lunes, 23 de agosto de 2010

La Guancha: fastos y quejas


Allá por el mes de junio próximo pasado nos enterábamos por la prensa de que la demanda de ayudas sociales se había incrementado en La Guancha un 200% por lo que, a mitad del ejercicio económico, ya se habían agotado todos los fondos disponibles en el ayuntamiento para las emergencias sociales de 2010, según relató la alcaldesa guanchera, Elena Luis (CC). La mandataria nacionalista advertía de que "estamos en junio y ya no nos quedan fondos para más ayudas de emergencia. Estamos colapsados, pero la gente sigue llamando a la puerta del ayuntamiento".
Hace unos días escasos, y coincidiendo con los festejos en honor a la Virgen de la Esperanza, nos encontramos con la siguiente información: “La demanda de ayuda social de emergencia en La Guancha se ha disparado un 300% en lo que va de año, según lo ha revelado su alcaldesa, Elena Luis, quien apunta que los recursos están prácticamente agotados y que se negocia ingresos para llegar a final de año. La tasa de paro de un casi 20% de una población activa de 4.000 personas ha dado lugar a situaciones realmente dramáticas en muchas familias del municipio, una situación que no es privativa de esta localidad norteña”.
Reconozco que cada vez estoy más corto. Deben ser los años. Si cuando existía un incremento del 200%, se hallaban agotados los fondos, ¿cómo va a ser posible que con una demanda del 300%, los recursos estén “prácticamente agotados”? ¿El milagro de los panes y los peces o la esperanza me mantiene (dicho sea de paso sin dobles)?
Cada vez entiendo menos a los políticos. O tienen dos caras o tienen una sola pero se la pisan. Como la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias ha localizado la fórmula para salvar al sector y que con él despegue la economía de los peñascos (eso leí), como sigo observando demasiados terrenos sin cultivar (y La Guancha es un ejemplo), como no me cuadra que simultáneamente se produzcan enormes gastos en los festejos (en todos los pueblos), sigo pensando que todavía queda mucho gato encerrado. La gente aprendió a llorar en épocas de vacas gordas y cree que aún puede resultarle la jugada. Nos acostumbramos alegremente a despilfarrar cuando todo nos vino de cara. Nos convertimos en  nuevos ricos, pero no fuimos nada previsores. Dejamos trabajos porque entendimos que no estaban en consonancia con nuestra ficticia posición social. Y etc., etc., etc.
En la política ocurre como en la enseñanza, pero al revés. En el primer caso, la culpa es siempre del de arriba (Zapatero debe saber algo de eso). En el campo educativo, la culpa siempre es de los primeros niveles. Y ese toma y daca, así nos va. En las dos facetas. Y de ambas he sido partícipe. Los ayuntamientos (y cabildos) han pretendido competencias porque son los organismos más cercanos al ciudadano y conocen sus problemas de primera mano. Pero cuando no pueden resolverlos, le indican al vecino que la culpa es de Madrid, o como mucho, de Las Palmas (de Santa Cruz no, no sea que cojan la guagua).
Como de manera paralela a la crisis seguimos con las fiestas aludidas (en La Guancha, en Los Realejos, y en Villaconejos), hago un doble planteamiento: si son realizadas por el propio ayuntamiento (hay ejemplos, ¿o no?), ¿a qué esperamos para suspenderlas y destinar esos fondos a mitigar las causas de esos lloros lastimeros que parecen vender bastante y arañar, de paso, unos votos indecisos? Si son los propios vecinos quienes sufragan esos importantes desembolsos, menos lo entiendo. ¿O es que hay euros para fuegos artificiales (con una mano), y pongo la otra para compensar el dispendio con las ayudas municipales? ¿Cómo podemos mantener ciertos discursos cuando en La Laguna, por ejemplo, se han elevado protestas ante la posibilidad de reducir el gasto para los fuegos en la fiesta del Cristo? Todas las noches de este verano he persistido en la manía de subir a la azotea a cepillarme los dientes. Rara ha sido la oportunidad que no me ha coincidido con magníficas exhibiciones pirotécnicas en las dieciocho mil fiestas que puedo contemplar desde Icod el Alto hasta la Punta del Hidalgo.
Somos falsos y nos encanta engañar. Claro que hay problemas. Lo ha habido siempre y los seguirá habiendo. Pero la tele (algo positivo hay que reconocerle) ha hecho posible que seamos unos estupendos explotadores del morbo. Y en esa lista, los primeros son los políticos. Es una pena.
Concluyo: te habrás percatado de que no he hecho referencia a los fuegos del 3 de mayo en mi pueblo realejero, en los que jamás se sabe lo que se gasta, pero como es una tradición ¿religiosa? Sigue tú porque a mí me da vergüenza.