sábado, 28 de agosto de 2010

Periodistas


El ejercicio de la medicina lleva implícito el reconocimiento de una dilatada trayectoria de estudio y preparación previos. Idéntico planteamiento podemos aplicar a otros muchos colectivos: arquitectura, ingeniería, farmacia, docencia… El añadido podría ser enorme. Pero el periodismo es capítulo aparte. Porque aun siendo cierto el que existen grandes profesionales en este campo que no cursaron específicamente la carrera de periodismo, en cualquiera de sus modalidades, no podemos soslayar el enorme intrusismo que hallamos en torno a este gremio. Me atrevo a más: la osadía y atrevimiento de mucho advenedizo.
Un significativo ejemplo lo encontramos en el amplio espectro de la televisión. No ya de manera exclusiva en las denominadas locales, sino que la caterva de energúmenos que se establecen en torno a una ‘mesa redonda’ en cualquier sobremesa, y no precisamente veraniega, para discutir de las desviaciones sexuales de los cangrejos machos del río Amazonas, es un espectáculo digno de encuadernar. Y como la regulación legislativa del mercado audiovisual va unos centenares de años luz por detrás de la cruda realidad, contemplamos atónitos cómo cualquier bocazas, que escupe y vocifera más que habla, es capaz de erigirse en portavoz de una ciudadanía desmotivada para, mero ejemplo, poner a caldo de gallina a quien luego, por temor a la pérdida de un puñado de votos, hace oídos sordos a unas emisiones que traspasan todos los límites de la decencia y la honradez. De esto sabe bastante nuestro bien ponderado presidente Paulino, ahora independentista tapado (que yo sepa no lo ha desmentido).
Lo peor, quizás, es el evidente sesgo partidario que están adquiriendo demasiados ejemplares de esta peculiar fauna. Que por el plato de lentejas del ‘todopoderoso’ editor, son capaces de cuestionar cualquier principio ético que se precie. Pero vaya en su descargo que si alguna vez los conocieron, pudo haber sido un simple accidente antes de quedar engullidos en el primer bocado que le depositaron como exquisito manjar en el pesebre de la servidumbre.
Uno que se dedica a estos menesteres de manera altruista, que echó años en la universidad por puro placer ¿cultural?, que si de algo ha presumido en la vida es el haber dedicado muchos años a la docencia (de chicos menudos), que sigue sin tener claro si es o no periodista, se maravilla de los enfoques que se le viene dando a la liberación de los dos cooperantes catalanes. Por los que el Estado español se ha bajado los pantalones pagando cuatro, ocho o diez millones de euros (según les dé el aire). Hecho por el que realmente no sabemos si alegrarnos o entristecernos, pues da la impresión de haber botado a la basura una importante cantidad de dinero. Sí, he leído varios párrafos que te dejan patidifuso, pues llegas a la conclusión de que al periodista en cuestión lo que hubiese gustado es que se los ‘cargaran’ por entrometidos. Así de crudo. ¿O tú no sabes leer?
A decir de los ilustrados, parece ser que este país no tiene remedio. Se atreven a más, “los tuvimos a tiro”. ¿Recuerdan los cañones que pretendía instalar el Marqués de La Oliva para amedrentar a los que nos ‘visitaban’ en pateras? Pues sí, algo parecido. Cuidado, que yo no soy racista ni violento. Es una manera diferente de enfocar el quid de la cuestión.
El estilo del PP a nivel nacional es harto conocido por todo el territorio patrio. Incluso sus propios votantes manifiestan abiertamente que la táctica consiste en culpar a Zapatero de todo lo divino y lo humano. Y les está resultando, a tenor de lo que nos indican las encuestas (que serán más o menos fiables). Pues con esa que está cayendo, explíquenme ustedes a mí cómo un periodista puede escribir “aplicarle al PP lo de leña al mono hasta que se rompa la cadena” y quedarse tan pancho, porque escorado ya lo estaba. Vaya que sí.
Los periodistas también están para salvar a políticos naufragados. Y se prestan a ello. No sé si obedeciendo directrices de arriba o motu proprio. Las calles portuenses están abiertas en canal. Los comerciantes ponen a diario el grito en la Punta del Viento. Y a todas estas, Marcos sube a La Vera para inaugurar un ascensor. Creo que él no se montó. En la fotografía, cuatro miembros del equipo gobernante (CC-PP) y dos vecinos. En consecuencia, queda plasmada en la instantánea la trascendencia del hecho. Luismi luchará denodadamente por al menos uno de los dos posibles votos. Emma posa y se ríe. Sandra maquina. A Brito se le ve feliz. Ya lo dice el refrán: barriguita llena, corazón contento. Periodista y fotógrafo han visto cumplidas sus expectativas profesionales con la difusión, urbi et orbi, del magno acontecer.
Queridos fisgoneadores, me ausento otro par de días. Nos volvemos a encontrar el próximo martes. Hasta entonces, y sean felices.