sábado, 4 de septiembre de 2010

La saga de los Pérez


Vaya tropa, compañero. Ahí tienen el ejército. Se nos ha colado Yeyo, que deberá, pienso, irse de maniobras por los cuarteles de La Isleta. Eso denominado democracia interna está bien. Porque todos borregos, pues no. Pero cuando los espectáculos quedan autorizados para todos los públicos, qué quieren que les diga. Hay una presa en Gran Canaria, la de Los Pérez, que me gusta. Casi siempre que puedo paso por allí. Cierta vez me mandé un buen bocadillo de sardinas en una venta de los alrededores. Chacho, todavía siento el gustito.
Escribí mi parecer acerca del ‘comportamiento’ de Santiago Pérez hace unos días. Cada vez me ratifico más, y coincido con algún comentarista, en que asegurar el escaño en Teobaldo Power es el único objetivo de esta peculiar campaña. Dicen los analistas que casi estuvo a punto de alcanzar la mayoría absoluta en unas elecciones locales. Eso, ‘casi’. Y que fue el candidato al Senado más votado en otras dos elecciones. ¿Y qué? Sería para viajar en primera y sentar las posaderas en el sillón de una cámara con menos valor que un “rollo de fotos” en esta era digital. Y le ha pedido a José Miguel (Pérez) que lo avale en la reunión del próximo Comité regional. Hombre, ya puestos, pídele su voto y que suba a Tejeda para acampar en Llanos de la Pez un par de meses hasta que esto escampe.
Estas son las arrancadas del PSOE desde que Franco estiró la pata. Haya buenas, regulares o malas expectativas, hay militantes a los que se les importa un pimiento cualquier estrategia con tal de quedarse agarrado. Son como pulpos. Si al menos fueran adivinos, pero ni eso. A Santiago lo han llamado hasta los que estuvieron con él en las primeras correrías (políticas). Ni caso. En mi pueblo se diría ‘cochino empinado’ (en Gran Canaria, ‘morrúo’). Y los periódicos comienzan a comparar los currículum. Es un mérito haber pertenecido a Los Sabandeños (que se presente otra vez Elfidio a lo que quiera) o haber sido jugador de baloncesto. De las hazañas docentes nada digo, porque estoy en condiciones de convertirme en cabeza visible de eso que algunos mentan como Tercera vía. Miren ustedes, si logro que Santiago pierda (una vez más) este envite y se quede tranquilito (¿me caerá esa breva?) en casa escribiendo sus bien abultadas memorias, sería capaz… sería capaz… ¿de qué sería capaz?... sería capaz de… nada. Déjalo quieto.
Los sesudos estudiosos creen estar ante dos partidos socialistas en Canarias: uno combativo (chillón) y el otro callado (mudo). Me imagino a los pobre militantes, tirita en mano, abriendo y taponando el orificio bucal en función del lugar desde el que sople el viento. Y todos estos escarceos y aspavientos (muchas veces fomentados desde los medios de comunicación, pero juego con el que se divierte más de un protagonista) no me parecerían mal si transcurrido el tiempo de la batalla y de la discordia, convergieran en una única senda con el lícito afán de desbancar al contrincante. Me temo que no, y años tengo para haberme hecho la oportuna composición de lugar tras los análisis de rigor.
Y falta el tercer Pérez, el gallo de pelea, el que pica espuelas a Cristina en el reñidero a la espera de lo que decida (y van…) el de la otra presa (Soria). Cree el díscolo que el dinero utilizado para raros menesteres (bragas, tangas y otros utensilios de dimensiones reducidas) debe devolverse a las arcas públicas. También debe estimarlo Soriano, único defensor reconocido de Angelito Llanos. Y como Fernando Fernández guarda, asimismo, una simpatía y cariño espaciales por la Tavío, llego a la conclusión de que en el PP no es todo un camino de rosas. O quizás valga, igualmente, lo de en todas partes cuecen habas (o guisamos judías aquí en Canarias). Como bien dice mi tocayo Jesús Farrais, docente y humorista, apúntate al chiste. Porque lo que ocurre en Canarias, y una hora después en la Península (¿o antes?), es digno de enmarcar. Ya solo falta que los entretenimientos recalen en los pueblos y se abran procesos de descomposición interna que faciliten el que ‘los mismos’ continúen per sécula seculórum. Una cosa son las primarias, proceso democrático a imitar, y otra bien distinta las funciones circenses a cargo de unos payasos que provocan… lástima.
Sean felices, que ya refrescó un fisco (aunque algunos sigan calientes).