domingo, 3 de octubre de 2010

Algo más

En estos doce meses que lleva uno ‘apuntado’ a Clases Pasivas no ha dejado de patear el pueblo. Pero te paran en multitud de ocasiones para comentar aspectos relacionados con la docencia. Lo malo es cuando comienzan las comparaciones, por lo que, cada vez con mayor frecuencia, me suelo perder por vericuetos más lejanos. No se extrañen, por lo tanto, si me ven por la carretera del Botánico, por San Nicolás o por El Durazno. Es mera terapia precautoria. A Los Patos no voy por lo del nudismo. No, miedo no, quizás carencias.
Siempre he sostenido que un centro docente es algo más que un lugar en el que se recogen alumnos a las ocho de la mañana y se sueltan a las dos de la tarde. Porque más allá de los lamentos del profesorado por sentirnos enfermeros, psicólogos, confesores espirituales, asistentes sociales y un larguísimo etcétera, hay otras facetas que coadyuvan a la mejora del proceso integral educativo. Y no me queda más remedio que recordar el pasaje del Cantar del Mío Cid: “qué buen vasallo si hubiera buen señor”.
Como, afortunadamente, sigo en contacto con excelentes compañeros ‘activos’, suelo estar mínimamente informado de lo que se cuece entre las paredes de los recintos escolares. Y también allende sus lindes, por desgracia. Les comenté ha un tiempo que una ex alumna me había suministrado tremendo rasque por al abandono del periódico escolar. Y me reservo algunos comentarios que he escuchado en indeterminados lugares de este Valle de Taoro. Siempre contesto lo mismo: son maneras diferentes de enfocar las cuestiones. Sí, pero… Y pretenden seguir la charla, que normalmente corto por lo sano.
Conozco sobresalientes profesionales que siempre se exceden de lo que estrictamente podrían considerarse sus funciones. Pero, por desgracia, sabemos de dirigentes que hacen todo lo posible por aburrir al más ilusionado. Y en una época en la que las nuevas tecnologías pueden ser un revulsivo importante y fundamental no parece de recibo –usando la expresión típica y tópica de la clase política– el que en una página web de un IES de Canarias, sin ir más lejos, lo único reseñable sean asuntos que invitan al lector a pensar lo ‘trabajadores’ que son en el recinto. Volvemos a la eterna cantinela de lo fácil que es planificar con dineros públicos. Sí, los que pagamos todos pero que se evaporan porque no duelen. Y cuando no están, a quejarnos de la escasez de la asignación.
Aparte del significativo ejemplo de la huelga del pasado 29, debido a la cual no se podía garantizar el normal desarrollo de las clases (hecho que provocó la asistencia de más del 90% de profesorado y la ausencia de idéntico guarismo del alumnado), podemos hallar la planificación de eventos en lo que resta del primer trimestre, y en un total de diez días, uno se destina a la atención familiar, tres a las sesiones de evaluación, otro señala la finalización de las actividades docentes (clara insinuación a que los chicos no vengan) y CINCO son días no lectivos. No creo sea esta la manera más adecuada de invitar a los padres a que participen activamente en la tarea. Si lo verdaderamente importante es resaltar las jornadas ‘en rojo’, estaremos cayendo en idéntico error al que se cometió cuando se dictó el decreto que regula los derechos y deberes del alumnado y se perdió la magnífica oportunidad de ubicar primero las obligaciones.
Cuando hace unos días escuchaba que habían atropellado a una persona que formaba parte de un ¿piquete informativo?, cuando contemplaba las gratificantes imágenes de los desórdenes habidos en Barcelona, me acordé de esas otras escenas que cualquiera de nosotros puede ver diariamente en los alrededores de ciertos centros docentes en el transcurso de la jornada escolar. Uno se plantea muchos interrogantes, pero al tiempo hace votos para que permanezcan allí sentados y metiéndose cuantas dosis les venga en gana. Quizás el propio hecho de estar amuermados sea la tabla de salvación de quienes deben velar porque estos temas no sean una constante. Menos mal que gozamos de tremenda suerte y no pasa nada, oiga, no pasa nada.
No soy yo quien para echar culpas ni para exigir responsabilidades, pero son estos espectáculos los que me ratifican en el convencimiento de que a un equipo directivo hay que demandarle algo más que confeccionar horarios y administrar, mejor o peor, los presupuestos. Si el estar ocupando tales cargos se hace por el mero afán de figurar o para poder disponer de muchas horas libres y el resto del profesorado que ‘lidie’ con los chicos (sin remitirme los revoltosos), flaco favor estamos haciendo en pro de una noble causa. Y de ellos (equipos) hay unos cuantos. Que, para mayor desgracia, a pesar de las indudables ventajas en sus horarios flexibles, no están las más de las veces disponibles ni siquiera para los responsables de las empresas con las que tienen establecidas relaciones comerciales. Ya se sabe: están reunidos. ¿Y la ilustración? ¡Ah!, yo no dije en qué lugar. En esos sillones, indudablemente, no se encuentran. Voy a tomarme un cortado por si…
Sería interesante, además, realizar un profundo análisis sociológico de los peatones que transitan por la acera izquierda (si subes), o derecha (si bajas), de la realejera Avenida de Canarias, tramo comprendido entre la calle Taoro y Avenida de los Remedios, por si las posibles concomitancias…
Chacho, acabé los dos párrafos anteriores medio suspensivo. Interrogante que estoy. Hasta mañana.