domingo, 8 de agosto de 2010

Notas escolares (1)


En la década de los veinte (siglo pasado) la enseñanza primaria seguía soportando los mismos problemas de siempre: las escuelas continuaban abandonadas, cuando las había; las metodologías, por llamar así la imposición de valores a través del castigo físico y al respeto suntuoso por el libro de texto, se mantenían igual de obsoletas [Un maestro manifestaba: Después de treinta y ocho años de servicio en el Magisterio, si se me preguntase cuál método prefiero de los tantos que he utilizado para la enseñanza de la lectura y la escritura diría: "el machaqueo paciente, es lo que en la práctica da resultado". (La Voz del Magisterio Canario, periódico profesional, 14 de octubre de 1922, número 2, La Orotava)]; la asistencia de los alumnos, cada vez más reducida –sobre todo en las zonas rurales donde los menores servían de mano de obra difícilmente reemplazable–, etc. Ni la educación ni la cultura se habían convertido en la diana hacia la que había que dirigir todos los esfuerzos, pese a las buenas intenciones de quienes criticaban a los responsables en la materia (?): la negligencia de las autoridades.
La mayor parte de los locales-escuela son inmundos focos de infección en los cuales los niños se hacinan, siendo lamentable el que los buenos deseos de las gentes se vean defraudados por la indiferencia de las autoridades, que nada hacen por mejorar las condiciones de los locales.
Los inspectores, que dependían del Ministerio, culpaban a las autoridades locales, y estas condenaban al Ministerio por no atender las carencias de personal docente adecuado.
Las denuncias por el abandono de las escuelas eran constantes, práctica habitual para muchos integrantes del colectivo. Muchas veces, producto de rencillas personales hacia los docentes.
En la inmensa mayoría de los casos, si no todos, tenemos los maestros de los pueblos rurales que chocar con las autoridades locales; unas veces por no aprestarnos a sus manejos políticos, y otras por que intenten introducir en los pueblos aquellos que más afectos son a su causa; persiguen ensañadamente a aquellos que, sin más miras que las del cumplimiento de su deber... Vedlos ahí, obstruída la facultad de pensar, obstruccionistas perpetuos del problema educativo, de ese problema grandioso de redención, cumbre y guía del futuro pueblo español. (Voz del Magisterio Canario, La Orotava, 21-octubre-1922, año I, número 3, páginas 3 y 4.)
Este periódico profesional orotavense (Voz del Magisterio Canario), fundado y dirigido por José Delgado Marrero, comenzaba su andadura con un certero y mordaz análisis de la realidad política, con una dura crítica contra quienes tenían la facultad de poner y quitar maestros a su antojo. De auténticos analfabetos sostenidos en las poltronas por representantes de dentro y de fuera, que obran ciegamente sus mandatos, porque no ven más allá de sus narices y no pueden precisar el incumplimiento de tantas palabras empeñadas a cambio de un número de votos que, sumados a otros y otros que otros tan incautos han de proporcionarles, implican un acta; y un acta es el término medio, un escalón avanzado en las gradas del Poder público. Y dentro de la provincia también hay aquel jefe intermediario del caciquillo con el cacicazo.
Los abusos de los propios maestros es motivo para que el inspector provincial, José M. Villergas, dicte una circular en 1922 y que da a conocer La Voz del Magisterio Canario (8 de noviembre de 1922, número 5, La Orotava): Con el fin de evitar los abusos que cometen algunos Maestros al abandonar sus destinos, alegando que carecen de local-escuela o de casa-habitación, y siendo falsas en muchos casos estas defensas que aducen para justificar su ausencia del punto en que tienen su residencia oficial, esta inspección se halla en el deber de recordar a todos que será inexorable en el cumplimiento de la Ley, y que de ningún modo se hallan autorizados para residir fuera de la localidad, excepto en períodos de vacaciones o cuando cuenten con permiso de la superioridad.
El semanario independiente Heraldo de Orotava (La Orotava, 5-noviembre-1922, año II, número 26, páginas 1 y 2) reproduce un interesante artículo –“Por la cultura canaria”– de José Cabrera Díaz, que había sido publicado en La Prensa. Con la visión de la lejanía, y viendo el panorama que ofrecían las islas, con ayuntamientos que parecían agencias electorales al servicio del cacique, islas enfrentadas en la contienda divisionista y la instrucción dejada a la buena de Dios, sostiene que deben ser los canarios de Cuba los que tienen que iniciar esa labor reconstituyente.
Sus buenos deseos y fundadas esperanzas se sintetizan en estas líneas:
Estas excitaciones no caerán, seguramente, en el vacío. Tengo la confianza de que no predicamos en el vacío. La semilla caerá en terreno fértil y abonado. Corazones generosos pondrán en ejecución esta iniciativa. Yo expongo el programa en sus bases fundamentales, hombres de inteligencia y de acción lo desenvolverán con éxito.
Fundar escuelas para la instrucción y educación de los niños canarios; y fundarlas con dinero de la colonia canaria en esta República: ese es el programa.
(finalizaremos mañana)