domingo, 15 de agosto de 2010

De fotografía por La Gomera


Empiezo con un inciso. Me imagino que no debe ser muy correcto, pero permítanme la licencia. En la ilustración de la entrada del pasado viernes hice una composición con los logos de los tres partidos políticos que tienen representación en el ayuntamiento realejero, y si te fijas bien, dentro de la chapuza de unirlos con el Corel, no me quedaron tal mal: el PSOE escorado a la izquierda, CC más o menos en el centro (eso dicen) y el PP con la gaviota revoloteando hacia la derecha. Y ya que me voy para La Gomera, en Playa de Santiago escuché una vez el vocablo “gavioto”.
Una consideración previa: no vayas a La Gomera y pretendas verla en un día. Tengo un amigo que me alquila una plaza de garaje para guardar el coche en La Villa, que se “molesta” si no es por más de tres o cuatro días. Y me parece bien. Por cierto, me alojo siempre en San Sebastián. En los apartamentos de mismo nombre. Desde hace, a buen seguro, más de quince años. Si me atrajera la pesca, lo haría, probablemente, en Santiago o en Gran Rey. Desde la capital tienes abiertas más opciones para trazarte rutas. No te preocupes, vas a ir en tu vehículo, pero es conveniente patear algo.
Tengo dos experiencias tristes relacionadas con esa isla. En 1995 y 2001 tuve que volverme el mismo día de la llegada por las repentinas muertes de mi suegra y mi madre, respectivamente. Estuve chungo un tiempo en el que no me atrevía volver a visitarla. Afortunadamente pude superar el trance y retomo la inveterada costumbre al menos una vez al año.
En cuestión de comidas reconozco no ser de los que viven para ello, más bien me alimento para vivir. Recalo mucho por Chipude. Y es en Casa Sonia donde repongo fuerzas. En dicho establecimiento, que cuenta también con alojamiento, hacen un alto en el camino los turistas que bajan hacia su destino en Valle Gran Rey, una vez efectuada la pateada pertinente. Porque La Gomera es isla de senderos y naturaleza mágica. Conozco algunos y he transitado bastantes. Recuerdo una ocasión en que después del almuerzo de rigor, paramos en El Contadero (mi mujer y yo) y bajamos caminando hasta Las Mimbreras y la ermita. Tras el descanso pertinente, regreso en busca del coche. La subida no es tan agradable como el descenso. Deben ser cosas de la edad. No debí hallarme, en ese instante, demasiado agotado, porque al parar en la zona de Los Roques, le indiqué a la ‘parienta’ que bajara a Santiago, entrara por la carretera del barranco y me esperara por Pastrana. Agarré el itinerario desde Agando hasta Benchijigua, seguí hasta Lo del gato y brincando piedras y rocas llegué a mi destino. “Más nunca”. Al día siguiente casi no bajo las escaleras de los apartamentos. Más molido que un zurrón después de la época de romerías.
¡Ah!, la cámara siempre contigo, porque siempre hallas algo que te sorprende. Aunque lo hayas visto en infinidad de ocasiones. Flora y fauna son constantes en el peregrinaje paisajístico. Debo tener centenares de fotos con palmeras, cardos, musgos, mariposas, pinzones, cernícalos… Y El Teide siempre visible. En Tenerife discutimos acerca desde dónde se contempla mejor visión del pico más alto de España (perdón, don José, sigo sin tener muy claro lo de la independencia). Unos mencionan La Guancha, otros Icod, y así. Pero yo me decanto por La Gomera. Puede ser Agulo, Chijeré o la zona recreativa de Las Nieves (gracias Nicolás por la aclaración).
Subir a Garajonay, rememorar la leyenda y disponer de una buena climatología, puede ser otro ejercicio a memorizar (en la retina y en la tarjeta). Pero tienes, asimismo, Tajaqué, si las piernas te fallan ese día. O pasear tranquilamente por La Laguna Grande o el Jardín de las creces. O ir a Los Barranquillos y asomarte al impresionante murallón que, cual celoso guardián, vigila el caserío de Alojera. En los días claros, sube a la montaña, en Alajeró, y desde los alrededores de la ermita de San Isidro tiende la mano hacia El Hierro que se asoma diminuto en la inmensidad del Atlántico. También lo puedes observar desde Taguluche, allí donde falló la instalación de una embotelladora de agua, proyecto que dividió a la sociedad gomera (la de allá y la residente aquí) y que yo tampoco he entendido bien, sobre todo cada vez que bajo al barrio y contemplo mucho terreno abandonado.
No hay más espacio. La foto es de Chipude. Donde se celebra una de las mejores fiestas de la isla y donde existe un monumento natural impresionante: La Fortaleza. Lo dejo, porque me conozco y me enfogueto otra vez. Descansen. Y cuando lo hayan hecho, plantéense la posibilidad de irse al menos una semana para La Gomera. Si quieren, los puedo acompañar. ¡Chacho, otra vez!, ¿tú no la conoces ya? ‘Y jode padre con el fuelle’. A perdonar.