sábado, 18 de septiembre de 2010

Pensaba


Escribir de la uniformidad funcionarial, pero el adelanto de plumas de mucho más prestigio me han hecho desistir. No obstante, ¿se acuerdan de “El niño con el pijama de rayas”? Creo que la obra de John Boyne, tras ser leída por nuestro no muy estimado Diputado del Común, y no por ello un común diputado, sirvió de base para que en el informe dado a conocer hace unos días en Teobaldo Power se hiciera constar la imperiosa necesidad de uniformar a los funcionarios. Y siquiera sea por el conveniente contrapunto, creo que nos hemos excedido en nuestras críticas. De una parte. Y de otra, los funcionarios no caímos en las ventajas que conlleva el ir vestidos todos iguales. Veamos: importantísimo ahorro en el capítulo del vestido, porque las prendas correrían a cargo de la empresa. ¿Tú no vas, por ejemplo, a los hospitales? Con dos o tres mudas tendríamos para uno o dos cursos. Salvo que nos crezca la tripa. Otra faceta que se nos pasó por alto es la altísima posibilidad de escaqueo, a saber lo contrario que pretendía el señor Alcaide. ¿Te acuerdas de la mili? En aquel enjambre caqui, ¿quién demonios te va a descubrir? Puedes ir a tomarte dieciocho cortados en el día con la única condición de que jamás vayas solo. Además, el uniforme da prestancia, solvencia, rigor. En los centros docentes, amén de la similitud del alumnado, habría un modelo para el equipo directivo (propongo el color blanco porque no creo lo ensucien ni suden demasiado), otro para los docentes de a pie (ya debe ser otro color en el que, a ser posible, destaquen las manchas de tizas, para los clásicos; o las marcas de rotuladores Veleda y los rotos por los marcadores de pizarra digital, para los innovadores), haciendo hincapié (es muy importante) en un distintivo bien visible para coordinadores, jefes de departamento, orientador… Por último, habría el uniforme del personal no docente, de tela más corriente, con amplios bolsillos y el añadido de una buena caja de herramientas. No sé, yo que ustedes me lo pensaría. Ya lo estoy imaginando. Ahora mismo me acordé de las cafeterías del HUC.
Escribir de las declaraciones de Milagros, quien vino a manifestar que el servicio público educativo no estaba garantizado si Soria metía la tijera con demasiadas ganas. Y no lo hago porque al día siguiente ya lo aclaró y se quedó tan ancha cuando afirmó todo lo contrario. Seguramente pensó que en un país de locos por qué debía ser ella la cuerda. Los componentes de este pacto gubernamental son los que alegan contradicciones en el discurso de Zapatero. Pues no creo que vayamos mejor aquí con nuestro particular dúo sacapuntas (uno, sastre; y el otro, desastre). No te entienden, Milagros. Aparte de que tienes mi total e incondicional apoyo en tu flamante plan de sustituciones (te olvidaste, por cierto, de incluir a los jubilados), suprime el transporte escolar para acabar con la obesidad infantil, no permitas cuatro cargos directivos en un equipo (con dos, va que chuta), suprime liberados sindicales, elimina los consejos escolares, cárgate los CEPs… Y en el amplísimo etcétera restante, al no haber dinero, aniquila varias direcciones generales y haz un “regalo” a varios centros en formato profesor.
Escribir de las Ampas que van por libre en sus reivindicaciones ante un inicio de curso bastante movido. Los medios de comunicación han insistido en determinados casos, madres y padres han puesto el grito en el cielo y las federaciones (hay unas cuantas en diferentes niveles) parecen no existir. La del colegio Toscal-Longuera, que fue paradigma durantes muchísimos años, ha sido enterrada en este final de verano. Unos alegan que la culpable fue la crisis, otros estiman que ha sido la comodidad. Cuando mi nieta entre en “tres años”, pienso fundar (¿o refundar?) la triple A: Asociación de Abuelos de Alumnos, y me autoproclamaré presidente. Luego crearemos una Federación, y me autoproclamaré presidente. Luego vendrá la Confederación Canaria, y… ¿Lo vas cogiendo?
Escribir del “Logos Hope”, pero cuando observé a Melchior con una planta independentista muy marinera, con bandera que ondea al viento sin que se le salte una estrella, pensé que había material suficiente, pero como es sábado no comentaré nada de nada; cerraré los ojos, me agandularé por un día y sentiré enormemente que hoy se hayan quedado sin echar una visual a “Pepillo y Juanillo”. Es la primera vez que me pasa. Mañana domingo colgaré otra interesante entrada de mi capítulo de “Exámenes”, con una excelentes crónicas periodísticas, y espero y deseo que para el lunes se haya normalizado la situación. En la próxima semana estaremos a “potajito”.