miércoles, 22 de septiembre de 2010

No me cuadra

Nos toman por estúpidos. Nos creen estúpidos. Nos consideran estúpidos. Es más, somos estúpidos. El nuevo partido de los trabajadores en España, el PP, adalid en la defensa de los recortes y congelaciones, modelo de gestión en las Comunidades de Madrid y Valencia, modelo de coherencia en Santa Cruz de Tenerife, propone lo que jamás han cumplido, como dice mi amigo, al menos de aquí para atrás.
Lo de los ochocientos mil puestos de trabajo de aquel PSOE de años idos (tanto el tiempo como el propio partido socialista) es grano de arena ante las propuestas de Mariano, el jefe supremo de la tropa. Puede que no tenga los abdominales de Aznar, que son sana envidia para el economista insular, José Manuel, pero echándole barba al asunto ha espetado que se pueden volver a crear cinco millones de puestos de trabajo. Ya tuvo un adelantado (iluminado) en estas peñas, el ínclito Jorge Rodríguez, quien soltó aquello de que en 2012, mes arriba, mes abajo, todos currando.
Cinco millones en números redondos, con los seis ceros bien puestos a la derecha del cinco. No entiendo el porqué no ha presentado ya la moción de censura. Porque con el voto de los actuales parados y los que las encuestas vaticinan, los doscientos dos escaños de Felipe González en octubre de 1982 pasará a ser una mera anécdota en la Wikipedia. Rondando los trescientos. Y Soria ocupará la cartera de Economía, con lo que podrá apuntarse al mismo gimnasio al que acude Jose Mari. Y nosotros, los jubiletas, ya no tendremos que estresarnos cuando se abra la campaña viajera del Imserso, porque la cuantía de las pensiones será tan oronda que nos iremos directamente de crucero por el Báltico. Y sin la imperiosa necesidad de tener que afiliarnos a Ce Ce O O (Urdaci dixit).
A los dos días de la anterior proclama, Rajoy se fue a Baleares. Y en época de vendimia propuso una singular poda, una gran poda, una espectacular poda. ¿Dónde? En la Administración Pública. Sobran, deduzco funcionarios. Muchos. Muchísimos. Tantos como, estima un servidor, cinco millones. Con lo cual, hagan las cuentas, tendremos diez millones de parados. Por lo que la bolsa creada –¿arte de magia?– por el líder del Partido Popular solo valdrá para la mitad, pues siempre seguirán existiendo cinco millones de parados. A no ser que los funcionarios sobrantes pasen directamente a la cartera de jubilados, con lo que la caja común se irá al garete en apenas seis meses, y luego desaparecerán las clases pasivas con lo que se incrementaría hasta extremos insospechados los sin trabajo (y sin sueldo)… ¿Tú entiendes algo? Pues yo tampoco.
Para reducir el paro hay que crear puestos de trabajo. Y estos no aparecen si a las empresas no se les despeja el horizonte. Que lo seguirán teniendo negro si la economía no comienza a moverse un fisco. Y esta no se menea si la banca continúa especulando… Y el círculo sigue siendo círculo. Y damos vueltas como trompos. Y mareamos la perdiz…
Hay quienes pretenden seguir suprimiendo cargos políticos, enchufados, liberados, asesores, cargos de confianza… ¿Y dónde los metemos? Que se vayan al paro, que ya han chupado bastante, espetamos con alegría. Lo dicho: el círculo.
Yo no tengo la solución, pero no propongo boberías. Y como no me gusta siquiera la sonrisa de Marianín –el que se lo puso que se lo quite– (es feo riéndose, carajo), desconfío de los profetas. Además, detrás de cualquier poda vienen los retoños. Que requieren alimento. Con lo que el tijeretazo puede producir el efecto contrario al deseado.
En esta aldea global hay algo más allá de la Internet. El papel higiénico chino causa escozores en los traseros americanos. Y hasta que a Alemania no se le pase del todo el constipado, en el resto de Europa (sobre todo por el Sur) seguiremos tosiendo bastante convulsionados. No alcanzaré yo, no obstante, la osadía de un eminente articulista que cuantificó el giro de cierto periódico (de falangista a independentista) como de 360º. Y puede que sea ese el que estén intentando vendernos los políticos con esto de la crisis y el número de personas sin trabajo. Porque del resto de humanos es sabido que con un giro de tal calibre te quedas, ni más ni menos, en el mismo sitio, salvo que el ángulo recto ‘hierva’ ahora a los cien grados del agua, con lo que el círculo lograría una ‘ebullición’ a los cuatrocientos. La conclusión: nuestros políticos son todos unos “fórmula uno”, kilómetro más, kilómetro menos. Y yo con estos pelos.