jueves, 7 de octubre de 2010

Mancomunidad del Norte

Dos consideraciones previas: de una parte, magnífica aclaración de Miguel Ángel Regalado, secretario general de los socialistas realejeros (en su muro de Facebook), en el controvertido tema del saneamiento de la Calle Real de La Cruz Santa y tratado en la última sesión plenaria del ayuntamiento realejero; y de otra, hagan ustedes caso a mis propuestas de retorno a la política activa y se van a dar un estampido de campeonato. Dicho lo cual…
Se han dado a conocer las cantidades que adeudan los ayuntamientos que aún forman parte de la Mancomunidad del Norte y te quedas haciendo cruces (y no de mayo, precisamente). Hace algo así como diecisiete años, un grupo de ayuntamientos tinerfeños (El Rosario, Tacoronte, La Matanza, La Victoria, Santa Úrsula, Los Realejos, Puerto de la Cruz, La Guancha, Icod de los Vinos, El Tanque, Los Silos, Buenavista y Garachico), casi la mitad de la isla, se mancomunaron para solucionar problemas que les eran comunes y para intentar elevar su nivel socioeconómico. Alegaron sentirse marginados por parte del Cabildo Insular e hicieron otro paralelo. José Vicente González, a la sazón alcalde realejero, fue su principal impulsor y puso al frente de la gerencia al descabalgado de la alcaldía guanchera José Bernardo Grillo. Más tarde, cuando accedió al poder municipal en Los Realejos Oswaldo Amaro, y merced a no se sabe qué amaño, José Vicente no se reincorporó a sus labores docentes (algo que, sin embargo, agradecieron los posibles alumnos), sino que se trasladó desde la Avenida de Canarias (Casas Consistoriales) a La Cascabela (sede de la Mancomunidad) y pasó de presidente a gerente (hubo más de un intercambio de pareceres entre los socialistas realejeros en aquel entonces. Yo sigo pensando que fue una jugada maestra de Quico Amador, al que luego también ‘apuñalaron’ sus coleguitas del alma). Cuando pudo acogerse a la jubilación Logse, dejó el cargo a su amigo Alfonso Fernández, que ya era también ex director general de Patrimonio del Gobierno de Canarias. Como se puede comprobar, la gerencia ha servido para confortables acomodos.
Cuando toca echar el cierre, el ayuntamiento de Icod de los Vinos adeuda más de un millón de euros, pues no paga desde 1999. Puerto de la Cruz arrastra un débito de 724 mil euros, Buenavista alcanza los 433 mil y Los Realejos algo más de 382 mil. En la actualidad, que yo sepa, sólo está activa la Escuela de Música Mancomunada (Los Realejos, Icod y Santa Úrsula). Pero si sumamos las obligaciones de estos tres consistorios (olvidándonos del resto), hacemos un montante algo superior al millón y medio de euros (250 millones de pesetas). Por lo que ponemos en duda que puedan darle una viabilidad, salvo que el profesorado vaya mentalizado de que no va a cobrar. Tampoco entiendo a dónde va a parar el dinero exigido a los alumnos en la matrícula correspondiente. A lo peor es el sueldo del concejal de cultura.
He escuchado a Oswaldo y Alfonso, dos pesos pesados en el organigrama de CC en Los Realejos, quejarse de que las vinculaciones a muchos alcaldes socialistas ha podido ser un obstáculo, a que no han funcionado instalaciones como el laboratorio de aguas (que posee un gran valor), incluso han coincidido en que ha habido un error fundacional al no haber calibrado la dimensión real de la misma. Hombre, tarde se han dado cuenta. Tiempo han tenido para ponerle siquiera una inyección preventiva.
Con estos antecedentes, la disolución se antoja problemática. Me imagino que el posible lector de este comentario se estará preguntando, al igual que yo, cómo es posible que se haya dejado de pagar en 1999 y se continúen percibiendo los beneficios hasta el día de la fecha. Deja tú de pagar el agua, la luz o el teléfono y luego me cuentas.
Mientras, la estación de guaguas que nunca lo fue, puede pasar a ser sede del futuro cuartel de la guardia civil. Cuerpo al que nos opusimos tiempo atrás (repasen acuerdos plenarios), porque estimábamos que la policía nacional era más que suficiente. Los Realejos ha sido pueblo con nefasta visión de futuro. Porque al contemplar el estado actual del paraje de Rambla de Castro (en el que se ha ‘inyectado’ ni se sabe la cantidad de dinero), la situación lamentable de gran parte del patrimonio arquitectónico (en la Casona de La Gorvorana, por ejemplo, ya se está metiendo gente y paseando –que no ocurra una desgracia– por sus ruinosos tejados) y otras nimiedades de menor porte, uno se plantea si esa ‘lucha’ por adquirir terrenos y edificios para incrementar el patrimonio municipal, observando la dejadez y abandono en el que se hallan sumidos, ha valido realmente la pena. O no hubiera sido mejor crear patronatos o, incluso, dejarlos en manos de particulares que a buen seguro se hubiesen preocupado algo más.
En la mentada Rambla de Castro hubo una propuesta de instalar un parque temático, estilo Loro Parque. ¿Qué quieres que te diga? Tengo mis razonables dudas.