miércoles, 4 de agosto de 2010

Otra promesa


Voy a hacer otra promesa: solemnemente proclamo, por mi conciencia y honor, que por un periodo de tiempo que ni siquiera yo mismo podría cuantificar en este preciso instante, mi ordenador ha recibido la orden de volver a obviar cierto medio de comunicación impreso, adalid del independentismo insular (salvo Canaria), porque he notado en estos últimos días algún ardor de estómago, muestra inequívoca de sinsabores innecesarios. Lo que unido a otros desamores culturales, quizás ocasionen abatimientos y desazones bajo el tamiz de esta panza de burro agosteña.
En El Hierro (isla a la que he dedicado las nuevas décimas de mi rincón de las letras menudas) hay cierto mosqueo, enfado o pataleo porque el Cabildo, dicen, subvenciona a determinados periódicos digitales, con la consiguiente sospecha de posibles ‘y con esto cállate la boca y no se te ocurra criticarme’. Y ya se sabe: “pueblo chico, infierno grande”. Ay, aun criticando este proceder –de ser cierto, que entiendo que sí–, ojalá fuera esto y solo esto. Un simple repaso a las concesiones “graciables” de señalados departamentos gubernamentales produce escozores a mansalva. Y un asco que te cagas. Escatológico que me he vuelto.
El ministro de Trabajo amenaza a los parados que no acepten una oferta. Al respecto, he leído opiniones para todos los gustos. Uno, que jamás, afortunadamente, tuvo que ‘apuntarse’ en esa fatídica lista, se pregunta, no sin cierta ingenuidad, si cuando lo anotan no debemos especificar para qué valemos o los requisitos que cumplimos. Porque tengo la ligera impresión de que la cultura holgazana del españolito está más por la labor de “eso para el inmigrante”, que con los cancamitos voy servido. Sí, dime ahora que tú, como mínimo, no lo has pensado. Y de ahí para arriba, auténticas burradas. A buen seguro de que todos conocemos casos en los que han sido llamados más de una vez y lo rechazan. ¿Por qué? Alega tú las razones que estimes conveniente. Pero yo les pasaría una enorme raya negra con rotulador de punta gorda. Ni siquiera en época de crisis queremos olvidarnos de la ‘papa suave’. Y como los políticos temen perder votos con medidas impopulares, pégale siete, compañero.
José Miguel Pérez, Secretario General de los socialistas canarios, tiene cara de buena persona. Es más, me parece buena persona. Y dijo hace unos días que al PSOE tinerfeño le hace falta una renovación y que muchos se echen a un lado y dejen paso. Ño, José Miguel, lo vengo manifestando desde que yo era joven y con treinta y pocos formaba parte de una corporación local en la isla más grande, más hermosa y más alta de todo el archipiélago canario. Me marché en 1987. Echa cuentas. ¡Ah!, y nadie me ha vuelto a llamar. Más que sea para preguntarme por las tortugas. Una mierda espichada en un palo, p´a que me quites la silla. Mucho dinosaurio queda regado por ahí. Como tenga que ocurrir otro cataclismo climático para que desaparezcan (se aparquen), aviados vamos. Tú sabes perfectamente que en los partidos –todos– entra mucha “metralla”. Que medran que es un disgusto. Y alcanzan puestos de (ir)responsabilidad de los que luego no quieren desprenderse. Ni de coñas. Se agarran con más ventosas que el famoso pulpo adivino. Sí, como alguien lo bautizó: Paul(ino). Por ejemplo. Porque, ¿a dónde van a ir si jamás han estado en lugar alguno? Algunos transitaban por la universidad cuando accedieron al chiringuito y mandaron los estudios (si lo hicieron en cualquier instante, que lo dudo) para cierto sitio. En esos clubes selectos que son los partidos políticos, no se estila el derecho de admisión. Todos pa´dentro. Meses antes de las elecciones entran a borbotones. Respire por la izquierda, por la derecha o por el centro (ubica tú el orificio). Las carreras son meteóricas y sin periodos de prácticas. Con sueldos que aconsejan cambiar rápidamente la postura de una mano delante y la otra detrás por las dos en el bolsillo. ¡Ay!, cómo recuerdo aquello de los avales.
Como soy el “dueño” de Pepillo y Juanillo, y a nadie me debo ni a nadie nada debo, como jamás podré votar al PP ni a CC porque lo que brota de mis interiores íntimos de adentro me lo prohíbe, el que lo haga por el PSOE depende de estos arreglos. ¿Por qué nadie se ha preguntado dónde está toda esa gente que militó en el Partido y se marchó a sus labores sin hacer ruido, por qué no ha vuelto más y por qué sigue siendo más fiel que las lenguas viperinas que aún están en el círculo y disparan a la mínima que se les presente? Deberá ser la disciplina de partido. Hasta luego.