martes, 31 de agosto de 2010

Viejas glorias


Me reincorporo a las tareas cotidianas cuando agosto está plenamente con la proa p´al marisco, con un calor que estimo excesivo para una anatomía algo cargada (en años), y con algunas sorpresas halladas tras un somero recorrido por diferentes medios de comunicación (¿social?). Se aproxima septiembre y el Tenerife ha comenzado la competición liguera con un esperado triunfo en su primera visita por tierras peninsulares (dos partidos más y estamos nuevamente en primera), el Madrid de la era Mouriño ha hecho lo propio ante el Mallorca, la selección de baloncesto (campeona mundial sin comenzar a jugar) barrió a Francia de la cancha, Alonso se llevó de calle la última carrera en Bélgica porque los reglajes para mojado le aportaron un beneficio extra hasta en seco, y mucho más que obvio por conocido.
En el mundillo político, nada nuevo bajo el sol del Sáhara (Occidental). Los populares solicitan comparecencias a mansalva y los socialistas airean públicamente sus vergüenzas. Leí que “ciertas conductas y declaraciones recientes que desbordan los límites de unas primarias, con descalificaciones provocadoras y ataques más o menos personales –de un lado y del otro– que sólo benefician a la derecha”. Hacían referencia a Madrid. Pero valdrían para Canarias, lugar en el que Santiago Pérez debería reconocer que se equivocó de partido (sí, el que lo ha mantenido, y bien, durante tantos años) y recalar en otro. Lo malo es que no sabría indicarle en cuál. Porque sigo sin comprender el porqué Juanfer no se lo llevó con él a Europa. Con lo dicharachero que era el de Gran Canaria, ahora apenas se le escucha. Los que por aquí seguimos, tenemos la impresión de que le dejó las pilas al lagunero, de ascendencia realejera. Y digo (escribo) esto porque mi escaso alumbrado me indica (a través del pilotito rojo) si una persona tan inteligente (eso presupongo de los profes universitarios) no se percata de que cada aparición (normalmente en San Borondón) lo único que consigue es dar aire (oxígeno) a los mismos que pretende poner en solfa. Sí, que pretende, porque al final viene a resultar que las posibles dianas (CC y PP) apenas son rozadas por unos disparos que más parecen de bumerán que de arco con flechas. Es (Santiago) un Robin Hood especial. Aquel arquetípico héroe y forajido del folclore medieval inglés se ha tornado mosca cojonera en el folclore isleño. Creo que procede, Santiago, que hagas pareja con un ex alcalde garachiquense y te dediques a rascar la caña en cuanta romería aparezca en el calendario festivo de estas peñas ultraperiféricas. Que sí, hombre, que sí. Después de López Aguilar hubo vida y no pienses que tras tu larga, y ya cansina, trayectoria vendrán tiempos peores. Feo está el decírtelo, pero toma ejemplo de mí y realízate, antes de que te comiencen las jaquecas, en otros quehaceres. Ya sé que la pensión como docente es menor que la otra, pero ahí se demuestra la valía humana y se establece la diferencia entre un verdadero socialista y un vulgar ‘sociolisto’.
Estas viejas glorias socialistas (también las hay en Los Realejos; de ahí la aclaración de la ascendencia en el párrafo anterior) siguen bailando (jeringando) la pavana hasta extremos insospechados. Creen –ilusos– que sus tiempos no pasan. Y sí, inexorables. Lo malo es que cuando uno no sabe en qué punto debe abandonar ciertos cometidos para volcarse en otros que pueden ser igual de provechosos y útiles que aquellos, malo, malo. Como nos hallamos en un momento clave para la elaboración de listas electorales, surgen movimientos sospechosos en los que prolifera el “un grupo de compañeros me animó”. Expresión, por cierto, que me cae como una patada en un ojo. ¿O es que a estas alturas de la película, y de la vida, no somos capaces de actuar por propios convencimientos y no porque me empujan?
Los vaivenes habidos en las últimas elecciones en Puerto de la Cruz y Los Realejos no se han debido, única y exclusivamente, a los méritos de los partidos que han obtenido mayor cantidad de votos. Ha influido, y mucho, los navajazos internos en los perdedores. Que arriba, para más inri, no se recatan a la hora de cantar sus excelencias y contar sus bravatas en los mentideros de turno. Hay, vaya que los hay, muchos ‘sociolistos’ que son auténticos extremos futboleros. Juegan por ambas bandas que es un primor. Que incluso abandonan el redil cuando pueden presentarse coyunturas supuestamente favorables, pero que retornan al hogar, cual hijos pródigos, para seguir echando minutos en el ‘terreno de juego’. No, esa no es la versión de “fair play” que todos aquellos que seguimos creyendo en eso tan vilipendiado de la política, estimamos conveniente para volver a ilusionar a la gente. ¿Te imaginas el retorno de las viejas glorias de la foto al terreno de juego? Ni de recogepelotas.
Puede que haya iniciado este postrer comentario de agosto en tono irónico, pero le he concluido con una seriedad y convencimiento absolutos. Y mañana el comienzo del curso.