viernes, 3 de septiembre de 2010

Exámenes (1)


Me propongo ir haciendo unos altos en el camino del comentario per se. Para sumergirnos nuevamente en la enseñanza de años idos. Muy idos. Serán incursiones por épocas de exámenes, esos momentos que tanto incordian. Más a los profes que a los alumnos, aunque estos últimos opinen todo lo contrario. Y de la lectura de estas entradas, que iremos espaciando sin una periodicidad prefijada, sacaremos conclusiones a la par que estableceremos las pertinentes comparaciones. Odiosas pero necesarias. Comencemos:
Las referencias periodísticas de los exámenes, que supusieron un notable caudal informativo, solían ser de lo más dispar. Cuando el resto de aconteceres relacionados con la instrucción era motivo de severas críticas por el pésimo funcionamiento del sistema, nos podíamos encontrar con resultados excelentes, con masivas asistencias a los ejercicios y parabienes y loas a maestros y alumnos. Pero, al tiempo, horrorosas conclusiones de estas citas, como el no presentarse un solo alumno a las pruebas.
Iniciemos el recorrido en un editorial de El Time (Santa Cruz de la Palma, 15-enero-1867, año IV, número 171, páginas 1 y 2) que comenta el resultado de los exámenes públicos, previamente convocados por la Junta local de instrucción primaria y celebrados los días 22, 23 y 24 de diciembre de 1866 en la capital palmera. Elogios, satisfacción, gozo, sana disputa en busca de un buen nombre y una reputación honorífica... En definitiva, felicitaciones a los concurrentes. Y el periodista, en su calidad de vocal del Tribunal examinador, sugiere introducir algunas mejoras:
“Los progresos y adelantos del alumno van en razón directa del estímulo y la emulación. El proceder humano, ese instinto competitivo y de superación, inclina al hombre al estudio de la naturaleza. Y los profesores que dirigen las escuelas han sabido poner en práctica ese noble aliento que Dios ha inoculado en los niños. Y la Junta local, sentinela [sic] avanzada de estos establecimientos, vigila sin descanso por su estricta observancia. Pero es preciso, además, que los padres tomen parte directa: es de una imperiosa necesidad que con sus consejos y con su autoridad paternal influyan en el ánimo de aquellos inocentes; que les inspiren ideas nobles y les aconsejen ó les obliguen, caso necesario, puntual asistencia á la clase y á los actos públicos y privados que en ella se practiquen”.
Los párrafos siguientes se dirigen a exaltar el conveniente deseo de perfeccionamiento de la mujer. Y por eso los padres no pueden, en manera alguna, alegar excusas para la no asistencia a los actos de los exámenes. Para lo que cita el lamento de la revista de primera enseñanza El Auxiliar, en su número 11, correspondiente al 15 de diciembre de 1866, ante la no comparecencia de alumna alguna a los exámenes convocados por la Sociedad Económica de Amigos del País en las escuelas de Santa Cruz de Tenerife.
Este desaire a la ilustrada Sociedad Económica sirve al periódico palmero para insistir en sus planteamientos: Felicitar la labor de la Junta local de instrucción, necesidad de dar publicidad a las convocatorias de exámenes e implicación de los padres en la labor educativa:
“La puntual asistencia de los niños á la escuela en todos sus actos, la constante emulación de sus padres, el inalterable orden y disciplina de los profesores y la incansable vigilancia de la Junta local forman el anillo que sin descanso gira alrededor de la educación primaria; si cualquiera de estos satélites, salidos de su órbita, se aleja de aquel centro común, evidentemente se desquicia y desmorona el edificio que ha de servir de cimiento á la verdadera y sólida instrucción de los pueblos”.
Los exámenes establecidos por los reglamentos del ramo, como método de comprobación del estado de la enseñanza, son valorados por El Valle de Orotava (La Orotava, 22-julio-1888, año I, número 42, página 1) de manera muy positiva. Por eso realiza un llamamiento a la Junta local de Instrucción y a los padres de familia para que hagan un esfuerzo supremo en pro de la educación de los niños. Exámenes que habrán de servir de estímulo al maestro porque comprobará reflejado en el acta el fruto de su labor y verá si existe adelanto o retroceso en la escuela que regenta. Es necesario, por tanto, que las actas contengan todos los detalles posibles, a fin de que pueda existir la pertinente confrontación de los resultados de los alumnos en los cursos sucesivos.
Ruego que se hace extensivo a las escuelas privadas como única garantía de los padres que allí envían a sus hijos. Y, por último, la asistencia de un miembro de la Redacción del periódico a tan importantes actos, lo que entraña el compromiso de informar minuciosamente de cuanto en ellos acontezca.
Y de los colegios privados había también información de los exámenes. Como en el de la Sra. Dª. Encarnación González de Zeruto, cuya ilustración y celo por la enseñanza tan alto puesto le conceden entre las más notables profesoras del país. Con asistencia del alcalde de la Capital, miembros de la Junta provincial, directores de algunos colegios y representantes de varios periódicos. Con la correspondiente inserción de los resultados obtenidos por las alumnas. O los celebrados en el colegio que dirige la Srta. Dª. Prudencia Martín (Santa Cruz de Tenerife, 22-julio-1888, número 55, página 3.
(continuaremos)