viernes, 20 de agosto de 2010

"La rentrée"


Se aproxima otro comienzo de curso y ya nos bombardean los medios de comunicación con la cantinela del enorme gasto que deben acometer las familias. Los telediarios han iniciado su campaña de promoción de los grandes almacenes, verbigracia El Corte Inglés. Las imágenes nos muestran a unas madres, con gesto compungido, poniendo el grito en el cielo ante el desembolso inminente. Los libros suben cada año, el uniforme que se le quedó chico, el calzado, los creyones, los “rotulas”, reglas, cartabones y compases, la matrícula (?), actividades extraescolares… Y mucho más fue lo que oí. No me invento nada. Es más, omito un sinfín de artilugios.
Como había leído hace apenas unos días que el cien por cien de los escolares que estudian educación obligatoria en centros públicos de la comunidad canaria se beneficiarán el próximo año del uso gratuito de libros de texto, me quedé patidifuso. Y pensando. Porque uno estuvo hasta hace bien poco en eso de la docencia. Y ocupando un cargo, secretario, que muchísima relación guarda con el tema de la gratuidad de los libros de texto. Por lo que sabe que los alumnos de 4º de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) se incorporarán en este próximo curso al programa puesto en marcha por la Consejería de Educación, y que, por lo tanto, recibirán los 135 euros de ayuda a principios de septiembre en forma de tarjeta electrónica. En total, unos 200.000 alumnos se beneficiarán ya de este programa.
Pero, según informó la directora general de Promoción Educativa del Gobierno de Canarias, Pilar Teresa Díaz, de esos 200.000 alumnos, unos 42.000 corresponden a escuelas concertadas, “ya que sólo 32 centros de los cien que existen en el Archipiélago han querido solicitar esta ayuda”. El entrecomillado es mío. Hecho a posta para destacar varios aspectos:
Las madres ‘quejonas’ –con perdón– deben tener a sus hijos matriculados en un colegio privado (que apechuguen con los gastos porque el ‘presumir’ tiene esos inconvenientes) o en uno concertado, incluido en los más de dos tercios (68 de 100) que no se acogieron a la medida propuesta por la Consejería (a lamentarse a la plaza). Lo malo es que desde el Gobierno de Canarias no se vigilan estos aspectos de los conciertos, en los que da la impresión de que hay centros que pretenden continuar con sus ‘negocios’ encubiertos y, como nos contaba el genial Gila, cobran por el desgaste del piso. Y este de los libros también lo es (un negocio). Vaya que sí.
No olvidemos que con estos libros que adquieren los padres con esa tarjeta en la que las Cajas depositaron los 135 euros, se hace un fondo que permanece en el centro durante los cuatro años que la ley establece. Y les puedo asegurar que en los centros que conozco (unos cuantos), para Matemáticas, Lenguaje, Naturales, Sociales e Inglés alcanzaba la cantidad citada. No podemos obviar, por otro lado, que hay departamentos que no utilizan libro de texto, por lo que se puede aún ‘jugar’ para adquirir otros materiales curriculares o libros de otras áreas. Algo del particular sabemos y hemos intercambiado opiniones con los libreros del pueblo en muchísimas ocasiones.
Me parece, pues, indigno que se persista en ‘vendernos’ la tragedia de la vuelta al cole como el instante de la existencia humana en el que hay que dejar de comer un mes para escolarizar al chiquillo. Tengo la impresión de que el carácter de previsora que tiene el ama de casa, pierde toda su razón de ser en el mes de septiembre. Con respecto a la uniformidad, manifiesto tajantemente que los centros públicos que la poseen es, llana y simplemente, porque los propios padres lo han demandado y el consejo escolar ha dado el visto bueno. ¿Hay algo más de por medio como en el caso de las fotos que se hacen un año sí y el otro también? No creo que exista margen de negocio suficiente como para pensar en posibles comisiones. Eso se deja para otras esferas y otros volúmenes económicos, de los que saben muchísimo más los políticos que los directores de los centros escolares.
Aprovechen que nos restan unos días de vacaciones. No hagan más traumático el retorno. Voy un momento a comprar un bolígrafo, pues al que tenía se le vació la “mina”. ¿Te acuerdas cuando la soplábamos? Ingenuos.