificio en Gran Canaria”. La negrita del singular local destinado a guardar automóviles la he puesto yo, pues me parece adecuado y correcto a través de este ‘mensage’ rendirle un ‘homenage’ con un buen plato de ‘potage’ a todo este ‘linage’ por realizar tremendo ‘encage’… Chacho, me entró un ‘corage’.
Se escriben con j las palabras que terminan en -aje, -eje, menos ambages, enálage, hipálage, protege.
Hasta mañana, y tengan ustedes un feliz y ortográfico comienzo de semana. Vayan por la orillita, no sea que los trinque la crisis.