sábado, 2 de octubre de 2010

Canturías

En la noche del pasado jueves (30 de septiembre) me di otro salto a La Perdoma. El amplísimo programa de festejos que Luis Melo y su equipo han confeccionado para este 2010 sigue su curso. Y como Álvaro Hernández Díaz tenía una espinita clavada desde 2005, año en el que se editó “Canturías. Flor nueva de cuentos y cantares viejos. Materiales para la comprensión y la expresión oral y escrita”, allí se dio cita un nutrido grupo de ávidos por saber cosas. Porque el autor creía que La Villa (también contamos con la presencia del alcalde orotavense) y el Pago de Higa se merecían que “Canturías” fuera dado a conocer más directamente, porque en aquel lejano año de su publicación sólo se presentó ante un reducido grupo en La Laguna. Y el ayuntamiento de La Orotava, a través de su concejalía de Cultura (Francisco Linares) y la Comisión de Fiestas ‘La Perdoma-2000’ (también bajo la batuta de Luis), fueron patrocinadores, junto al CCPC, de la edición, y se merecían, por lo tanto, este emotivo acto. Que es de bien nacido…
El vocablo canturías, según me chiva la vigésima segunda edición del diccionario de la RAE, tiene los siguientes significados: 1. f. Ejercicio de cantar. 2. f. Canto de música. 3. f. Canto monótono. 4. f. Mús. Modo o aire de cantarse que tienen las composiciones musicales. Esta composición tiene buena canturía. Y en el propio libro podemos leer que “en Cuba, canturía es sinónimo de cantar y de parranda” (Florencio Rodríguez Simón).
Álvaro, con su verbo ameno y florido, ‘cantó’ su libro debidamente acompañado por la Agrupación Musical Orotava. Sí, no es broma. Debe ser la primera vez que un autor desgrana una intervención oral ante un escenario repleto. Ya se ‘quejó’ el presentador, José Manuel Ramos Martín, de que no había espacio para moverse. Me explico: los componentes de la banda ocupaban ya sus asientos tras la pertinente afinación de los instrumentos y dispuestos para deleitarnos con bellas melodías. Uno, negado para un sinfín de cuestiones, se sorprende, agradablemente, al comprobar el cambio radical que han sufrido estos estandartes de la música en los pueblos. Se palpa la alta preparación musical de la juventud. Atrás quedaron las épocas de marchas cansinas y pasodobles repetitivos. Cuánto nos alegra el afortunado cambio.
Álvaro, del que todos reconocemos su profunda ‘enemistad’ con el lenguaje oral, nos habló de un diamante en bruto que requiere ulterior tratamiento, al que es menester pulir adecuadamente e ir fragmentando en nuevas publicaciones, en concienzudos tratados más sectoriales, para, de tal suerte, ir conformando un amplísimo bloque. Porque, y es creencia firme del autor, esos estudios pormenorizados no pueden ser acometidos en, y desde, el trabajo de campo, donde impera la rapidez para que ese poso de tradición oral, de sabiduría, no se pierda cuando los viejos ya no estén. Los análisis vendrán a posteriori (latinismo al canto: después de examinar el asunto de que se trata).
Un rápido repaso por coplas y décimas nos puso en antecedentes acerca de la composición del libro. En el que la emigración, y, por ende, la Perla de las Antillas, ocupa lugar preferente. Con sentidos recuerdos a Dulce María Loynaz y a la figura de Manuel García, rey de los campos de Cuba y prototipo de bandolero generoso. También supimos de décimas que no eran tales por la pérdida de un verso sin que los consultados dieran norte del extravío. Y conocimos de viva voz que el progreso, la civilización, puede ser causa de algunos inconvenientes, como lo acaecido a cierta guajirita que se fue a la ciudad por un mes, y allí su primita Inés le brindó determinados consejos, merced a los cuales le surgió un inconveniente añadido: le engordó la cintura de manera considerable.
En la contraportada del libro hallamos: Con “Canturías” la cultura tradicional recupera su vivo y elocuente protagonismo, su impronta más característica, su esencia jubilosa, su raíz: ser una voz empapada de pueblo, para cantar sus penas y alegrías, sus gozos y sus esperanzas.
Qué más podría glosar yo. Con sana envidia por ese desparpajo, por esa facilidad de comunicación, por esas tablas, por ese saber estar ante un montón de gente y no aparentar el más mínimo nervio, por esa nueva recopilación que ya había ojeado, y hojeado, en diferentes ocasiones, mis más sinceras felicitaciones. A no perder las mañas (expresión que siempre utilizo), a continuar bregando. Al menos hasta que Milagros nos deje, porque de persistir en sus apretones (en cualquiera de sus acepciones, excepto en la del apretón de manos) horarios, algo jeringado lo llevamos. Sí, yo también tiemblo; lo mismo me hace volver.
Mi enhorabuena más cordial.